Una vez más, un conjunto de siglas aparentemente inocente se transforma en una teoría económica con peso real. Ya ocurrió con el célebre término ‘BRIC’ —luego ampliado a “BRICS” con la incorporación de Sudáfrica—, acuñado en 2001 por Jim O’Neill, economista de Goldman Sachs, para englobar a varias potencias emergentes. Aquella invención terminó, en 2009, cristalizándose en un bloque geopolítico que hoy reúne a diez naciones y representa aproximadamente la mitad de la población mundial.
Ahora, un nuevo acrónimo de cuatro letras ha comenzado a circular con fuerza entre inversores y analistas: ‘TACO’, que significa “Trump always chickens out”, o en español, “Trump siempre se echa para atrás”. La expresión fue acuñada hace unas semanas por Robert Armstrong, columnista del Financial Times. En su nota titulada «El sorpresivo rebote del mercado estadounidense… y el auge de la teoría comercial TACO», Armstrong señalaba la tendencia del mandatario a ceder frente a la presión del mundo financiero.
“El mercado ha comprendido que el gobierno de Estados Unidos tiene poca tolerancia al estrés bursátil y económico, y que dará marcha atrás si los aranceles generan consecuencias negativas. Esa es la teoría TACO: Trump siempre se echa para atrás”, escribía el periodista el 2 de mayo.
La teoría parecía confirmarse. El pasado 9 de abril, frente a una fuerte caída de los índices en Wall Street, la Casa Blanca resolvió suspender temporalmente los polémicos aranceles “recíprocos” que Trump pretendía imponer a escala global. Un par de semanas más tarde, también retrocedía en su pulseada con China.
La teoría llega a Trump
La idea del TACO fue ganando espacio en los círculos económicos durante mayo, al punto de incomodar al propio presidente. Consultado por el término en una conferencia en la Casa Blanca, Trump reaccionó con molestia: “¿Yo, que me echo para atrás? Nunca escuché eso”, respondió, visiblemente irritado. Calificó la pregunta como “sucia” y, acto seguido, aclaró: “Eso se llama negociar”.
Mientras tanto, en los mercados, el patrón de comportamiento del presidente ha dejado huella. La Bolsa de Nueva York ha aprendido a tomar con pinzas sus anuncios de medidas arancelarias, reaccionando con cada vez menos volatilidad. Las decisiones del mandatario son vistas por muchos como “reversibles o poco confiables”, explicó Sam Burns, analista de Mill Street Research, en declaraciones a la agencia AFP.
Pero esta vez, el juego podría haber cambiado. El propio Financial Times, en tono irónico, se preguntaba en uno de sus pódcast si Armstrong no habría alterado el rumbo de la economía global con su teoría: “Hoy, los inversores temen que Trump no se eche para atrás. ¿Será que Rob acaba de hacer colapsar la economía estadounidense?”
Robert Armstrong, creador involuntario del acrónimo, admitió su preocupación en una entrevista con la radio canadiense CBC. “Me asusta un poco que, ahora que conoce la frase y la tiene dando vueltas en la cabeza, deje de echarse atrás, lo cual es justo lo que no quiero”, confesó.
Y agregó, entre risas: “Existe un escenario horrible, muy improbable, pero horrible, en el que acabo de provocar una recesión global por haber hecho una broma estúpida”.
Una broma con impacto real
Aunque divertida, la teoría ‘TACO’ no está exenta de crítica. En una columna reciente, John Hardy —jefe de estrategia macroeconómica del banco danés Saxo— advierte que si bien Trump puede dar pasos atrás en determinadas ocasiones, su política de fondo no es ninguna broma. “Donald Trump puede efectivamente ‘echarse para atrás’ en ciertos momentos, pero sus políticas de fondo son muy reales y representan un cambio muy serio en la política económica e industrial de Estados Unidos”, concluyó.
La Nueva Comuna