crossorigin="anonymous">

ACTUALIDAD

El plan de Trump para “anexar” Argentina que Milei y las elecciones podrían frustrar

El rescate financiero a Javier Milei funciona como un salvavidas político diseñado en Washington. Es una jugada de alto riesgo para Wall Street que asegura la injerencia estadounidense en el país, pero no resuelve la deuda con los argentinos. Scott Bessent y Barry Bennett se convirtieron en los rostros visibles de la avanzada trumpista sobre el gobierno de La Libertad Avanza. El tablero incluye pasos estratégicos y puertos en disputa con China. Mientras tanto, en San José 1111, Cristina Kirchner observa el escenario y medita sobre el desenlace.

El operativo permitirá que el gobierno de Milei llegue con respiración asistida a las elecciones. El 26 de octubre será el día D: un resultado adverso podría dinamitar la operación geopolítica que Donald Trump impulsa desde el norte. La inédita intervención de Estados Unidos para sostener a la extrema derecha argentina confirma la relevancia estratégica del país en el mapa mundial. A Trump, más que el destino del libertario, lo seducen el litio, el uranio, las tierras raras y el corredor bioceánico de mayor peso militar en Sudamérica.

Los fieles de Milei y los cultores de las “relaciones carnales” insisten en que esta vez “es distinto” al endeudamiento con el FMI y al blanqueo de abril, prometiendo la fantasía de una nueva “lluvia de inversiones”. Pero el salvataje tiene rasgos de tutela directa. Se notó la última semana, cuando el consultor Barry Bennett —emisario de Trump— aterrizó en Casa Rosada para orientar al resucitado Santiago Caputo. Según Clarín, el enviado republicano inició contactos con gobernadores y empresarios mediáticos cercanos al trumpismo. Desde el más allá, Terence Todman y James Cheek podrían reclamar un mínimo respeto por la soberanía nacional.

¿Es sensato atarse a Trump en campaña? Muy pronto se sabrá. La cruzada norteamericana en el sur del continente puede chocar de frente con la voluntad de millones de votantes argentinos.

De acuerdo con The New York Times, el primer objetivo del financista Scott Bessent es proteger los intereses de los fondos de inversión que representa en el Tesoro estadounidense: desde gigantes como BlackRock hasta especuladores formados bajo el ala de George Soros, como Robert Citrone, hoy convertidos en apóstoles del experimento libertario. Si las promesas se cumplen, los beneficios concretos para la población llegarán tarde. Los primeros favorecidos, ironizan en Wall Street, serán los argentinos de clase media alta que emigren a Miami.

La operación es inédita: el Tesoro de EE.UU. jamás había intervenido comprando moneda extranjera. Lo que hoy se presenta como un blindaje puede transformarse mañana en un ataque financiero si a Bessent deja de convenirle el rumbo del gobierno argentino. Como advierte Martín Guzmán, “es la primera vez que Estados Unidos dispone de armas de destrucción masiva de carácter financiero”.

El blindaje de Trump al peón libertario del Cono Sur genera incomodidad incluso dentro de la elite política y económica norteamericana. Las declaraciones de Bessent, sobre un Milei decidido a “sacar a China” de Argentina, apuntan a construir consenso interno. El investigador Bernabé Malacalza, en su libro más reciente, explica que la línea anti-China atraviesa a todo el espectro ideológico estadounidense: desde el CSIS y la RAND Corporation hasta la Heritage Foundation, el Instituto Brookings y el Carnegie Endowment. “Existe una relación simbiótica entre el Pentágono, Wall Street y Silicon Valley que se alimenta de la competencia estratégica con China”, sostiene Malacalza.

Trump ya había mostrado su apetito expansivo: propuso “anexar” Groenlandia y presionó a Panamá para desplazar a las empresas chinas de los puertos Balboa y Cristóbal. En marzo, tras una visita del senador Marco Rubio, BlackRock adquirió ambos enclaves. Días atrás, Financial Times reveló que el fondo de Larry Fink está por quedarse también con AES Corp, una empresa energética con operaciones clave en Panamá.

