La devoción de Javier Milei por Donald Trump no se traduce en una réplica del estilo negociador del magnate, sino en una obediencia que roza la genuflexión. Ese seguidismo ya impacta en el plano diplomático: Argentina acompañó a Estados Unidos e Israel en contra de una resolución de la ONU destinada a prevenir la tortura. El posicionamiento es contradictorio si se recuerda que Washington hizo de la tortura una práctica sistemática en sus bases durante sus invasiones, expuestas tras las filtraciones de Chelsea Manning; e Israel carga con una orden de arresto internacional contra Benjamin Netanyahu por crímenes de guerra y genocidio en Gaza. Esta semana Milei recibió en la Casa Rosada al canciller israelí Gideon Sa’ar: si recibiera a Netanyahu, debería detenerlo por obligación jurídica como país firmante del Estatuto de Roma.
En ese clima, el editor de Clarín Ricardo Kirschbaum publicó un episodio ilustrativo: un embajador relató que, al pedir apoyo argentino para un candidato de su país en un organismo internacional, el entonces canciller Gerardo Werthein le respondió que la Argentina votaría según la posición del Departamento de Estado. Ni siquiera intentó justificarlo. El diplomático, sorprendido, comparó esa actitud con el funcionamiento de los antiguos virreinatos coloniales. El Grupo Clarín, que maneja sus disputas con precisión quirúrgica, no incluyó ese párrafo de manera inocente: Werthein fue competidor en la puja por Telefónica y el mensaje no deja lugar a dudas.
La dependencia política con Washington es útil en el cortísimo plazo, pero extremadamente volátil en cualquier horizonte un poco más amplio. Esta semana Trump reprendió públicamente a Scott Bessent —figura clave del plan económico que Milei acata— por no lograr que la Reserva Federal baje las tasas de interés. La economía argentina queda así condicionada por decisiones externas, sujetas al humor y las conveniencias del expresidente estadounidense.
El seguidismo tampoco replica el comportamiento de Trump frente a Brasil y China, los principales socios comerciales de Argentina. Trump presionó a Pekín con una guerra arancelaria que terminó moderando en una negociación directa con Xi Jinping, y amenazó a Lula da Silva para defender intereses vinculados a infraestructura estratégica. Pero esas pulseadas tenían un objetivo: obtener concesiones para Estados Unidos. Milei, en cambio, comparte anuncios de acuerdos delineados por Trump que solo comprometen a la Argentina. No obtiene nada a cambio.
Los números y la realidad económica
El gobierno celebró un crecimiento del 5,2% en el EMAE de septiembre, aunque debió explicar cambios metodológicos justo a tiempo para mejorar registros previos. Aun así, el detalle muestra que el repunte se sostiene en impuestos netos de subsidios y en la intermediación financiera. Según Haroldo Montagu, esos dos ítems explican el 65% del crecimiento. Mientras tanto, la industria cae: retroceso del 1% en septiembre, del 5,1% en agosto y del 1,8% en julio, según el Indec.
Amilcar Collante difundió un gráfico donde los asalariados privados registrados caen mientras el EMAE sube: una ruptura evidente entre actividad y empleo. El CEPA calcula casi 280.000 trabajadores formales menos desde la llegada de Milei; el CEU de la UIA registra 183.455 empleos privados perdidos y 2.116 empresas industriales menos desde diciembre de 2023. El CEPA estima más de 19.000 cierres empresariales. Fundar muestra que la destrucción de firmas en los primeros 20 meses del gobierno libertario es equivalente al período inicial del gobierno de Alberto Fernández, pero sin pandemia, sin guerra y sin sequía.
El ejemplo más reciente es Whirlpool, que cerró su planta de lavarropas en Pilar y despidió a 220 trabajadores. La compañía había sido citada por Paolo Rocca en la UIA para mostrar el salto de las importaciones: en 2024 ingresaron 106.583 lavarropas; entre enero y agosto de 2025, 689.916, un incremento del 547%. Mientras la industria retrocede, la importación se dispara.
La comparación con Estados Unidos es inevitable: en 2020, Trump visitó una planta de Whirlpool en Ohio y justificó aranceles del 50% a los lavarropas extranjeros para proteger empleos estadounidenses. Milei, en cambio, promueve un modelo que desplaza producción local a favor de importaciones baratas. La consecuencia es sencilla: productos fabricados en plantas que Trump protege y que cierran en territorio argentino.
El derrumbe del salario
Mientras tanto, el Salario Mínimo Vital y Móvil permanece en $322.000. La UIA propuso aumentar apenas $4.000 hasta fin de año y $27.000 para abril de 2026. CIFRA determinó que el salario mínimo tiene hoy el peor poder adquisitivo en tres décadas: cubre el 59,8% de la Canasta de Indigencia y el 26,8% de la Canasta de Pobreza. En 2015, a fin del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cubría el 143% y el 60,7% respectivamente.
Ese deterioro se acompaña de una jubilación mínima fijada en $340.879. El modelo del dólar barato —igual que en los años 90— genera más pobreza, más indigencia, menos empleo industrial y una estructura económica cada vez más primaria.
Plata o plomo en versión siglo XXI
La frase atribuida a Pablo Escobar cobra otro sentido cuando el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, asegura: “Estamos recuperando América Latina a través de nuestro liderazgo económico allí. No habrá balas”. El mensaje es claro: condicionamiento sin necesidad de violencia armada. Pero Trump, fiel a su estilo, no descarta intervenciones militares ni amenazas a países como Venezuela, Colombia o México, mientras interviene en procesos electorales regionales.
En ese tablero encaja el nombramiento de Carlos Presti al frente del Ministerio de Defensa. Hijo de un represor de la dictadura —aunque sin responsabilidad personal en aquellos crímenes—, Presti ha construido una carrera marcada por su cercanía a Estados Unidos. Fue agregado militar en Guatemala con extensión a El Salvador, Honduras y Nicaragua, un bloque clave para Washington. Ahora conducirá la cartera de Defensa sin pasar a retiro, una señal inusual en un país democrático.
Presti ya adelantó ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos en 2026 y 2027. A esto se suma el Ejercicio Tridente, realizado sin autorización del Congreso pese a que la Constitución exige aval parlamentario para permitir tropas extranjeras en territorio nacional.
El alineamiento militar refuerza la imagen de un gobierno dispuesto a aceptar las condiciones que impone Washington. Plata o plomo, pero sin margen para un camino propio.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com