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El aumento a jubilados no alcanza ni para una picada: apenas $4.500 de suba en julio

Ni queso cremoso, ni paleta, ni dulce de leche: ese es el verdadero alcance del incremento que recibirán los jubilados el mes próximo. Mientras el Gobierno celebra una desaceleración inflacionaria sostenida a fuerza de recesión, topes salariales y control del dólar, el aumento de julio para quienes cobran la mínima será de apenas $4.570. Una cifra que, literalmente, no alcanza ni para un kilo de pan y un paquete de fideos.

La noticia pasó casi inadvertida frente al revuelo político que provocó la ratificación judicial de la condena contra Cristina Kirchner. Sin embargo, el impacto en la vida cotidiana de millones de personas es profundo: la jubilación mínima pasará de $304.723 a $309.293. Todo, gracias a un esquema de actualización mensual que el presidente Javier Milei impuso mediante una nueva fórmula de movilidad atada exclusivamente al Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Ajuste encubierto con inflación controlada
La política económica que encabeza el ministro Luis Caputo se apoya en un combo que contiene los precios pero achica la economía: cepo a las paritarias, tarifas administradas, dólar oficial intervenido y caída del consumo. El resultado es una inflación que se desacelera artificialmente, al tiempo que el poder adquisitivo se desploma, especialmente para los jubilados, cuya única actualización automática se licúa mes a mes.

La ANSES debe aplicar mes a mes la variación del IPC para definir los haberes jubilatorios. En este caso, la suba del 1,5% corresponde a la inflación de mayo. Pero ese porcentaje no representa ningún alivio: según el Indec, con ese monto ($4.570) no se puede comprar ni medio kilo de queso ($5.430), ni una bandeja de hamburguesas congeladas ($4.927), ni un paquete de paleta ($10.947), ni un kilo de carne picada ($6.678). Tampoco alcanza para un kilo de pan ($3.491) y medio kilo de fideos guiseros ($1.460), cuyo valor conjunto supera los $4.950.

Qué puede —y qué no— comprar un jubilado con el aumento
De acuerdo a los precios oficiales, el nuevo incremento solo cubriría el costo de algunos productos puntuales:

Una botella de aceite de girasol de 1,5 litros ($4.179)

Un yogur firme de 195 cc ($2.063)

Un pote de dulce de leche de 400 gramos ($3.061)

Pero si el jubilado quisiera darse un gusto con medio kilo de asado ($5.485), un filet de merluza fresco ($9.835) o una porción mínima de salame ($19.211 el kilo), deberá seguir esperando.

Una canasta que sube mucho más rápido
Mientras tanto, los alimentos continúan con una inercia inflacionaria propia. Aunque el rubro «alimentos y bebidas» moderó su variación mensual a un 0,5% en mayo, la suba interanual supera el 35%. Productos esenciales como el pan, la leche, los quesos y la carne siguen encareciéndose por encima de cualquier recomposición de ingresos.

Un informe reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advierte que esta aparente calma de precios está sostenida por el enfriamiento del mercado interno, la postergación de aumentos en tarifas y salarios, y el freno en la actividad económica. Todo esto impacta con especial crudeza en el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables.

El poder de compra se derrumba
Con los haberes todavía debilitados tras la megadevaluación de diciembre de 2023 y un bono de $70.000 que ya quedó congelado, la capacidad real de compra de los jubilados se reduce cada mes. Mientras los precios viajaron en ascensor y se detuvieron en un piso alto, a los jubilados los hacen trepar por la escalera… con la soga al cuello.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

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