Antes de esa maniobra, el jefe del Comando Sur, Alvin Hosley, visitó Ushuaia para explorar la instalación de una base con proyección hacia la Antártida. En medio de la disputa con China, el Pentágono busca financiar la Base Naval Integrada y el Polo Logístico Antártico, proyectos que Milei y Villarruel ya avalaron públicamente. Según fuentes oficiales, Ushuaia es el principal corredor bioceánico militar del continente. Su ubicación, frente al Atlántico Sur, la vuelve estratégica frente a Punta Arenas y al puerto británico en Malvinas, que acaba de recibir 200 millones de dólares de la banca Rothschild.

Si se concreta la reunión entre Trump y Milei en la Casa Blanca, el acto podría leerse como una escenificación de “anexión política”.

Cristina Fernández de Kirchner, en prisión domiciliaria hace cuatro meses por decisión de la Corte, sostiene que Trump no dejará caer a Milei. Desde su departamento de San José 1111 repite que “alguna forma de blindaje iba a llegar” y que el libertario es un aliado esencial hasta que se definan los comicios de Chile, Colombia y Brasil.

En la intimidad, Cristina se muestra serena. “Él ya sabe que fracasó. Por eso es tan agresivo”, dice. Cree que después de las elecciones los aliados de Milei intentarán “tomar el gobierno”, y la ofensiva del operador trumpista Barry Bennett parece darle la razón.

El lunes pasado, la ex presidenta vio el recital de Milei en el Movistar Arena. Cree que parte de la sociedad aún conecta con la emocionalidad que el libertario despierta. Recomienda leer Síndrome 1933 de Siegmund Ginzberg, que describe la descomposición de la República de Weimar y la gestación del nazismo. En sus charlas repite tres nombres que, asegura, fueron decisivos en su detención: Héctor Magnetto, Mauricio Macri y Julio César Saguier. “El objetivo fue disciplinar a la clase política, y lo lograron”, afirma.

También observa con atención el caso Espert, que, según ella, reveló el rol de los jueces Rosatti, Rosenkrantz y Lorenzetti, quienes “tardaron más de tres años en extraditar al narco Fred Machado y solo una semana en condenarla”.

A dos semanas de las elecciones, Cristina mantiene cierto optimismo aunque desconfía de las encuestas. “No quiero tener razón: quiero ganar elecciones”, repite. Busca consolidar la mayor cantidad de bancas posibles para frenar las reformas que exigen el FMI y el establishment.

El plan de salvataje trumpista y las promesas de inversión colosales dependen ahora del veredicto popular. El voto del 26 de octubre puede derrumbar cualquier proyecto diseñado entre Washington y Wall Street, y agriar el ánimo de Kristalina Georgieva, hoy reconvertida en vocera de Bessent.

La ex presidenta sostiene que pocos grupos de poder locales están conformes con Milei. Se pregunta cómo hará el Grupo Clarín —endeudado por mil millones de dólares tras la compra de Telefónica— para soportar la devaluación inminente. Le resta dramatismo a las versiones de golpe o conspiraciones palaciegas: “Mientras no haya desborde social, no habrá colapso político”.

Paradójicamente, Cristina está proscripta, aislada y sin chances judiciales inmediatas, pero conserva influencia. “Después de Milei va a ser casi imposible gobernar”, advierte. Habla de un país con más deuda, dependencia y control judicial, donde los grandes medios actúan como voceros de intereses empresariales. “Un presidente solo no va a poder resolver la situación”, concluye. Por eso insiste en la unidad del peronismo y en pensar un modelo alternativo: tipo de cambio, salarios, desarrollo y Estado. No hay en sus gestos señal alguna de retiro.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

Deja un comentario


Soporte Wordpress por Efemosse y Alipso