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LA ERA MILEI

Clarín vs. AFA: el choque por el Ascenso que expone un reordenamiento del poder futbolero

El conflicto entre el Grupo Clarín y Claudio “Chiqui” Tapia dejó de ser un ruido de fondo para convertirse en un operativo discursivo de alto voltaje. Desde la consagración de Rosario Central como “Campeón Anual”, el conglomerado construyó una narrativa de descomposición institucional que excede cualquier desacuerdo deportivo: se trata de una disputa directa por el control del negocio audiovisual del Ascenso y la capacidad de fijar agenda en el ecosistema futbolero.

La operación: del episodio disperso al relato de crisis

En pocos días, Clarín tomó hechos aislados —la polémica por el título de Central, debates internos de la AFA, tensiones dirigenciales— y los soldó en un único relato: el de un organismo fuera de control, conducido por un presidente debilitado. Ese encuadre no es casual ni novedoso. Cada vez que sus intereses económicos pierden centralidad, el grupo despliega su maquinaria narrativa: instalación masiva, presión política y un estilo confrontativo que remite al “periodismo de guerra” de la década pasada.

La pregunta no es “por qué ahora”, sino “qué negocio está en juego”.

El punto de quiebre: el Ascenso como terreno estratégico

El anuncio de que la AFA no renovará el contrato con Torneos y TRISA —socios históricos en la televisación del Ascenso— quebró el statu quo que el grupo sostuvo durante décadas. La cifra pactada en la última renegociación (350 millones anuales para la Primera Nacional y la B Metro) quedó muy por debajo del valor simbólico y económico que la categoría adquirió con el tiempo.

La evolución histórica de los contratos lo demuestra: del piso de 180 millones anuales en 2007, al salto de 290 millones en 2019, hasta los 350 millones del último acuerdo. El Ascenso se volvió un activo creciente, y TyC/Clarín preservó una hegemonía indiscutida en su explotación.

Ese dominio se ve ahora amenazado por dos movimientos que la AFA dejó trascender:

Crear una plataforma propia para transmitir el Ascenso, recuperando producción, distribución e ingresos.

Abrir una licitación amplia a plataformas globales, gigantes tecnológicos y servicios de streaming.

Ambas decisiones corren a Clarín de un territorio que consideraba propio. Y esa pérdida de control sobre la “ventana” del fútbol es, para el grupo, una amenaza estructural.

Reconfiguración del ecosistema audiovisual

La disputa no se reduce a un conflicto comercial. Argentina atraviesa un cambio en la forma de consumir deporte: audiencias jóvenes, fragmentación de pantallas, hábitos multiplataforma. El modelo del “paquete cerrado exclusivo” empieza a resquebrajarse, como ya ocurrió en la música, la prensa y el cine.

La AFA busca posicionarse en esa transición: recuperar autonomía, diversificar ingresos y quebrar la dependencia histórica de los oligopolios mediáticos. La resistencia de Clarín es comprensible: lo que está en juego es la propiedad del relato futbolero y, en última instancia, el poder de definir qué ve el país y bajo qué mirada.

La política vuelve a la cancha

La ofensiva mediática del grupo coincide con el retorno de Javier Milei a la agenda futbolera. El gobierno retomó la idea de intervenir en la AFA, incluso con guiños hacia la FIFA para abrir una disputa institucional. El antecedente inmediato: los intentos fallidos de instalar las Sociedades Anónimas Deportivas.

La simultaneidad entre la presión gubernamental y la avanzada de Clarín sugiere una convergencia de intereses. La ruptura de AFA con Torneos/TRISA reordenó alianzas: un negocio multimillonario quedó sin dueño fijo, y el gobierno visualiza allí una oportunidad para recuperar margen en un territorio de enorme sensibilidad social.

La batalla por el control del relato

Bajo la superficie comercial, el conflicto expresa algo más profundo: quién narra el fútbol argentino. La televisación no es sólo un negocio, sino un dispositivo de legitimación simbólica: otorga visibilidad, establece jerarquías, moldea imaginarios y determina qué actores ocupan el centro de la conversación pública.

La pregunta de fondo es política y cultural:
¿Quién tendrá capacidad de organizar el sentido común futbolero en un país en el que el fútbol opera como ritual, identidad y capital simbólico?

En ese punto converge todo: las presiones mediáticas, los movimientos gubernamentales y la estrategia de la AFA para recuperar control. No es una disputa por un contrato. Es una disputa por el poder narrativo del deporte más influyente del país.

Con información de Letra P

Publicado en La Nueva Comuna

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