crossorigin="anonymous">

EN NECOCHEA

La historia oculta del jerarca nazi que entró por Necochea y terminó como concejal en Córdoba

Así como Necochea, la provincia de Córdoba también fue refugio de criminales nazis tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Ludolf von Alvensleben, responsable de unas 5000 muertes, vivió sin ser molestado y llegó incluso a ocupar un cargo como edil en Calamuchita.

Después del conflicto bélico, numerosos altos mandos del régimen nazi fueron juzgados por tribunales internacionales y recibieron condenas ejemplares, incluyendo penas de muerte. Sin embargo, una gran cantidad de ellos logró fugarse y establecerse en distintos países del mundo. Argentina, en particular, fue uno de los destinos más frecuentes.

El reciente avance en investigaciones históricas volvió a colocar el tema en el centro del debate. El hallazgo de submarinos alemanes hundidos y la desclasificación de archivos oficiales reafirman el rol de Necochea como una de las puertas de entrada y salida de estos prófugos, algo que durante años se manejó como sospecha y hoy parece cada vez más comprobado.

Si bien localidades como Bariloche o la propia Necochea suelen concentrar la atención en este tema, hubo otros puntos del país que también alojaron a estos fugitivos. Un caso llamativo se dio en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba, donde uno de estos criminales logró insertarse con sorprendente facilidad en la vida social local e incluso fue electo concejal.

Se trata de Ludolf von Alvensleben, integrante de las temidas SS y estrecho colaborador de Heinrich Himmler, uno de los principales líderes del régimen nazi. Proveniente de una familia noble alemana, abrazó sin reservas la ideología nacionalsocialista y llegó al grado de teniente general de la policía y las Waffen SS, el brazo armado del partido.

En 1939, Von Alvensleben comandó en Bydgoszcz al Volksdeutscher Selbstschutz, una organización paramilitar que llevó a cabo masacres contra la población civil en territorio polaco. A partir de 1938, fue responsable de distintos campos de concentración, donde tenía autoridad absoluta. En esos lugares, millones de personas —judíos, gitanos, disidentes políticos y comunistas— fueron encerradas en condiciones inhumanas, sometidas a trabajos forzados y muchas veces asesinadas, aunque muchas otras murieron antes por el trato brutal y la falta total de recursos.

Como cabeza de varios de esos centros, se lo responsabiliza por la muerte directa de unas 5000 personas. Además, se estima que las fuerzas policiales que estuvieron bajo su mando fueron responsables de unas 4000 ejecuciones más en suelo polaco, tan solo en 1939.

Tras la caída del Tercer Reich, Von Alvensleben huyó de Europa a través de Italia y se instaló en Argentina bajo la falsa identidad de Theodor Kremhart, aproximadamente en 1949. Su esposa Melitta llegó al año siguiente junto a los tres hijos menores. Llamativamente, en 1952 obtuvo la ciudadanía argentina utilizando su nombre real, sin necesidad de ocultarlo.

Se estableció en la provincia de Córdoba, donde adquirió tierras y se dedicó a actividades rurales como la ganadería, la pesca y la caza. Además, mostró un interés particular en la búsqueda de uranio, comprando y vendiendo campos con fines de exploración minera. Es posible que la construcción de una bomba nuclear haya sido uno de sus objetivos.

A pesar de su historial criminal y su personalidad reservada, logró ganarse la simpatía de los vecinos de Calamuchita. Su trato cordial, su educación, su nivel cultural y su manejo fluido del español lo hicieron popular. Su participación en el club de fútbol local, donde jugaba como arquero, también sumó a su buena imagen. Fue elegido presidente del club Unión de la ciudad y más tarde concejal por la UCR. Incluso ocupó el cargo de inspector de caza y pesca en Embalse de Río Tercero.

Aunque era conocido por su verdadero nombre y tenía múltiples pedidos de captura internacional, su historia pasó inadvertida para muchos cordobeses, o bien fue ignorada. Las autoridades lo buscaban por delitos aberrantes, y el cerco legal comenzaba a cerrarse, pero falleció de cáncer en 1970, siendo enterrado en el cementerio de Santa Rosa de Calamuchita.

El caso volvió a la escena pública cuando uno de sus nietos decidió romper el silencio familiar y realizó el documental “De regreso a la patria con Bubi”, presentado en diversos festivales internacionales. Es probable que, a medida que avancen las investigaciones actuales, salgan a la luz más historias como esta: la de criminales de guerra con un pasado atroz que pudieron rehacer sus vidas en Argentina, bajo el amparo de la indiferencia social y la protección de ciertos sectores del poder.

Con información de Diario Necochea

Publicado en lanuevacomuna.com

Deja un comentario


Soporte Wordpress por Efemosse y Alipso