Una «bolita» en el jardín de la Rosada
Cuando el próximo presidente argentino se asome a la ventana de su despacho que da al fondo de la Casa Rosada, ya no verá a Cristóbal Colón, sino a Juana Azurduy.
Cuando el próximo presidente argentino se asome a la ventana de su despacho que da al fondo de la Casa Rosada, ya no verá a Cristóbal Colón, sino a Juana Azurduy. No estará allí el monumento a un conquistador, sino a una heroína de la independencia sudamericana. La mudanza comenzó a gestarse el día en que el presidente venezolano Hugo Chávez, preguntó provocador: «¿Que hace ahí ese genocida?»
Cambiar un conquistador italiano al servicio del reino de España, por una boliviana que luchó por la independencia sudamericana fue considerado por los liberales como «un capricho de Cristina», pero contiene un profundo simbolismo y refleja un cambio de época.
Durante un siglo, italianos y españoles fueron las comunidades de inmigrantes que más llegaban a la Argentina. Trabajaron duramente en un país que los acogió. Pero desde hace años que uruguayos, paraguayos, peruanos y bolivianos se afincan masivamente en distintas ciudades argentinas en busca de una vida mejor.
Juana Azurduy Padilla era una mestiza nacida Chuquisaca que si arribara hoy a Buenos Aires sería despreciada por los prejuicios raciales de buena parte de la discriminadora clase media porteña. Su paisano potosino, Cornelio Saavedra, gambetearía el etnocentrismo por ser hijo de españoles, pero ambos padecerían el descalificador mote de «bolitas». Quienes emiten ese agravio, muy argentinos, deberían reparar que una boliviana salvó la frontera norte del ataque español y que un boliviano presidió el primer gobierno patrio.
Desde su independencia, la Argentina vivió mirando a Europa: primero a España, después a Inglaterra y finalmente a los Estados Unidos. Pero la guerra de las Malvinas demostró palmariamente que constituimos un país latinomericano, con los mismos amigos y los mismos enemigos que nuestros hermanos. Las naciones del Viejo mundo y Estados Unidos no tuvieron ninguna duda en ayudar al agresor colonial, mientras el apoyo concreto vino de países como Perú y Cuba, en tanto otras naciones hermanas alzaron sus voces en los foros internacionales.
Militante del sueño de la Patria Grande, Juan Domingo Perón advirtió que «el año 2000 nos encontrará unidos o dominados». La región vive hoy un momento único en la lucha por la Patria Grande, con gobiernos que tienen grandes afinidades y promueven transformaciones mucho más profundas que el simple reemplazo de un monumento por otro. Pero el simbólico cambio de ícono corresponde a esta nueva realidad de época que escandaliza a los conservadores.
Colón miraba costas afuera. Juana mira hacia Sudamérica. Desde los jardines de la Casa Rosada, la valiente guerrillera del Alto Perú puede ayudarnos a afianzar nuestra identidad y a demoler prejuicios coloniales.
Por Alberto Dearriba
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