La Casa Blanca dio a conocer su renovada Estrategia de Seguridad Nacional, centrada en asegurar el control sobre los combustibles fósiles. El impacto de este viraje estratégico podría sentirse en la cuenca neuquina.
Donald Trump profundiza su apuesta por la energía fósil y los minerales críticos
En las últimas horas se publicó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, un texto que marca una ruptura nítida con los lineamientos que rigieron durante décadas.
Alejada de la diplomacia habitual, la hoja de ruta firmada por el presidente Donald Trump plantea sin rodeos que «America First» deja de ser un lema electoral para convertirse en la doctrina “oficial” destinada a garantizar que Estados Unidos continúe como “la nación más poderosa y rica de la historia”.
El nuevo enfoque coloca en primer plano la idea de “dominancia energética”. El documento rechaza de manera expresa las corrientes que califica como “desastrosas”, entre ellas las políticas sobre cambio climático y el “Cero Neto” (Net Zero), argumentando que dichas agendas favorecieron a competidores estratégicos y debilitaron a Occidente.
En este marco, si Argentina eligiera alinearse con el renovado esquema de seguridad hemisférica, Vaca Muerta podría dejar de ser únicamente un proyecto rentable para convertirse en un activo clave dentro de la arquitectura regional de seguridad.
Washington pretende reinstalar su supremacía en petróleo, gas y energía nuclear como prioridad central. En paralelo, el documento reactiva la histórica Doctrina Monroe a partir de un nuevo “Corolario Trump”, orientado a disputar la presencia de potencias extrarregionales —con foco explícito en China— en sectores considerados estratégicos del Hemisferio Occidental.
Vaca Muerta y el “boleto dorado” en la reconfiguración energética
Para Argentina, y especialmente para el desarrollo de Vaca Muerta, este corrimiento de eje en Washington abre un escenario complejo. La nueva estrategia ya no apunta a la “cooperación” internacional como principio genérico, sino a la integración directa de aliados en una cadena de suministro robusta y sin actores rivales.
La Terminal Portuaria de Punta Colorada, destinada al almacenamiento del crudo neuquino para su exportación a partir de diciembre de 2026, adquiere un peso renovado bajo esta lógica. Si Buenos Aires se encolumnara detrás del esquema planteado por la Casa Blanca, Vaca Muerta podría ser reposicionada como un activo de seguridad regional. El documento incluso detalla cómo funcionaría ese potencial beneficio:
Financiamiento directo para obras estructurales:
El principal obstáculo en el crecimiento de Vaca Muerta siempre fue la infraestructura “pesada” —caminos, oleoductos, gasoductos y plantas de licuefacción—. La estrategia ordena a Washington identificar estos “puntos estratégicos” en el hemisferio y habilita a organismos como la U.S. International Development Finance Corporation y el Ex-Im Bank a financiar bienes y servicios esenciales para su desarrollo. El objetivo declarado es impulsar “infraestructura energética escalable y resiliente”. El mismo criterio alcanza a los minerales críticos como litio, cobre, oro y plata.
Tecnología avanzada para exportar:
El plan no se limita a la extracción: también se enfoca en la exportación. Estados Unidos considera que la expansión de tecnologías vinculadas al Gas Natural Licuado (GNL) y el Gas Licuado de Petróleo (GLP) puede generar beneficios simultáneos para sus empresas y para sus aliados. Si Argentina aceptara sumarse a esta arquitectura, tendría acceso facilitado a tecnología para licuar y colocar gas en el mercado global, desplazando a proveedores catalogados como “hostiles a los intereses occidentales”.
El fin de las restricciones ambientales:
Al dar por cerrada la fase del “Cero Neto” y priorizar energía barata y abundante, se esfuman las presiones que antes inhibían el financiamiento de iniciativas fósiles. Para Washington, un socio que produce hidrocarburos deja de representar un problema climático para convertirse en una pieza geopolítica destinada a estabilizar precios y garantizar suministro.
Sin embargo, este flujo de inversiones y tecnología no sería un gesto unilateral. La estrategia estadounidense es explícita en su carácter transaccional: su meta es “alistar” socios y “expandir” su área de influencia.
El documento señala que Estados Unidos actuará para “sacar afuera” a compañías extranjeras que hoy construyen infraestructura en la región y condicionará sus alianzas a la reducción de la presencia de actores considerados adversarios en puertos e instalaciones estratégicas.
Con información de Shale 24
Publicado en lanuevacomuna.com