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LA ERA MILEI

El mismo sometimiento, pero más veloz

Está en su ADN. El dúo Milei-Caputo, cada vez más desafinado, vuelve a ceder ante el Fondo Monetario Internacional. Luego de los exabruptos del Presidente y los mensajes enredados del ministro con sus supuestas “aclaraciones”, aparece nuevamente la vieja obediencia y el desmoronamiento evidente de su plan económico, cuya principal víctima será, una vez más, el Pueblo argentino. La súplica humillante al “board” y su séquito de burócratas terminó por desgarrar el velo: se trata de una entrega total al dogma del ajuste, que no solo implica recortar ingresos populares para satisfacer a los acreedores, sino además implica la liquidación de nuestros bienes comunes, en particular los recursos naturales. Ya lo hicieron antes. Pero ahora lo hacen sin barcos ni invasores extranjeros: con el aval del propio gobierno. El presidente Macron, representante de la derecha francesa, canjea su voto en el FMI por “ser un aliado en sectores como los metales críticos”. Colonialismo sin disfraces. Expulsados de África, ahora vienen por América del Sur.

Las grandes corporaciones mineras y ciertos sectores acomodados del empresariado nacional lograron imponer la Ley Bases, incluyendo el RIGI, blindándose con privilegios fiscales, cambiarios, aduaneros y la posibilidad de fugar ganancias sin restricciones. En otras palabras: nosotros aportamos el suelo, la cordillera, los salares, nuestra mano de obra calificada… y ellos se llevan nuestros minerales estratégicos ¡gratis! Por supuesto, no estuvieron solos: además de los legisladores de LLA y el PRO, otros votaron a favor alegando que “hay que garantizar la gobernabilidad del Presidente”. Que nadie crea que eso será olvidado. Es oportuno recordar la historia: Mariano Moreno, patriota clave en los inicios de la Revolución de Mayo y seguidor de G. Filangieri, sostenía que “el monopolio es un atentado contra la libertad humana”. Su mirada sigue vigente. Moreno proponía intervenir sobre “las agigantadas fortunas de los mineros altoperuanos y pasar esas riquezas al poder de la nación por 10 años”. Apoyaba esa medida en una enseñanza de San Ambrosio: “es mejor conservar la vida de los mortales que la de los metales”.

En lo económico, social y ético, el experimento anarco-libertario empieza a mostrar signos de agotamiento, y por eso vuelve a recurrir a su droga de siempre: más deuda con el FMI. Enfrenta el mal conocido como restricción externa —como anticipó Cristina—, marcada por la fuga de capitales y la crisis de reservas. De nuevo, en un lapso breve, presenciamos un escenario ya vivido: lo hizo Macri, lo repite Milei, con Caputo como ejecutor. Antes fueron Menem y De la Rúa, con Cavallo como constante. “Lo mismo pero más rápido”, decía Macri cuando le preguntaban qué haría si volviera al poder. El segundo tiempo, finalmente, lo juega Milei. Hacer lo mismo en menos tiempo, solo acelera las consecuencias. Macri tardó dos años en generar una deuda de 45 mil millones de dólares. Milei, apenas uno.

Frente a este desgaste, cada vez más evidente tanto en la calle como en el Congreso, el Presidente busca culpables ajenos. Acusa de golpistas a quienes rechazaron el DNU que lo autoriza a seguir endeudando al país; tilda de terroristas a los jubilados, trabajadores y ciudadanos que exigen frenar el ajuste previsional; y responsabiliza incluso a Cristina Fernández de Kirchner de eventuales desestabilizaciones económicas. Resulta curioso: la presidenta que más padeció corridas cambiarias ahora, según el oficialismo, tiene la capacidad de provocarlas. Mientras tanto, los medios afines y el propio Presidente se encargan de garantizar que la jueza Capuchetti diluya en el olvido el intento de magnicidio contra Cristina, asegurando la impunidad de sus responsables. En su oportunismo extremo, Milei trivializa el verdadero sentido de un golpe de Estado, desconociendo su dimensión trágica en nuestra historia: secuestros, asesinatos, robo de bebés y centros clandestinos de exterminio. No es un juego semántico.

El rumbo del Gobierno es claro: más endeudamiento externo que terminará siendo funcional a los intereses de las grandes potencias, que buscan controlar nuestros recursos estratégicos. Milei debería observar el caso de Zelenski: Estados Unidos le financió la guerra y hoy le exige “retribuciones” por los favores prestados. No solo la explotación de sus recursos, sino también el manejo de su infraestructura. Reparaciones de guerra al estilo imperial. Con la diferencia de que esta vez, el imperio apoya al derrotado. Tanto el crédito promovido por Trump para auxiliar a Macri, como el actual para sostener a Milei, responden a un mismo objetivo: consolidar a la Argentina como pieza útil en los esquemas geopolíticos y económicos de las potencias dominantes. Para ello, necesitan socios locales: empresarios, partidos políticos y medios alineados. Por eso no hay que confundirse con sus peleas internas. Se diferencian poco en el fondo. Están unidos por una misma ideología y por los intereses de las grandes corporaciones que defienden. Por eso votaron contra los jubilados y estudiantes, apoyaron el DNU inconstitucional que habilita nuevo endeudamiento, aceptan en silencio el DNU 70/23, reprimen la protesta social y se subordinan sin reparos a Trump, Musk y las directrices del norte global, enfrentándose incluso a países hermanos y los BRICS. Se disputan, en definitiva, el control de los negocios estatales.

¿Difieren ideológicamente? La respuesta es clara: no. Solo compiten por demostrar quién es más antiperonista, más antisocialista, más antikirchnerista. Por eso, el gran desafío del campo popular no es solo la unidad. Es, también, la construcción de una alternativa real. Un nuevo horizonte que rompa con el ciclo de decadencia y ofrezca otro destino para nuestro país y nuestra gente.

Secretario General del Partido Solidario. Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”

Con información de Página 12

Publicado en lanuevacomuna.com

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