El Gobierno volvió a fijar por decreto el salario mínimo, confirmó otra vez el fracaso del Consejo del Salario y consolidó un sendero de deterioro que pulveriza los ingresos más bajos. La suba de diciembre —apenas 6.000 pesos— lleva el mínimo argentino al fondo del ranking regional, por debajo incluso del nivel que tenía en 2001. Desde la llegada de Javier Milei, el salario mínimo creció 79%, mientras los servicios y el transporte se multiplicaron entre 5 y 8 veces. La pérdida es abismal.
Un aumento unilateral que consolida la pobreza laboral
La Resolución 9/2025 estableció un esquema de incrementos hasta agosto de 2026. El resultado: un salto de apenas 16,8% en diez meses, insuficiente incluso para acompañar las proyecciones más conservadoras de inflación. El mínimo pasa de 322.200 pesos en octubre a solo 376.600 pesos en agosto del próximo año. Todo esto mientras la Canasta Básica Total supera el millón cien mil pesos.
El Gobierno resolvió sin acuerdo: la CGT reclamaba una recomposición cercana al 72% para recuperar el poder adquisitivo perdido; los empresarios defendían un ajuste mínimo. El Ejecutivo optó por el sendero empresario.
Argentina, última en la región
La actualización deja a la Argentina en el puesto 15 de América Latina medido en dólares: apenas 225 dólares según CELAG. Un país que hace poco más de una década estaba en el podio hoy ocupa el fondo de la tabla.
La caída real: 35% en un año
Entre noviembre de 2023 y octubre de 2024, el salario mínimo perdió 35% real. En lo que va de este año, otro 7,7%. Es un derrumbe sostenido que arrastra a todas las prestaciones que lo toman como referencia: planes sociales, algunos montos de seguridad social, e incluso la prestación por desempleo, que también quedó atada a un piso cada vez más bajo.
El “aumento” por hora sigue la misma lógica: pasa de 1.642 pesos en noviembre a 1.883 pesos en agosto de 2026. Un ajuste cosmético en un contexto inflacionario corrosivo.
Rechazo sindical y críticas políticas
La CGT reaccionó de inmediato: calificó el nuevo piso de “insuficiente” y “alejado de la realidad”. Recordó que un ingreso de 328.400 pesos está a años luz de la Canasta Básica. Para la central obrera, el Gobierno consolida una estructura salarial imposible de sostener sin empujar a millones a la pobreza.
Desde el arco político opositor también apuntaron al carácter regresivo del decreto. Carlos Castagneto advirtió que el salario mínimo alcanzó “el valor real más bajo en treinta años” y que perdió más del 60% de su poder adquisitivo desde 2023. Recordó además que, en 2011, a valores actualizados, equivalía a casi 900 mil pesos.
El análisis técnico: una recomposición que no existe
Hernán Letcher (CEPA) señaló que el aumento definido por decreto no recupera absolutamente nada de lo perdido. La progresión mensual —de apenas 1,1%— está por debajo de las expectativas oficiales de inflación. Según sus cálculos, mientras los gremios buscaban reponer el nivel promedio de 2023 (unos 497.000 pesos reales), los empresarios propusieron un monto que equivaldría a apenas 313.500 pesos reales. El Gobierno terminó alineándose con la parte patronal, ubicando el salario real proyectado para 2026 en torno a los 320.000 pesos.
Un salario mínimo que ya no cumple su función
La decisión vuelve a dejar en claro la orientación general de la política económica: recorta donde más duele y desarticula cualquier referencia salarial mínima que funcione como piso real. Con una inflación que retoma el ascenso y con tarifas, alimentos y transporte corriendo muy por encima de los sueldos, el deterioro de los ingresos seguirá profundizándose.
Mientras tanto, millones de trabajadores formales e informales, jubilados y beneficiarios de programas sociales quedan atrapados en un esquema donde las decisiones oficiales siguen agrandando la distancia entre los precios y la vida cotidiana.
Con información de Página 12
Publicado en lanuevacomuna.com