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INTERNACIONAL

Donald Trump estrenó el imperialismo del siglo XXI en Venezuela

La operación para capturar al presidente venezolano se ejecutó en apenas 47 segundos. Sin mostrar conmoción alguna, Trump afirmó que Estados Unidos administrará Venezuela hasta que “se concrete la transición”.

Un incendio de gran magnitud se desató en Fuerte Tiuna, el principal complejo militar del país, luego de una serie de bombardeos de Estados Unidos (STR/AFP).

El ataque incluyó el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores. Como condición necesaria, implicó la violación del espacio aéreo y territorial venezolano, además del uso de tropas especiales y armamento pesado contra un Estado soberano. El saldo de víctimas fatales aún no fue precisado, aunque ascendería a unas 40 personas —entre civiles y militares— según informó el New York Times. La secuencia, que volvió a vulnerar el derecho internacional, confirmó una advertencia histórica de Simón Bolívar: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. El libertador, figura central de las luchas anticoloniales junto a San Martín, lo expresó hace doscientos años. Nacido en Caracas, la capital que desde la madrugada del sábado fue iluminada por las explosiones de misiles lanzados por la potencia invasora, una escena que podría repetirse —tal como lo anticipó Donald Trump— ya que el gobierno venezolano perdió a su máxima autoridad política, pero conserva el control institucional, la decisión de resistir y el dominio del espacio público, donde mantiene un respaldo popular significativo.

Caracas no fue el único objetivo. También resultaron dañados el puerto de La Guaira, la base aérea de La Carlota, Fuerte Tiuna, el aeropuerto de Higuerote y la localidad de El Volcán, donde funciona una central de comunicaciones. Trump siguió el operativo en tiempo real —que concluyó con Maduro detenido en Nueva York— como si se tratara del estreno exclusivo de una superproducción de Hollywood, desde su residencia de Mar-a-Lago. En ese mismo lugar brindó luego una conferencia de prensa en la que explicó una decisión política que retrotrae a la región a los tiempos de la Guerra Fría.

Se trata ahora de una guerra 2.0 por los recursos naturales de Venezuela, en especial por las mayores reservas de petróleo del planeta, que el gobierno encabezado por el magnate neoyorquino pretende administrar directamente. Así lo dejó en claro incluso al prescindir de María Corina Machado, premio Nobel y figura de la oposición más alineada con la derecha. “Creo que le sería muy difícil estar al frente del gobierno. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto”, afirmó Trump sin inmutarse.

Los detalles del operativo

La operación para secuestrar al presidente Maduro se completó en 47 segundos. Fue una acción aérea basada en inteligencia previa suministrada por la CIA, con apoyo de helicópteros, ataques con misiles sobre instalaciones militares estratégicas y el uso del factor sorpresa como elemento clave. El jefe de Estado venezolano fue sacado del país junto a su esposa, la abogada Cilia Flores, y trasladado a una base militar en Nueva York, donde Estados Unidos anunció que le imputará cargos por narcoterrorismo en una parodia de juicio extraterritorial sin sustento jurídico alguno.

La llegada de Maduro al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn fue exhibida como un trofeo, luego de ser trasladado en helicóptero a Manhattan y escoltado por una caravana policial. Su esposa también fue mostrada esposada. El traslado habría incluido una escala técnica en la base militar de Guantánamo, territorio cubano ocupado ilegalmente por Estados Unidos desde 1903. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, calificó la agresión como un acto de “Terrorismo de Estado contra el bravo pueblo venezolano y contra Nuestra América”.

