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LA ERA MILEI

Industria en retroceso: del taller nacional al contenedor

El proceso de desindustrialización se acelera bajo la política económica del gobierno de Javier Milei. La combinación de apertura comercial indiscriminada, atraso cambiario, tarifas de servicios por las nubes y derrumbe del consumo está empujando a empresas históricas a abandonar la producción local para reconvertirse en meras importadoras. El resultado es una caída abrupta del empleo calificado, el cierre de pymes proveedoras y un debilitamiento profundo del entramado productivo en todo el país.

La dinámica es contundente: mientras las fábricas apagan máquinas, los contenedores se multiplican. El país deja de fabricar para convertirse en un gran comprador de bienes finales del exterior. Y detrás de cada importación que sustituye producción nacional, se esfuman capacidades tecnológicas acumuladas, oficios especializados y cientos de puestos de trabajo en cadenas completas.

Incentivos invertidos

En contextos de expansión del mercado interno, crédito accesible y salarios que acompañan, el empresariado argentino históricamente invirtió en ampliar plantas, incorporar maquinaria y desarrollar proveedores. Hoy sucede lo contrario.

Las recesiones encadenadas, el derrumbe del salario real, tasas altas y tarifas de servicios públicos que aumentaron entre 400% y 600% fijan un escenario donde producir resulta inviable. Con un dólar retrasado y rebajas arancelarias, importar es más barato que fabricar. El cálculo empresario es simple: antes que acumular pérdidas, se recorta personal, se cierran líneas de producción o directamente se abandona la actividad industrial.

Whirlpool, Lumilagro, Ilva, Cramaco y un patrón que se repite

El caso de Whirlpool es emblemático. La compañía había inaugurado en 2022 una planta modelo en Pilar. Tres años después decidió cerrarla, despedir a los 220 operarios y mantener solo un equipo administrativo para comercializar productos importados.

Lumilagro atraviesa un proceso similar: apagó su horno de vidrio y pasó a importar la mayor parte de sus termos. Ilva cerró su fábrica de cerámicos dejando 300 obreros en la calle. La metalúrgica Cramaco desmanteló su producción para traer generadores chinos. Kenvue cerró líneas de higiene femenina para volcarse a un esquema 100% importador. El mapa es amplio y creciente.

Datos que confirman el “industricidio”

Los indicadores oficiales muestran un deterioro estructural:

Caída industrial del 0,7% interanual en septiembre y del 2% en octubre.

Pérdida de 42.400 empleos industriales formales desde noviembre de 2023.

Desaparición neta de 17.323 empresas entre 2024 y el primer trimestre de 2025.

Solo un 58% de utilización de la capacidad instalada, un nivel comparable a los peores momentos post-2001.

En la provincia de Buenos Aires, 13.000 cierres de empresas desde la llegada de Milei.

En los partidos industriales del conurbano, el desempleo trepó al 9,8%.

La tendencia también golpea a cooperativas y empresas recuperadas, que padecen caídas del 40% en la producción, asfixiadas por tarifas y sin programas de apoyo estatal.

El péndulo histórico y el cuarto ciclo de desindustrialización

El país conoce estos procesos. Ocurrieron durante la dictadura, en los años ’90 y durante el macrismo. El gobierno de Milei constituye el cuarto giro liberal profundo en cincuenta años, con una velocidad inédita.

Para el capital financiero y los sectores primarios, el modelo ofrece ganancias rápidas. Para la industria y el trabajo urbano, implica desarraigo, pérdida de oficios y destrucción de comunidades productivas enteras.

Un futuro condicionado

El diseño de incentivos explica las conductas. Si el negocio es importar, endeudarse y aprovechar el arbitraje cambiario, eso hará el empresariado. Si las señales fueran inversión productiva, desarrollo tecnológico y fortalecimiento del mercado interno, también habría respuesta.

Lo que no existe es un escenario donde la apertura total y el atraso cambiario convivan con creación de empleo calificado. La economía actual avanza hacia un país más primarizado, menos industrial y con territorios enteros sin alternativas laborales.

En apenas dos años, el costo social ya es visible. Y lo que se destruye en semanas tarda décadas en reconstruirse.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

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