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LA ERA MILEI

Radiografía de la crisis: más crédito, más mora y una sociedad que se descapitaliza para sobrevivir

El endeudamiento se volvió el espejo más fiel de la crisis de ingresos en Argentina. En un contexto donde se trabaja más pero el salario rinde menos, casi la mitad de los hogares ya no cubre el consumo básico con sus ingresos y tiene que recurrir al crédito o a la venta de pertenencias. El resultado es un entramado económico marcado por el deterioro permanente: un tercio de la población debe, en promedio, $3,7 millones a bancos y financieras, una cifra incompatible con los niveles actuales del salario formal —la mitad de los trabajadores registrados cobra menos de $1,3 millones, apenas por encima de la canasta básica—.

La fragilidad se profundiza entre los sectores medios y altos, históricamente más estables en materia financiera, que ahora también presentan signos crecientes de mora. A la vez, se mantienen brechas estructurales: los jóvenes acceden menos al crédito y se atrasan más, mientras que a las mujeres se les otorgan montos considerablemente menores. En paralelo, el sistema financiero presiona al Gobierno para que relaje el apretón monetario y habilite más liquidez antes de que el freno económico sea mayor.

Crédito en alza y morosidad extendida

El sistema financiero continúa ganando terreno sobre la economía cotidiana. Según el Banco Central, el crédito al sector privado creció en términos reales: 0,7% mensual y 56% interanual en agosto. El mayor impulso provino de los préstamos con garantía real, con unos 4.200 nuevos deudores hipotecarios incorporados en el período y un total de 38.000 en los últimos doce meses. En tanto, el financiamiento al sector privado en moneda extranjera avanzó 10,2% mensual y 160% interanual.

Sumando ambas monedas, el crédito al sector privado aumentó 1,8% real, con un avance de 1,2% en los préstamos a las familias y de 0,5% a las empresas, en este último caso impulsado por la producción primaria. Los préstamos a compañías representan el 23,9% del activo financiero, mientras que los otorgados a hogares llegan al 19,8%.

Detrás de estos números aparece el dato estructural: los créditos no se toman para inversiones o bienes durables, sino para pagar comida, medicamentos y alquiler. Las familias complementan ingresos deteriorados con deuda creciente y la tendencia se aceleró desde 2024, después de un estancamiento entre 2020 y 2023.

Los préstamos bancarios y financieros aumentaron 10,8 puntos entre el segundo semestre de 2003 y el primero de 2025, especialmente entre los estratos medios y altos.

Una población altamente endeudada

El INDEC estima que más de 15 millones de personas mantienen deudas con bancos o financieras, un número equivalente a más del 30% de la población. Y la deuda promedio —$3,7 millones— exige alrededor de tres salarios privados registrados para ser cancelada sin volver a endeudarse.

La realidad del mercado laboral agrava el cuadro: el 22,6% de los trabajadores gana menos que el salario mínimo, un porcentaje que asciende al 30,6% entre las mujeres. La mitad de los asalariados registrados percibe menos de $1.500.000, cuando la canasta básica ya roza los $1.200.000.

Mora récord y señales de estrés en todos los estratos

La irregularidad en los pagos crece. El BCRA reportó un ratio de mora del 3,7% en agosto (+0,5 puntos), con 6,6% de incumplimiento en préstamos a familias y 1,4% en financiamiento a empresas.

El dato más alarmante: en septiembre se rechazaron 92.535 cheques por falta de fondos, el registro más alto en cinco años y parte de un ciclo ascendente que comenzó hace más de 12 meses.

La novedad del período proviene del sistema financiero no bancario: la mora ya no es un fenómeno concentrado en los sectores vulnerables. Según la firma SIISA, crece con mayor intensidad entre quienes tienen ingresos más altos y recibieron montos de préstamo mayores. Es una ruptura histórica: el estrés financiero alcanzó a segmentos que funcionaban como ancla de estabilidad.

Acceso desigual al crédito: jóvenes y mujeres en desventaja

El informe de SIISA también revela desigualdades persistentes:

Por edad

Jóvenes: 7% de los créditos y 3% de los montos.

Adultos menores de 60 años: 71% de los créditos y 79% de los montos.

Adultos mayores: 23% de los créditos y 18% de los montos.

La mora juvenil es más alta y se concentra en créditos de montos mayores.

Por género

Las mujeres reciben el 52% de los créditos, pero solo el 41% de los montos.

El monto promedio otorgado a mujeres es apenas el 64% del monto promedio otorgado a hombres.

Las desigualdades del mercado laboral —ingresos menores, informalidad, menor propiedad de bienes y mayor carga de cuidados no remunerados— se reproducen dentro del sistema financiero.

Estrategias de subsistencia: vender, endeudarse, fiar

Frente a la caída del poder adquisitivo, los hogares recurren a múltiples mecanismos para sostener el consumo básico. Según INDEC:

37,4% utilizó ahorros (19,9% en 2003).

16,1% pidió préstamos a familiares o amigos.

14,2% tomó créditos con financieras.

50,9% compró en cuotas o al fiado con tarjetas o libretas.

9,3% vendió pertenencias.

14% recibió bienes de terceros, del Estado o de organizaciones sociales.

La venta de bienes tuvo un comportamiento oscilante: del 9,8% en 2003 cayó al 4% en 2011, subió hasta el 11% en la pandemia y volvió a aumentar desde 2023.

Una economía sostenida por deuda y descapitalización familiar

La radiografía es contundente: crece el crédito y crece la mora, ahora también en sectores de ingresos altos. A esto se suma la pérdida de patrimonio de los hogares —uso de ahorros y venta de pertenencias— para cubrir gastos corrientes. El cuadro sintetiza el deterioro estructural de los ingresos y la expansión de un modelo financiero que avanza sobre la vida cotidiana en un escenario de emergencia económica sostenida.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

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