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LA ERA MILEI

Textiles: preocupación por una oleada importadora que vacía dólares y producción local

Entre enero y octubre ingresaron 332 mil toneladas por USD 1.450 millones, el volumen más alto de los últimos diez años. China ya concentra el 70% del total y la indumentaria que llega del exterior se triplicó en un año. Mientras tanto, la industria nacional opera con un 37% de capacidad ociosa.

Las compras externas de productos textiles y de vestir se aceleraron en 2025 a un nivel sin precedentes. Solo entre enero y octubre entraron 332.696 toneladas por USD 1.450 millones, un incremento del 89% interanual en cantidades y del 61% en valores, configurando el registro más elevado en al menos una década. Un dato resume el tamaño del “boom” importador: las operaciones provenientes de China se duplicaron en un año y ya representan el 70% del total del sector.

La liberalización total y la desregulación del comercio impulsadas por el Gobierno libertario provocaron un sacudón que modificó por completo la dinámica del mercado interno. El rubro textil e indumentario —entre los más vulnerables dentro de la industria— perdió participación de manera abrupta: pasó de abastecer más del 50% del consumo local a cubrir apenas un tercio. En paralelo, las importaciones avanzaron con precios cada vez más bajos y crecientes sospechas de subfacturación. En indumentaria, el ingreso de productos extranjeros directamente se triplicó, con picos del 192% en el caso de China.

Un “boom” importador que remueve estructuras

En un contexto de destrucción del tejido productivo y escasez de divisas, la apertura sin filtros de importaciones impacta de lleno en ramas clave de la matriz industrial, que podrían quedar aún más dependientes del exterior en insumos, maquinarias y bienes finales. La industria textil y de la confección aparece entre las más golpeadas.

Los datos oficiales y privados muestran un salto extraordinario de las compras externas en lo que va de 2025, con una fuerte pérdida de presencia de la producción nacional: del 50% del mercado doméstico a un tercio. Para las firmas locales, la entrada irrestricta de productos importados compromete su continuidad en el mediano plazo.

Entre enero y octubre, las importaciones sumaron 332.696 toneladas por USD 1.450 millones: un aumento del 89% en volumen —máximo en una década— y del 61% en divisas, tras dos años de retrocesos.

En octubre, las cantidades treparon a 39.977 toneladas, el mayor nivel mensual de al menos cuatro años, y en dólares alcanzaron USD 174 millones, también récord para 2025.

El desglose por categorías reveló incrementos generalizados tanto en cantidades como en montos: “en todos los casos las cantidades aumentaron más que los montos importados, lo que significa que se está importando a menores precios que los del año pasado”, indicó la Fundación Pro Tejer. Para referentes del sector, este escenario alimenta sospechas de subfacturación, favorecida por la eliminación de controles aduaneros dispuesta por el gobierno de Javier Milei.

La desregulación incluyó la derogación de los valores criterio de importación —precios mínimos de referencia para detectar subfacturación—, la flexibilización de controles como el fin del canal rojo, la quita de requisitos de etiquetado y la eliminación de la Declaración Jurada de Composición del Producto. A esto se sumó una baja de aranceles para productos textiles, lo que incentivó la entrada de bienes finales e intermedios en detrimento de toda la cadena productiva.

Por eslabón, las materias primas importadas crecieron 51% en toneladas (23.145) y 34% en dólares (USD 52 millones). Los hilados también mostraron subas de dos dígitos (48.694 toneladas; +58% y USD 116 millones; +34%). Lo mismo ocurrió con tejidos planos (49.446 toneladas; +58% por USD 180 millones; +19%) y artículos textiles técnicos (49.747 toneladas; +40% por USD 197 millones; +17%).

Resalta el caso de los tejidos de punto, que registraron un salto histórico: +140% en cantidades (94.753 toneladas, récord absoluto) y +74% en valores (USD 202 millones). La indumentaria marcó otro récord, con un aumento del 166% frente a 2024 (32.324 toneladas) y un alza del 102% en dólares (USD 577 millones). En confecciones, la suba fue del 217% en toneladas (34.586, máximo histórico) y del 132% en divisas (USD 127 millones).

