La dependencia del financiamiento externo se acentúa mientras la pérdida de divisas y la tensión cambiaria dejan al descubierto la fragilidad estructural del plan libertario. Al final, la única “mano invisible” fue la del Estado.
Del relato del milagro liberal al rescate de Washington: la economía bajo Javier Milei terminó sostenida por la intervención directa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La confirmación llegó este jueves, cuando el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que el gobierno norteamericano decidió intervenir en el mercado de cambios argentino comprando pesos —una medida sin antecedentes— y confirmó además un swap por 20.000 millones de dólares. Pero más allá de esa soga tendida desde el Norte, el panorama es tan incierto como dependiente: mientras los dólares de las exportaciones se esfuman, crece la deuda pública y privada y se acelera la fuga de capitales. Con las reservas en caída libre, el margen de maniobra del Gobierno para contener el tipo de cambio ya se agotó.
La presión cambiaria se mantiene al rojo vivo. En el intento de evitar un salto brusco, el tándem Milei-Caputo favoreció a una docena de grandes exportadoras agroindustriales con beneficios fiscales equivalentes a más de 1.500 millones de dólares, una medida que apenas dio aire por unos días. “Los datos del sector externo muestran que el programa no cierra sin más endeudamiento”, advirtieron analistas, que anticipan una subordinación aún mayor de la política económica al Tesoro estadounidense y al Fondo Monetario Internacional.
Desde Washington, Kristalina Georgieva fue tajante: “El éxito de Argentina estará basado en que la gente acompañe”. También adelantó que el Fondo exigirá “un programa de ajuste muy dramático” y reformas estructurales profundas, con foco en el sistema laboral y previsional.
La rueda del endeudamiento
Tras la recesión inicial provocada por el ajuste libertario, la economía mostró un repunte efímero. Sin embargo, desde febrero la actividad se estancó y volvió a retroceder. En julio, el EMAE cayó 0,1% y los pronósticos privados corrigieron a la baja el crecimiento proyectado para 2025: apenas 4% contra el 5,4% que estimaba el Gobierno. Por primera vez, los empresarios industriales expresan un pesimismo abierto: según el INDEC, son más los que prevén una caída en sus negocios que quienes esperan mejorar.
En materia externa, las exportaciones crecieron 6% frente a 2024, pero las importaciones lo hicieron un 32%, achicando el superávit comercial en un 63,5%. El propio Presupuesto 2026 proyecta un déficit en la balanza de bienes y servicios de 5.751 millones de dólares, lo que dificultará aún más la acumulación de reservas.
Desde noviembre de 2023 hasta agosto de este año, el Gobierno logró sumar 14.349 millones de dólares en reservas, fundamentalmente vía deuda. Según el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), en ese período la economía real generó 33.431 millones de dólares por exportaciones netas, pero 44.658 millones fueron absorbidos por la economía financiera: 16.901 millones por intereses de deuda pública, 2.005 millones de deuda privada, 24.109 millones por fuga de capitales y 1.008 millones por salida de inversiones.
En paralelo, las fuentes financieras aportaron 25.569 millones: 11.167 millones por nueva deuda pública, 10.919 millones por deuda privada y 3.483 millones del blanqueo. “Estamos ante un modelo que necesita dólares de manera constante y que, con menos divisas genuinas, sólo se sostiene endeudándose más”, concluye el informe.
El oficialismo insiste en que la suba del dólar responde al “riesgo kuka”. Sin embargo, la evolución del Riesgo País muestra otra cosa. El economista Juan Manuel Telechea explicó que el primer salto, entre enero y abril, se debió “exclusivamente a las dudas sobre el programa económico y la caída de reservas”. Luego, pese a la condena e inhabilitación de Cristina Fernández de Kirchner —que según la lógica oficialista debería haber reducido el riesgo—, el indicador volvió a subir. A mediados de año, la eliminación de las LEFIs, instrumento con el que el BCRA regulaba la tasa de interés, inyectó liquidez y disparó la demanda de divisas.
El cuadro se agravó tras la derrota del oficialismo en Buenos Aires y el rechazo legislativo al veto sobre la ley de financiamiento universitario. En dos días, el Banco Central tuvo que vender más de 1.000 millones de dólares para sostener la cotización, mientras el Riesgo País se disparaba nuevamente.
Fue entonces cuando Bessent intervino: “Estados Unidos está dispuesto a hacer lo que sea necesario para apoyar a la Argentina”, publicó en X. “El problema de fondo es la falta de confianza en la capacidad del Gobierno de generar dólares para pagar su deuda”, analizó Telechea. “Los mercados no se mueven por ideología sino por señales de consistencia económica”, añadió.
En apenas seis jornadas, el Tesoro vendió 2.040 millones de dólares, es decir, el 90% de lo que había comprado gracias a la liquidación excepcional del agro. Hoy le quedan menos de 300 millones en el BCRA y debe afrontar pagos por 313 millones antes del 26 de octubre. Según la consultora 1816, “parece inminente que empiece a intervenir directamente el Central”.
Por su parte, desde la consultora C-P advierten que el salvataje de Trump “acota drásticamente el margen de maniobra del Gobierno”. Después de las elecciones, la política económica quedará “atada al FMI y al Tesoro norteamericano”. El diagnóstico es claro: se viene un dólar más caro, una política de ajuste más dura y una dependencia aún mayor del poder financiero global.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com