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Ualá bajo fuerte crítica: denuncias de usuarios, respuestas insuficientes y temor a posibles estafas

Por Alfredo Barros / LANUEVACOMUNA.COM

Ualá atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su desembarco en el sistema financiero argentino. En los últimos meses, las redes sociales, foros y sitios de reseñas se llenaron de quejas de usuarios que denuncian fallas técnicas, bloqueos de cuentas, demoras prolongadas en transferencias y una atención al cliente que, según describen, “no responde”, “no da soluciones” o “habilita un laberinto del que es imposible salir”.

El escenario se vuelve aún más complejo al sumar un episodio que encendió todas las alarmas: la aparición repentina de miles de dólares en múltiples cuentas de usuarios, fondos que luego desaparecieron sin explicación oficial clara. Para muchos, fue el punto de inflexión que reintrodujo un viejo fantasma en el ecosistema fintech argentino: el temor a una estafa o a un fallo de seguridad de proporciones graves.

Denuncias reiteradas: de transferencias que no llegan a fondos retenidos

Los reclamos más frecuentes revelan un patrón:

Transferencias que quedan “pendientes” durante días o nunca se acreditan.

Saldos que desaparecen o aparecen sin registro verificable.

Bloqueos de cuentas sin motivos claros, con dinero retenido.

Dificultades para extraer fondos, aun cuando el usuario tiene saldo disponible.

Atención al cliente basada en respuestas automáticas y sin seguimiento de casos.

En plataformas como Reddit y Trustpilot, los testimonios se repiten con notable consistencia. Usuarios afirman que “no pueden usar su propia plata”, que Ualá “les cerró la cuenta sin explicación” o que “las transferencias internas entre cuentas propias no llegan nunca a destino”.

Estas denuncias crecieron especialmente luego de la caída global del servicio Amazon Web Services (AWS) en octubre de 2025, evento que afectó a varias billeteras digitales. Sin embargo, en el caso de Ualá, los problemas persistieron más allá de esa contingencia, lo que reforzó la percepción de un mal funcionamiento interno.

El episodio de los “USD 8.000 fantasma”: un punto de quiebre

En mayo de este año, numerosos usuarios reportaron la aparición en sus cuentas de un saldo de USD 8.277,60, sin haber realizado ninguna operación vinculada a dólares. Horas después, el dinero desapareció.

Si bien algunos pocos afirmaron haber operado con ese monto, la mayoría vio cómo esos dólares “fantasma” se esfumaban sin explicación oficial detallada. Ualá atribuyó el hecho a “inestabilidades momentáneas”, pero la falta de un comunicado técnico preciso dejó una sensación de incertidumbre.

Para muchos usuarios, el incidente puso en duda la integridad del sistema: si una billetera digital puede generar miles de dólares de la nada, entonces también podría modificar saldos, registrar transferencias inexistentes o bloquear fondos sin control externo.

Falta de respuesta corporativa: el factor que agrava el conflicto

Uno de los aspectos más señalados por los usuarios es la dificultad —y en algunos casos imposibilidad— de obtener asistencia.

Las críticas apuntan a:

Sistemas de tickets que no se resuelven.

Chats automáticos que responden siempre lo mismo.

Falta de atención humana en casos complejos.

Ausencia de comunicados públicos que clarifiquen fallas.

Esto alimenta la desconfianza: cuando los problemas se acumulan y la empresa no ofrece información detallada ni lineamientos transparentes, la percepción de irregularidad crece.

Advertencia para el ecosistema fintech argentino

El caso Ualá abre un debate más amplio sobre la infraestructura crítica de las billeteras digitales. La dependencia de servicios externos, fallas de comunicación entre sistemas y la falta de regulaciones claras sobre cómo deben responder las empresas ante fallas graves generan un terreno fértil para la inseguridad.

El episodio de los dólares fantasma, sumado a las retenciones de fondos y a la poca claridad en los procesos internos, vuelve a instalar en la opinión pública el miedo a un mal mayor: la posibilidad de una estafa o de una brecha de seguridad de escala masiva.

Si bien no hay pruebas concluyentes de estas hipótesis, el cúmulo de fallos, la reiteración de reclamos y la insuficiente respuesta corporativa obligan a encender luces de alerta.

Conclusión

Ualá enfrenta una oleada de críticas que no puede ignorarse. Las denuncias de usuarios, sumadas a episodios técnicos inexplicados y a la falta de comunicación clara, colocan a la fintech en una situación de desconfianza pública que amenaza con erosionar su reputación.

En un país donde las billeteras digitales se volvieron indispensables, la transparencia y la seguridad no son opcionales: son un compromiso ineludible con millones de usuarios que depositan allí sus recursos cotidianos.

En mi opinión, la empresa necesita un giro urgente hacia la transparencia: explicaciones técnicas claras, canales de atención efectivos y auditorías externas que devuelvan tranquilidad. De lo contrario, el fantasma de la estafa —aunque no esté probado— seguirá creciendo en el imaginario social.

La Nueva Comuna

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