La crisis detonada por el narcoescándalo que le costó la renuncia a José Luis Espert sigue contaminando a La Libertad Avanza. Ahora el foco se posa sobre Lorena Villaverde, la senadora electa por Río Negro cuya postulación quedó frenada por las múltiples causas, antecedentes y vínculos que la rodean. Ante el riesgo de quedarse sin fueros en medio de una tormenta judicial y política, Villaverde decidió dar marcha atrás: retiró su renuncia a la banca en Diputados, que ocupa hasta 2027, y eligió mantenerse allí resguardada. Su llegada al Senado, entretanto, quedó prácticamente clausurada.
El caso expone un patrón dentro del oficialismo libertario: la supuesta “pureza anticasta” se deshace apenas se rasca la superficie. El prontuario de Villaverde —sus causas en Estados Unidos, su prisión, el juicio y las conexiones con el narco Fred Machado, detenido en Texas, y con Claudio Cicarelli, señalado como testaferro— se convirtió en un pasivo que ni la propia conducción del gobierno está dispuesta a sostener.
El quiebre interno
La decisión de no renunciar a Diputados marca un punto de inflexión: los hermanos Milei le soltaron la mano. Karina Milei ya pedía su caída incluso antes de las elecciones; Javier la sostuvo durante un tiempo, pero finalmente cedió. El Gobierno no quiere perder un voto en el Senado en el marco de las próximas pujas por la reforma laboral y el Presupuesto. El resultado es evidente: Villaverde debería renunciar a la Cámara alta para habilitar el ingreso de Enzo Fullone, segundo en la lista.
El retroceso expone de modo descarnado la disputa interna en el oficialismo. Lo que se presentaba como un avance territorial en la Patagonia deriva hoy en una encerrona política que golpea directamente a la jefatura de Karina Milei y desnuda las tensiones con su hermano.
La trayectoria que se volvió un boomerang
El ascenso de Villaverde dentro del armado libertario parecía parte de la expansión territorial de LLA. Pero la acumulación de denuncias —judiciales, administrativas y políticas— terminó por sepultar cualquier expectativa de consolidación. Su biografía, en apariencia pulida para la campaña, escondía un expediente norteamericano devastador: documentos oficiales de la Justicia Federal de Estados Unidos la registran detenida en 2002 en Sarasota por distribución de cocaína, hallada culpable por un jurado, liberada tras lograr la anulación de la sentencia, escapada de la supervisión judicial y buscada mediante una orden de arresto emitida en 2003. En 2017, catorce años después, la fiscalía estadounidense retiró los cargos por prescripción, no por falta de pruebas. Ese dato, políticamente letal, nunca integró su narrativa pública.
El curro de los pasajes
A esta carga explosiva se sumó un segundo frente: la utilización de pasajes oficiales del Congreso para viajes de Claudio “Lechuga” Cicarelli. La trazabilidad de los tickets emitidos desde OPTAR permitió mostrar más de una docena de vuelos asignados al despacho de Villaverde, muchos sin justificación parlamentaria y algunos declarados como “misiones” sin respaldo documental. La senadora neuquina Silvia Sapag expuso esta trama en Asuntos Constitucionales, dejando en claro que no se trataba de meros errores administrativos sino de un uso sistemático de recursos públicos para beneficiar al entorno de la diputada.
La evidencia administrativa, sumada al prontuario judicial, precipitó el bloqueo al pliego y la decisión de evitar su jura del 28 de noviembre.
La tormenta perfecta
La escena política terminó de quebrarse cuando, en la sesión preparatoria del Senado, el oficialismo retiró del temario el diploma de Villaverde. Fue una señal inequívoca: no tenían los votos, ni propios ni aliados. Lo que debía ser un trámite se convirtió en un mensaje interno contra quienes aún insistían en sostenerla.
Página/12 había anticipado que Villaverde no pensaba renunciar a Diputados. Y así fue. Quedó atrapada en una zona gris: no asumirá en el Senado, pero tampoco libera la banca que ya ocupa. Su estrategia es simple: resistir para mantener los fueros.
La estrategia de blindaje
Villaverde no pretende ceder en ninguna Cámara. Busca abroquelarse para evitar un proceso judicial local que podría activarse a partir de las múltiples denuncias: uso indebido de pasajes, financiamiento irregular de campaña, vínculos con la trama Machado-Cicarelli, estafas y embargos en Río Negro, y un crédito ilícito del Banco Nación por 225 millones de pesos para construir una supuesta casa en Neuquén.
Este blindaje profundiza la fractura dentro de La Libertad Avanza. Algunos referentes del oficialismo exigen soltarla completamente; otros temen que hacerlo implique conceder una victoria política a la oposición.
Mientras tanto, Villaverde eligió el silencio público. No responde consultas, evita entrevistas y se refugia en su círculo íntimo. La escena quedó ocupada por documentos judiciales, registros administrativos y maniobras legislativas que la dejan cada vez más aislada.
Un caso que no termina
El escándalo Villaverde instala un debate de fondo: la responsabilidad política en la confección de listas, la transparencia en el uso de recursos del Congreso y la necesidad de controles reales sobre quienes ingresan a la función pública. LLA enfrenta su crisis interna más fuerte desde que llegó al poder. La oposición logró un consenso inédito para bloquear una designación. Y el oficialismo asiste a un conflicto que combina pasado judicial, disputas de poder y un futuro incierto.
Si insisten en forzar la jura, la tensión en el Senado podría escalar aún más. Y la crisis, lejos de cerrarse, seguirá ampliándose.
Con información de Página 12
Publicado en lanuevacomuna.com