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EN NECOCHEA

Cuando la leche se ordeñaba en la playa: una escena impensada del veraneo en la Necochea de los años ’30

Una fotografía conservada en el Archivo General de la Nación Argentina registra una escena que hoy resultaría inadmisible, pero que hacia fines de la década de 1930 formaba parte del paisaje cotidiano del veraneo en Necochea: un hombre ordeñando una vaca en plena playa, mientras turistas aguardan su turno para consumir leche recién extraída.

La imagen, perteneciente al fondo El Cronista Comercial (AR-AGN-ECC01-136162), trasciende la anécdota pintoresca y se convierte en un documento revelador de las prácticas sociales, las ideas sanitarias y el funcionamiento de los balnearios argentinos en la primera mitad del siglo XX.

El protagonista de la escena fue un inmigrante italiano de alrededor de 50 años que encontró una oportunidad económica en una práctica hoy inimaginable: trasladar su vaca hasta la arena para vender leche fresca a los veraneantes. En una época en la que la pasteurización no estaba generalizada, la leche recién ordeñada era valorada como un alimento sano, asociado incluso a propiedades preventivas y terapéuticas.

Lejos de operar en la informalidad, la iniciativa contó con la aprobación del Estado local. La Municipalidad de Necochea exigió controles sanitarios previos tanto al animal como al ordeñador y, una vez cumplidos, otorgó el permiso correspondiente para desarrollar la actividad en el espacio público.

La escena se inscribe en el marco del pensamiento higienista, una corriente que influyó de manera decisiva en las políticas públicas desde fines del siglo XIX. El contacto con la naturaleza, la exposición al sol, el aire marino y una alimentación considerada “pura” eran promovidos como herramientas para fortalecer el cuerpo y prevenir enfermedades. En ese contexto, la playa no era únicamente un lugar de descanso, sino también un ámbito de formación sanitaria.

Prácticas similares se registraron en otros balnearios del país y de Uruguay, donde el consumo de leche —especialmente recomendado para mujeres y niños— formaba parte del ideal de vida saludable que se buscaba difundir entre los sectores urbanos.

Vista desde el presente, la imagen provoca sorpresa e incluso rechazo. Las normas sanitarias actuales volverían imposible una situación de este tipo. Sin embargo, su valor no reside en ser juzgada con criterios contemporáneos, sino en permitir comprender cómo cada época construye sus propias certezas sobre la salud, el progreso y el bienestar.

La vaca en la playa de Necochea funciona así como un símbolo de una Argentina en transición, donde lo rural y lo urbano convivían sin fronteras rígidas, y donde producción y ocio podían superponerse en un mismo espacio.

Más allá de lo insólito, la fotografía cumple una función central como documento histórico. Activa la memoria colectiva y recuerda que las costumbres sociales no son fijas, sino el resultado de contextos científicos, culturales y políticos específicos. En ese sentido, el rol del Archivo General de la Nación resulta clave: conservar estas imágenes para que, décadas después, sigan interrogando el presente.

La escena, escrita en la arena, no habla solo de leche ni de veraneantes. Habla de un país que buscaba en la naturaleza una respuesta a los desafíos de la vida moderna y que, sin saberlo, dejó una postal capaz de revelar cómo también las ideas de bienestar envejecen con el tiempo.

La Nueva Comuna

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