El Presidente y el ministro de Economía anunciaron un entendimiento con el Fondo que aún no está concretado. Atrapados por la turbulencia en los mercados financieros y el retiro masivo de capitales del carry trade, recurren al salvavidas de un nuevo programa con el FMI. Aunque no puedan reconocerlo, esto es más una señal de debilidad que de fortaleza, y los actores principales del mercado lo entienden perfectamente.
Un anuncio sin cerrar
Javier Milei proclamó un acuerdo con el FMI que todavía no se ha firmado. Es probable, aunque no seguro, que se concrete, pero resultó llamativo el silencio del organismo luego de la triple mención presidencial sobre el tema: primero en la Asamblea Legislativa, luego en un video en TikTok y finalmente en una entrevista televisiva.
Dijo además que lo enviará al Congreso para su aprobación sin mencionar que esto es una exigencia del directorio del Fondo y que, además, está establecido en una ley aprobada durante el gobierno anterior en respuesta a esta demanda.
El desconcierto continuó con la presentación del aumento de la deuda con el FMI como algo neutral para la evaluación de la sostenibilidad de los compromisos públicos, bajo el argumento de que los dólares que ingresen serán utilizados para cancelar obligaciones con el Banco Central.
El absurdo de anunciar un acuerdo consumado con el FMI cuando las negociaciones aún están en marcha tiene un objetivo central: transmitir calma a los inversores locales e internacionales, quienes han aprovechado la enorme burbuja especulativa creada por los operadores financieros Luis Caputo y Santiago Bausili, actuales ministro de Economía y presidente del Banco Central, respectivamente.
Señal de retirada
El mensaje busca garantizarles que habrá dólares disponibles cuando decidan retirarse y, mientras tanto, los incentiva a seguir aprovechando la bicicleta financiera de un ajuste cambiario (crawling peg) del 1% mensual con una tasa de interés en pesos de entre 2,4% y 2,6% mensual, lo que representa un retorno en dólares de al menos 25% anual. Esto, claro, siempre que no haya una devaluación abrupta.
Los fondos del FMI son el último recurso para un esquema económico que muestra claros signos de agotamiento. La sobreactuación de Milei respecto a un inminente acuerdo con el organismo es reflejo de la preocupación por la continua caída de reservas del Banco Central y la fuga de capitales de los activos financieros locales.
La dupla Milei-Caputo repite la misma estrategia fallida de gobiernos neoliberales previos, que apuestan su suerte a la lógica especulativa de los capitales financieros, quedando atrapados en la necesidad de abastecer su constante demanda de dólares, acumulados en este caso a través del carry trade.
Cuando la disponibilidad de divisas se reduce, acudir desesperadamente al FMI es la peor señal posible, ya que confirma la fragilidad del programa económico.
La exigencia la impone el FMI
Una de las condiciones que impone la tecnocracia del Fondo, luego de décadas de fracasos –no solo en Argentina– y para evitar ser señalado como único responsable de los desastres financieros, es el respaldo político (tanto del oficialismo como de la oposición) al acuerdo.
La Ley 27.612 de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública (conocida como «ley Guzmán») establece en su artículo 3 que “todo programa de financiamiento u operación de crédito público realizado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como también cualquier ampliación de los montos de esos programas u operaciones, requerirá de una ley del Honorable Congreso de la Nación que lo apruebe expresamente”.
Antes de esta norma, los acuerdos con el FMI no pasaban por el debate parlamentario. El primero en hacerlo fue el firmado durante la gestión de Alberto Fernández, lo que generó una profunda crisis política en el oficialismo de aquel momento.
¿Qué sucederá en el Congreso con este nuevo programa, cuyos dólares ya tienen destino asegurado? ¿Cómo reaccionará el gobierno de Milei, golpeado por el escándalo de la memecoin $LIBRA, ante un eventual rechazo legislativo?
El antecedente de Macri
Buscar un acuerdo con el FMI en forma desesperada es la peor decisión política y económica, como lo demuestra el antecedente del gobierno de Macri. En junio de 2018, obtuvo el crédito más grande de la historia del organismo para un solo país, y el resultado fue nefasto: la corrida cambiaria se intensificó y la debilidad política del gobierno se profundizó.
Macri actuó como intermediario de los dólares del Fondo para que fondos de inversión estadounidenses y europeos, que habían inflado la burbuja financiera armada por Luis Caputo (entonces ministro de Finanzas) y Federico Sturzenegger (presidente del Banco Central), pudieran liquidar sus ganancias acumuladas en los dos años previos.
Con Milei se repetiría el mismo esquema. ¿No aprendió el FMI nada de sus errores, pese a su reciente autocrítica sobre aquel fallido programa?
El organismo revisó el Acuerdo de Facilidades Extendidas y concluyó que subestimó la apreciación cambiaria; que la exposición excesiva a la Argentina compromete su propia estabilidad financiera; que incrementar la deuda con el Fondo agrava la fragilidad externa del país sin garantizar la reducción del riesgo país ni el regreso a los mercados de deuda; y que para evaluar la capacidad de pago de Argentina se deben considerar las reservas netas –hoy negativas en unos 10.000 millones de dólares– y no las brutas.
Otro engaño de Milei y Caputo
Otro despropósito de la dupla Milei-Caputo es presentar la ampliación del crédito del FMI como si no implicara un aumento de la deuda pública. El exministro Martín Guzmán desmontó esta falacia con una explicación sencilla en su cuenta de la red X:
El FMI presta un dólar al Tesoro, lo que implica un aumento de la deuda del Tesoro en un dólar.
El Tesoro usa ese dólar para pagar una deuda con el Banco Central, por lo que su deuda total no cambia, pero sí su composición: ahora le debe más al FMI y menos al Banco Central.
¿Y qué ocurre con la deuda neta del sector público en su conjunto (Tesoro + Banco Central)? Aumenta en un dólar.
La deuda interna entre organismos estatales no afecta la deuda neta total, pero aumentar la deuda con acreedores externos sí.
Para ejemplificarlo: “Supongamos que en una familia un hermano le debe dinero a otro y que, para pagarle, toma un préstamo en el banco. ¿Cambia la deuda total de la familia? ¡Por supuesto! Aumenta en un dólar, con el banco como nuevo acreedor”, explicó Guzmán.
La última carta
Por primera vez desde que asumió, Milei reconoció que la economía puede enfrentar altibajos, es decir, que la inflación puede volver a subir y la actividad podría enfriarse. “La evolución no es rectilínea”, admitió en la apertura de sesiones del Congreso.
Este reconocimiento implica que un nuevo acuerdo con el FMI requerirá ajustes en la política cambiaria, incluyendo una posible devaluación y la implementación de bandas cambiarias con cotizaciones mínima y máxima. Esta es la alternativa que proponen los técnicos del FMI para destrabar el acuerdo y permitir intervenciones en el mercado con los dólares del Fondo.
El eje de la negociación ahora pasa por definir esos valores.
Queda claro que quienes sostienen que la política económica de Milei es coherente y marca un cambio de paradigma en la historia del país están quedando en evidencia: reservas negativas por 10.000 millones de dólares (igual que en diciembre de 2023), tipo de cambio atrasado, brecha controlada artificialmente por el Banco Central, equilibrio fiscal ficticio y un deterioro acelerado del frente externo.
Todo encaminado, finalmente, a la misma trampa de siempre: terminar asfixiado en el nudo del FMI.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com