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La economía evita la recesión, pero la industria y la construcción continúan en caída libre

La actividad económica mostró señales de recuperación en septiembre: creció 5% interanual, avanzó 0,5% respecto de agosto y permitió dejar atrás, en términos técnicos, el riesgo de recesión. Sin embargo, detrás del promedio positivo persiste un problema estructural: la industria y la construcción, dos de los sectores que más empleo generan, permanecen muy por debajo de sus niveles previos al cambio de gobierno y no logran insertarse en la dinámica de crecimiento que exhiben otros rubros más primarizados.

Las cifras difundidas por el Indec confirmaron que el tercer trimestre cerró con un incremento del 0,5%, revertiendo la caída del segundo trimestre. Aun así, la distancia entre el núcleo productivo y el desempeño general es marcada. La industria manufacturera acumula tres meses de retrocesos —1% en septiembre, 4,8% en agosto y 1% en julio— y se mantiene alrededor de 9% por debajo del promedio de 2023. La construcción, aunque exhibió un repunte frente a un derrumbe previo, continúa 22% por debajo de los niveles anteriores a la gestión actual.

En contraste, los sectores extractivos y financieros impulsaron la mejora agregada. Pesca e Intermediación Financiera encabezaron las variaciones anuales, con saltos del 58% y 40%. Este sesgo refuerza la tendencia a una economía más primarizada y con menor protagonismo de las actividades industriales tradicionales.

La consultora LCG estimó que, sin el aporte del agro, la minería y la intermediación financiera, el crecimiento anual de septiembre habría sido cercano al 2%, bastante por debajo del 5% informado. Además, la seguidilla de revisiones al alza en siete de los últimos ocho meses modificó sustancialmente el panorama: lo que antes aparecía como una contracción de 0,6% ahora figura como un aumento de 0,5% en el acumulado a agosto. Con el avance de 0,5% en septiembre, el crecimiento acumulado del año asciende a 1%.

En promedio, la actividad avanzó 0,1% mensual en los últimos nueve meses, con una aceleración a 0,5% desde julio en adelante. Si esta tendencia se mantuviera, 2025 podría cerrar con un crecimiento cercano al 4,5%.

Pero el desfasaje entre actividad y empleo genera preocupación. Según datos de la Secretaría de Trabajo, los sectores que hoy sostienen la expansión —agro, energía, minería, servicios informáticos y del conocimiento— representan apenas el 10% del empleo asalariado registrado privado. La industria y la construcción, en cambio, concentran el 25%, mientras que comercio y servicios explican el restante 65%. La prolongada debilidad industrial y el atraso de la construcción configuran así un cuadro de impacto social elevado.

De cara al último trimestre, el escenario combina estabilidad relativa y restricciones persistentes. La baja de tasas podría mejorar algo el crédito, aunque el nivel de morosidad del 7,3% en préstamos al consumo —máximo en 15 años— limita el margen para una recuperación significativa. La incertidumbre cambiaria sigue condicionando decisiones de inversión y muchos proyectos continúan en fase de evaluación.

El frente fiscal seguirá tensionado. El proyecto de Presupuesto 2026 mantiene el objetivo de sostener un superávit primario similar al de este año, lo que reduce la capacidad de expandir el gasto y traslada el foco al desempeño del sector externo. No se esperan saltos significativos en las exportaciones más allá del aporte de Vaca Muerta, y las importaciones ya muestran un sendero de normalización.

Las proyecciones apuntan a un crecimiento moderado: alrededor del 4% promedio para 2025 y una recuperación leve hacia 2026, concentrada en petróleo, minería y agro, sin señales claras de un repunte sostenido de la industria y la construcción, que permanecen como los grandes rezagados del modelo económico actual.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

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