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LA ERA MILEI

La convocatoria por la libertad de los represores terminó en papelón

La asistencia fue mínima y sin referentes visibles del activismo pro-dictadura. Los manifestantes tuvieron que abandonar la Plaza cuando arribó la marcha en apoyo a Palestina.

La movilización convocada en Plaza de Mayo para exigir la liberación de represores resultó un fracaso. La concurrencia fue escasa y no aparecieron las figuras más conocidas de ese espacio. Los organizadores debieron retirarse de apuro cuando un agente de la Policía Federal Argentina (PFA) se acercó para advertirles que estaba por ingresar la manifestación en solidaridad con Palestina, que multiplicaba varias veces su número.

–Lo primero es la seguridad de ustedes –les explicó el oficial, intentando convencerlos de que desalojaran.

Quien recibió el aviso fue Guillermo Sottovia, uno de los responsables de la convocatoria, que se presenta como piloto civil e hijo de un exoficial de Aeronáutica. No le quedó otra que tomar el megáfono –algo deteriorado– y anunciar la retirada.

–Nos tenemos que ir, no por cobardes, sino para demostrar que ellos son los violentos– afirmó.

Minutos antes, Sottovia se había fundido en abrazos con Carlos Pampillón, referente neonazi marplatense procesado por dañar un monumento a la Memoria, la Verdad y la Justicia. Pampillón avanzaba por la Plaza palmoteando a algunos hombres uniformados y llamándolos “héroes”.

Asunción Benedit celebraba que hubiera casi tantos fotógrafos como asistentes. Llevaba un pañuelo negro en la cabeza como distintivo: no sólo en contraposición a las Madres de Plaza de Mayo, sino también –según dijo– porque está de “luto” por los represores detenidos. De acuerdo con los datos de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad (PCCH), 22 condenados por delitos de lesa humanidad están presos en cárceles comunes y 63 alojados en la Unidad 34 de Campo de Mayo, considerada una prisión VIP.

Asunción y su hermano, el diputado Beltrán Benedit, visitan con frecuencia a los condenados y procesados por secuestros, torturas y desapariciones. Ella insiste en que no sólo debe pedirse al gobierno de Javier Milei por su libertad, sino también “reivindicar su accionar”. “La esperanza es lo último que se pierde”, sostuvo la mujer, que pasó por varios grupos pro-dictadura. “Podemos estar haciendo este reclamo. Si fuera con otro gobierno, ya estaríamos presos”, dijo, aunque mostró decepción porque la administración de La Libertad Avanza no avanzó más en favor de figuras como Alfredo Astiz.

La organización de la marcha había comenzado meses atrás. Sus impulsores coincidieron en febrero en Tucumán, durante los actos por los 50 años del Operativo Independencia. Allí, cuenta Benedit, concluyeron que debían imitar a “la zurda” y unificarse.

Crearon un pequeño núcleo al que llamaron Unidos por la Sangre Derramada, aunque lo que predominó fue el conflicto interno. Hasta hace pocos días, Orlando González figuraba como coordinador general. Todo estalló cuando este diario reveló su identidad: un represor de la ESMA condenado a perpetua y con prisión domiciliaria. Apodado “Hormiga”, se dedicaba a fotografiar a sus víctimas.

González rompió con el grupo y les adjudicó a ellos su caída en desgracia. En mensajes que circularon entre allegados, afirmó que el Ministerio de Seguridad –todavía bajo Patricia Bullrich– les había pedido trasladar el acto a Plaza San Martín, pero que sus compañeros se negaron.

En Plaza San Martín se realizaron durante años actos numerosos de rechazo a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y a favor de una amnistía general. Nada parecido ocurrió este sábado en Plaza de Mayo. Aun así, megáfono en mano, Sottovia proclamó: “Tenemos poder ahora de cambiar la historia. Nunca se hizo un acto como éste”.

La PFA les indicó que se replegaran hacia Hipólito Yrigoyen y Paseo Colón para evitar choques con quienes protestaban por el genocidio en Gaza. Algunos de estos últimos habían llegado temprano para impedir que el grupo pro-impunidad –que no alcanzó la centena– se instalara cerca de la Pirámide de Mayo. Para eso desplegaron una bandera con la consigna: “30 mil Presentes”.

Hasta los abogados de represores tomaron distancia. En un primer momento, Justicia y Concordia anunció que Ricardo Saint Jean sería uno de los oradores, pero luego se limitaron a desear suerte y se apartaron. “Son impresentables los que organizan”, admitió un defensor de condenados por crímenes de lesa humanidad.

A pocos metros, Alejandrina Barry –cuyos padres y tíos están desaparecidos y que sufrió el terrorismo de Estado desde bebé– observaba a los activistas pro-impunidad. “Fueron muy poquitos. Creo que fue importante que llegáramos a hacer un pañuelazo para que quede claro que no los vamos a dejar avanzar y que la Plaza pertenece a nuestras queridas Madres”, expresó.

Con información de Página 12

Publicado en lanuevacomuna.com

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