Un capítulo clave es China: sus envíos crecieron 109% entre 2024 y 2025 (de 110.901 a 232.031 toneladas) y 37,9% frente a 2022. Como resultado, su participación saltó al 70%, el mayor nivel en al menos cuatro años, tras marcar 54% en 2022, 61% en 2023 y 63% en 2024.

Por categorías, el mayor crecimiento se observó en Confecciones (+201%), seguido por indumentaria (+192%), que triplicó sus cantidades frente a 2024. En la mayoría de los segmentos, China ya supera el 50% del total importado y llega al 94% en tejidos de punto.

Según Fundar, las prendas importadas representan hoy alrededor del 15% del mercado argentino, el doble que en 2022. Pro Tejer estima que, sumando telas, hilados e indumentaria, las importaciones ya superan el 50% del consumo interno.

A esto se suma el récord de compras de ropa en el exterior vía turismo, que en julio ascendió a USD 2.196 millones, un alza del 111% interanual, por encima incluso de 2017.

Una crisis que atraviesa toda la cadena

La situación del sector textil e indumentario se deterioró mes a mes, con cierre de plantas, caída del empleo y pérdida de eslabones dentro de la cadena de valor. En septiembre, la actividad textil cayó 20% interanual y 27,8% frente a dos años atrás. En los primeros nueve meses del año la producción retrocedió 1,1% respecto de 2024, pero la baja llega al 18,9% si se compara con septiembre de 2023. La confección de prendas, cuero y calzado retrocedió 14,2% interanual (-11,4% frente a septiembre 2023). En el acumulado, la merma fue del 0,3% (-10,5% vs. 2023).

El uso de la capacidad instalada se ubicó en apenas 37,1%, 14 puntos menos que en 2024 y 22 por debajo de 2023. “Es la caída más fuerte entre todos los sectores industriales relevados”, advirtió Pro Tejer. Las ventas crecieron en supermercados y shoppings, pero con márgenes negativos y fuerte predominio de productos importados.

El empleo cayó 12%, uno de los peores registros junto con construcción, con casi 14.000 puestos menos. La inversión también se retrajo: tras cuatro años de modernización histórica (USD 782 millones en bienes de capital), en 2025 bajó 39% respecto de 2023. Proyectado a fin de año, el sector solo invertiría USD 137 millones, un piso histórico.

Industria nacional en retroceso acelerado

La dinámica económica actual abre paso a un escenario de desindustrialización más profunda, con pérdida de peso del sector manufacturero en el conjunto de la economía. La industria explica el 19% del PBI —por encima del agro y la minería—, emplea a 2,6 millones de personas, genera más de la mitad de las exportaciones, concentra el 54% de la I+D y posee una productividad 63% mayor que el promedio.

Sin políticas industriales claras en el acuerdo con el FMI ni en los entendimientos con la administración Trump, el panorama se agrava: el 40% de las PyME industriales se declara amenazado por la competencia importada, y más del 10% podría cerrar antes de que termine el año.

Tras un 2024 marcado por un desplome industrial del 9,4% —el peor desempeño global—, la manufactura continuó en retroceso. En septiembre cayó 4,4% interanual y quedó 11% por debajo de 2023. Aunque en los primeros nueve meses hubo una mejora de 3,8% respecto de 2024, la actividad sigue 9,5% debajo de 2023 y opera al 61,1% de su capacidad.

Según la UIA, para fin de año predominan expectativas negativas: 40,3% de las empresas redujo producción, 47,4% registró caídas en ventas internas y 25,1% reportó bajas en exportaciones. En empleo, 21% recortó personal, 23,5% ajustó turnos y 7,7% aplicó suspensiones. La principal preocupación es la caída de la demanda interna (41%), seguida del aumento de costos (19,3%).

La combinación de mercado interno deprimido, menor competitividad y una demanda récord de divisas para bienes finales consolida un proceso de desindustrialización rápida. De persistir la tendencia, Argentina podría afrontar un déficit externo creciente, mayor vulnerabilidad cambiaria y la erosión de sectores estratégicos en empleo y valor agregado.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

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