El proceso judicial al que será sometido Maduro carece incluso de legitimidad si se lo contrasta con un nuevo gesto de Trump hacia Benjamin Netanyahu. El presidente estadounidense recibió el año nuevo junto al primer ministro israelí en Mar-a-Lago, pese a que Netanyahu fue declarado criminal de guerra por la Corte Penal Internacional (CPI) y pesa sobre él una orden de captura que Estados Unidos desconoce. Con la excepción de mandatarios como Emmanuel Macron y Javier Milei, de Francia y Argentina, que celebraron la decisión unilateral de Trump, la mayoría de los líderes mundiales repudió el secuestro de Maduro. Desde Lula da Silva en Brasil hasta Gustavo Petro en Colombia —país que decidió cerrar su frontera con Venezuela—, las críticas se multiplicaron. China y Rusia, potencias centrales del mundo multipolar, también condenaron el ataque, que ni siquiera respetó los mecanismos institucionales del Congreso estadounidense. Según CNN, el unicato encabezado por Trump informó a un reducido grupo de legisladores cuando la operación ya estaba en curso.

“Jamás volveremos a ser colonia”

Tras la extensa conferencia de Trump, en la que justificó su política de castigo a Venezuela y lanzó una advertencia implícita al resto de la región, habló horas después la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, también ministra de Hidrocarburos. Reconoció como única autoridad legítima al presidente secuestrado, afirmó que “jamás volveremos a ser colonia” y se mostró firme frente al país agresor, acompañada por el Consejo de Defensa Nacional.

Rodríguez, quien por mandato de la Corte Suprema debe asumir de manera interina los poderes de Maduro, no descartó una instancia de diálogo pese a la violación de la soberanía, y se distanció de la imagen de figura subordinada que Trump le atribuyó al anunciar que administraría Venezuela mientras “se concrete la transición”. Para el mandatario estadounidense, en ese período no tiene relevancia la oposición al chavismo, sino los recursos que fue a buscar. Petróleo, gas, oro y otras riquezas que Estados Unidos ambiciona no solo de Venezuela, sino de toda América Latina.

Hugo Chávez, líder histórico de la Revolución Bolivariana, fallecido en circunstancias más que sospechosas por un cáncer inducido —que autores como Modesto Guerrero atribuyen a Estados Unidos—, había denunciado reiteradamente las amenazas sobre su país. Las padeció en forma de golpes de Estado, desestabilización y persecución durante sus cuatro mandatos presidenciales. Hace más de dos décadas anticipó el escenario actual.

“Me preocupa que no se haya respetado el derecho internacional”, expresó con cautela el secretario general de la ONU, António Guterres. Añadió que esa violación constituye “un precedente peligroso” en un contexto global marcado por la escalada armamentista que Estados Unidos impulsa más que cualquier otra potencia. Las palabras más inquietantes llegaron de boca de Trump, rodeado por su secretario de Estado, Marco Rubio, y la cúpula civil y militar de su gobierno.

“Estamos preparados para un segundo ataque”, advirtió, como si se tratara de una acción defensiva. Trump dramatiza la política y se autopercibe como un pacificador que no es, atrapado por el egocentrismo y su alianza con el complejo militar-industrial, la misma lógica que guió a otros presidentes estadounidenses en invasiones, golpes de Estado y el respaldo a dictaduras. El secuestro del presidente venezolano y de su esposa ni siquiera intentó disimular una apariencia de legalidad.

“Víctimas inocentes han sido asesinadas”

Los cuerpos quedaron en el terreno tras la retirada de los helicópteros negros que sobrevolaron el cielo venezolano en plena noche. “Víctimas inocentes han sido asesinadas”, denunció el fiscal general Tarek William Saab. Todo ocurrió de madrugada. La oscuridad fue interrumpida por enormes llamaradas visibles desde distintos puntos de Caracas. La población dormía o despertó sobresaltada. No eran torres petroleras ardiendo en Zulia, Monagas, Anzoátegui o Bolívar. Era el sonido de las aspas de las aeronaves de guerra, evocando escenas de Vietnam y Panamá.

Desde Washington, una vez más, llegó el turno de América Latina. Un regreso a viejas prácticas que proyecta un futuro mucho más incierto que el que le espera al presidente Maduro secuestrado. El desenlace de su juicio es previsible. El destino de la región dependerá del grado de resistencia que enfrente la maquinaria bélica, precisa y sofisticada, de Estados Unidos frente a pueblos y gobiernos que no se subordinan al imperio.

Con información de Página 12

Publicado en lanuevacomuna.com

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