
AUTORIDAD MORAL Y VALORES: ¡JA … JA … JA!
Me aproximé al tema de las declaraciones de Ricardo Darín y la respuesta de la presidente y algunos que otros escuderos. Llegué a la encrucijada de valorar la autoridad moral en las expresiones y concluí en que algunas resultan patéticamente lamentables. Desde un actor veterano él, con problemas y acusaciones como golpeador de su ex mujer y serias dificultades de relación con un hijo reconocido pero no soportado. Desde un histórico jugador de futbol, con sus problemas de adicción a cuestas en su momento; que por cierto no resultan un estigma; y con dificultades relacionales con sus hijos extramatrimoniales. Este jugador, fue a la sazón embajador deportivo con Menem, «sol sin drogas» con Duhalde y hoy aparentemente apasionado K … y habla de hacer «guisos». O tal vez el guiso resulte mental o cerebral.
Otros compañeros de Darín, artistas como él, que en su momento hablaron de luchas libertarias hoy se callan la boca, cobardemente, ante la embestida presidencial. La pusilanimidad no reconoce credo, color o ideas.
¡Autoridad moral!. Respaldar los dichos con hechos y actitudes ejercidas desde la dignidad. ¿De qué se tratará esto?.
Y llegamos al «nosotros y el dilema de los valores». Hablo de los argentinos, debemos incluirnos todos. Es bueno aclararlo, en virtud de los mentecatos que, para tapar la propia basura, se excusan en los residuos foráneos. Nosotros; cada uno desde su propio rol; somos potenciadores de virtudes o productores de indignidades. Mayor es la responsabilidad cuanto mayor sea el rol a desempeñar.
¿Cómo internalizar los valores si los ejemplos no abundan?. ¿Cómo mirar hacia lo alto cuando se apunta permanentemente hacia abajo?. ¿Cómo completar la escala si las cabezas de compañía suelen pulverizar las virtudes?. Honestidad, ejemplaridad, altruismo, constancia, humildad, desprendimiento, veracidad, respeto, vergüenza, límites en el actuar. Todo esto y más aún hacen carne y espíritu a la llamada «autoridad moral». La encrucijada es saber si; en la urgencia, superficialidad y vil conveniencia; tiene cabida la misma moralidad. Tal vez podríamos así, intentar derrotar a una nueva religión que cada vez cautiva más adeptos y que es la VIOLENCIA y la INTEMPERANCIA.
En los agravios, en la corrupción, en la falta de códigos y la sobreabundancia de hábitos corporativos y cuasimafiosos. La violencia que atenta contra la vida; material o espiritual; se respira a cada instante y en cualquier lugar. Los sacerdotes y sacerdotisas de esta doctrina pululan en abundancia captando discípulos a diestra y siniestra. Sus objetivos son quebrantar el concepto de autoridad, minusvalorar la idea de límites y rigurosidad, enaltecer la imagen de impunidad y embarrar la palabra libertad confundiéndola con el libertinaje. Orden y disciplina de vida es para estos fantocheros, sinónimo del cercenamiento de la esencia y existencia humanas. ¡Cuando en realidad debiera ser todo lo contrario!. Pero, recordemos que la educación comienza en casa, en cada familia y en tener la sanitud de mente y espíritu para acometer contra los mercenarios de ilusiones y denostadores de una verdadera ética vivencial y existencial.
Como dijo Lord Byron: «Cuidado; pues la ignorancia del mal, no nos preserva del mal». Caso contrario que Ho Chi Minh nos proteja.
GUILLERMO STURLA