
El nuevo armado provincial de Cristina con Alicia, Insaurralde, Espinoza y el tío Julián
Por Guadalupe Martin
Fue en el Mercado Central, en tierras de La Matanza y con la excusa de celebrar el Carnaval. Pero la foto vino grafica un rumor que hace semanas recorre el oficialismo: los intendentes Fernando Espinoza y Martín Insaurralde formarían parte central del nuevo diseño de poder que la Casa Rosada está trazando para la provincia de Buenos Aires.
Ello los ubica junto al presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, en roles destacados tanto en las listas para las legislativas de octubre como en la conducción del PJ boanerense, que debería empezar a definirse el mes próximo.
Se trata de un nuevo esquema de poder cristinista, que en caso de concretarse dejaría afuera de los lugares más expectantes a dos pesos pesados de la provincial: El gobernador Daniel Scioli y el intendente de Tigre, Sergio Massa, que también se mostraron juntos en Carnaval en el Delta.
Insaurralde secundaría a Alicia Kirchner en las listas de diputados nacionales y Espinoza asumiría la conducción del PJ bonaerense junto a Julián Domínguez.
Espinoza, incluso podría asumir también un cargo en el gobierno nacional y dejaría la intendencia de La Matanza, más grande del país.
Se trata de un acuerdo de fuerte peso electoral, pues Insaurralde y Espinoza gobiernan los dos distritos poderosos en términos electorales, por la cantidad de habitantes. Su alineamiento garantiza a la Casa Rosada el control territorial de la Tercera Sección Electoral, mientras que la que le sigue en cantidad de habitantes, la Primera, está hoy hegemonizada por Massa y los intendentes que lo acompañan.
Insaurralde y Espinoza reeligieron en sus municipios por altísimos porcentajes y la Casa Rosada ya venía trabajando en apuntalar la proyección pública del joven intendente de Lomas de Zamora, al que alguna vez Néstor Kirchne imaginó como «un Massa de nuestro lado». Esto es un politico joven, fachero y con fuerte impronta de gestión.
Esa línea fue trabajada sin disimulos en los últimos tiempos, cuando en el programa de Marcelo Tinelli se empezó a mostrar a Insaurralde y se jugó abiertamente con la idea de un amorío entre el joven intedente y la actriz Florencia Peña, que no casualmente se mostró junto a él y a Espinoza en La Matanza.
En el gobierno conocen demasiado bien el poder electoral que se puede construir desde la pantalla de Show Match. Fue en ese programa donde Francisco de Narváez alcanzó una popularidad impensada, que contribuyó a su triunfo sobre Néstor Kirchner en el 2009. Esta inteligente operación de construcción de imagen pública, acompañada con la profusión para mostrar la gestión de Lomas de Zamora en medios kirchneristas y el halo heroico y sentimental que genera verlo repuesto –por fortuna- del difícil trance que le provocó hace no mucho tiempo un cáncer de testículos que lo obligó a tomarse licencia en el cargo, hicieron de Insaurralde una pieza apetecible para el entramado de la Casa Rosada.
Y según distintos sondeos que manejan en la Casa Rosada su conocimiento e imagen positiva crecieron de manera sustancial.
Tanto Insaurralde como Espinoza vienen realizando en forma continúa declaraciones a favor de Cristina. Con ministros con bajo perfil, y diputados con poco conocimiento en la opinión pública, el Gobierno parece haber encontrado en los intendentes de los distritos más populosos voceros más atractivos.
El padrino de estos jefes comunales parece ser Julián Domínguez, quien se luce como el principal operador del PJ cristinista, que se devoró al ensayo camporista de «Unidos y Organizados», organización que en el plano politico está en franca declinación, como señaló la propia esposa de Carlos Kunkel, la senadora provincial Cristina Fioramonti.
De hecho, el rol destacado de Domínguez quedó en evidencia en la cumbre de intendentes bonaerenses que encabezó en Santa Teresita, donde juntó nada menos que a 69 jefes comunales. Allí no estuvo Horacio Tellechea, no lo invitaron porque estaba ya al borde de la destitución y nadie quería salir junto a él en la foto grupal.
Fue una impactante demostración política que quedó empañada por los torpes ataques de Amado Boudou a Scioli. Y es ese otro de los datos del momento: la ausencia del vicepresidente, que alguna vez se soñó heredero de Cristina, en la nueva discusion del poder al interior del oficialismo.