Acá está ganando el «no se puede»
* Originalmente, este artículo fue publicado el pasado 5 de abril. Sigue teniendo vigencia.
¿Cuál fue el hecho más relevante que protagonizó el Honorable Concejo Deliberante en los últimos años?
Ud., amigo lector, ya sabe la respuesta: echar a un intendente. ¿Se solucionó alguna de las problemáticas de los ciudadanos con eso? Amigo lector: Ud. también sabe la respuesta.
Pasó un año desde que se destituyó a un intendente y pasó un año desde que asumió otro. Para lo primero, la destitución, una entente de concejales acumuló trabajosamente una cantidad de elementos que, con esfuerzo, podrían llegar a considerarse delitos. Para lo segundo, poner un nuevo intendente, casi el mismo grupo de concejales está haciendo todo lo posible para dejarlo gobernar con una benevolencia cercana a la complacencia.
Pasó un año desde que se dieron a conocer en tono catastrófico los «13 cargos graves», como si fueran una andanada de delitos cometidos en medio de un mar de corrupción. Sin embargo, no se movió el amperímetro de la justicia. ¿Qué pasó?
Tan seguro que parecía todo, tan cantado que parecía el resultado de todo este asunto. Ni la Corte se expidió, ni la Procuraduría está segura de lo que tiene en sus manos, ni el Tribunal de Cuentas inició demanda y ni siquiera un fiscal (subrayo: ni un fiscal) de ningún fuero (federal o provincial, penal, civil, contencioso administrativo o de paz) llamó a declarar a nadie. La gente ya se pregunta: ¿hubo delitos o no? ¿Al final, todo se trató de una zancadilla política?
Pasó un año y es una verdad a voces que la intendencia interina hace lo que puede o menos. Con habilidad y muñeca, el jefe comunal provisional mantiene los acuerdos políticos necesarios con la oposición como para mantener una ilusión de institucionalidad, la cuál solamente significa pagar los sueldos de los empleados municipales y nada más.
Pasó un año en que los necochenses y quequenenses esperamos que las cosas cambien para bien. Pero hay que decirlo claramente: hoy la administración del Estado Municipal no resuelve los problemas de la gente. Al contrario, se crean nuevos problemas para el ciudadano común, fruto de la desidia y la ineficiencia.
La extrema mediocridad de asegurar la gobernabilidad sólo indica eso: extrema mediocridad de una clase dirigente incapaz, que no puede o no sabe implementar iniciativas positivas en la administración del estado.
¿Qué se ha aportado para esta comunidad hambrienta de soluciones y saturada de problemas? Dentro de unos años, cuando alguien lea la historia que estamos escribiendo, pasará de largo estas páginas aburridas, en las que figurarán intendentes que no supieron gobernar, concejales cuyo único mérito será haber echado intendentes, y todos serán señalados en los textos por perder su oportunidad de ser protagonistas de esa historia.
Al día de hoy, la noticia es que muchos le prenden velas a la Suprema Corte de Justicia. Piden, ruegan, suplican que el Tribunal se exprese diciendo «tenía razón fulano» o «tenía razón mengano». Mientras, los expedientes judiciales se mueven elefantiásicamente, torpes y lentos, los legajos van engordando y el coro de los grises observa con excitación cada paso, como animales que se ceban cuando olfatean sangre, cubriéndolo todo de especulaciones vanas.
La política, esa noble y a la vez viciada actividad ciudadana, que nació en la cuna de la civilidad para conducir a la gente hacia el bien común, está desapareciendo. La política, en vez de darle vida y movimiento a la sociedad, está muriendo de asfixia.
Acá está ganando el «no se puede». Acá no pasa nada.
Alfredo Barros / LANUEVACOMUNA.COM
