En defensa de la democracia y los intereses de la producción y el trabajo como valores de convivencia ciudadana

Cuando se firmó el decreto el 19 de marzo de 2020, marcando el inicio de la pandemia y de los cuidados, la primera impresión que tuve fue qué este flagelo nos iba a acompañar durante un buen tiempo. Pensé en las personas que trabajan en nuestra pequeña empresa, en los pagos que tenía que realizar y el orden de los vencimientos.

Tenía que definir prioridades. ¿Cuál era en este momento, el eje de razonamiento por donde tenían que pasar todas las decisiones durante el tiempo que nos lleve controlar a un virus desconocido para el mundo?

Lo consulté con muchos compañeros de Apyme y con algunos economistas amigos, mayoristas, colegas etc.

Nosotros, los pequeños empresarios somos generados de valor agregado. Supimos muchas veces que podíamos hacer ante situaciones adversas, pero la pandemia nos daba muy pocas oportunidades.

Pudimos debatirlo entre todos, y la decisión que tomamos en ese momento fue defender la fuente de trabajo, y esencialmente los sueldos del personal. No fue una decisión de asamblea, pero muchos nos habíamos inclinado por esa premisa y el gobierno nacional y provincial nos fue dando herramientas.

Primero nos enteramos que los cheques rechazados sin fondos quedaban sin el efecto financiero y jurídico. Decisión acertada que corresponde para estos casos de situaciones anormales.

Un alivio, todos los argentinos y argentinas habíamos entendido y decidido que había que hacer un “estate quieto”, como decía mi abuelo cuando se cansaba, había que parar. Nadie dijo ni pío.

A los tres días comenzamos a caer, cada una en su casa. Nos había alcanzado este corto tiempo para salir del susto y pensar cómo enfrentar la crisis.

Comenzaron las consultas en los Bancos, empezaron los anuncios del Gobierno, los zoom se pusieron a la orden del día.
Afíp y Arba, suspendieron juicios y embargos. Pusieron a disposición moratorias amplias, con quita de intereses para que todos pudiéramos acceder al sistema financiero.

Los Bancos públicos y el Credicoop pusieron a nuestro alcance créditos con tasas subsidiadas y seis meses de gracia.

El Gobierno Nacional y Provincial puso en marcha el ATP, un acompañamiento para pagar los salarios y así evitar el derrumbe de nuestros esfuerzos de toda la vida, evitando cierres, despidos y angustias.

El IFE ayudo a mantener el consumo mínimo indispensable para sostener en parte al mercado interno.

Puso en franco proceso de recuperación a nuestro sistema de salud, termino hospitales abandonados por el Macrismo, construyó nuevos hospitales modulares en tiempo record, organizo las carpas de asistencia sanitaria desde el Ministerio de defensa, centralizo los insumos y los repartió equitativamente en las provincias.

Los sectores más vulnerables de la población vieron la presencia del Estado Nacional en su mesa con la tarjeta alimentaria, los jubilados con remedios gratis, los niños con el aumento de la AUH.

Los municipios fueron asistidos para pagar sueldos y gastos corrientes de funcionamiento, de esto puede dar testimonio nuestro intendente actual.

Sabiendo que aún queda mucho por hacer, los argentinos que defendemos el trabajo y la producción como forma de generar riqueza les debemos decir gracias por todo, porque no se alejaron del pueblo, estaban ahí, entre nosotros.

Un párrafo aparte para imaginar que nos hubiese pasado a los argentinos, si hubiese estado en el gobierno el mejor equipo de los últimos 50 años. Con ministerios convertidos en secretaria como Salud, Ciencia y Tecnología y trabajo. Apostando a la teoría del rebaño y que se mueran los que se tengan que morir. Renegociando la deuda externa de la mano de Toto Caputo. Un ex gobierno que acompaño el golpe de estado en Bolivia enviando personal especializado en reprimir la protesta social y armas bélicas para usar contra un pueblo desarmado e indefenso que salió a la calle a defender su dignidad y su democracia.

¿Cómo estaría la economía si hubiéramos seguido perdiendo terreno a manos del sector financiero y especulativo del neoliberalismo?
¿Cuántas imágenes como la de Norma Pla o Barbarita llorando de hambre estaríamos sufriendo al verlas desfilar en canales de televisión?

Sin embargo y sin vergüenza

El sector que no tuvo que parar de trabajar, que siguió produciendo y exportando, el sector que se mueve en una economía dolarizada, el sector que se vio beneficiado por la pandemia porque aumentaron las demandas de alimentos en el mundo y treparon los precios internacionales más del 50% en dólares.

Un sector que acostumbra a tercerizar exportaciones para no pagar impuestos, a declarar menos cantidad y subfacturar en negro, un sector que tiene por costumbre declarar menos de lo que exporta, un sector que especula reteniendo exportaciones y declaraciones para presionar con devaluaciones.

Si, si, este sector se movilizo el 9 de Julio y dice que está en juego la republica que construyeron sus abuelos, con campañas al desierto, dictaduras sangrientas, entregas del patrimonio con sus privatizaciones, y endeudamiento externo que puso de rodillas a nuestra soberanía, salió a pedirle a la ciudadanía con las banderas del campo oleaginoso concentrado “la presencialidad en las escuelas”. Una vergüenza.

Es una lástima que estos argentinos que producen en campos argentinos para vender sus cosechas a empresas extranjeras que concentran el 90% de las exportaciones desde la década de la convertibilidad y envían sus regalías a sus países de origen o a guaridas fiscales, no puedan ponerse una vacuna que les quite el odio a los morochos que alguna vez se lavaron los pies en una fuente de la plaza de Mayo
Es Hora que los argentinos nos saquemos la venda de los ojos y todos juntos, potenciemos nuestros recursos y mejoremos la distribución de la riqueza para que haya menos ricos y menos pobres.

Esteban Rodriguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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