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TANDIL: SEÑALAN VINCULACION DE UNA CASA DE CITAS CON LEGISLADOR


Ekekogate: Fernández, Alfonsín y el escándalo
En esas piruetas asombrosas, y no poco frecuentes, que tiene la vida pública, Carlos Fernández, el senador radical oriundo de Tandil y presidente de su bloque, tendrá que explicar cómo fue que se alquiló una propiedad de su familia a un prostíbulo y él no lo sabía. El hombre que se hizo fama de poner el pecho y explicar todo, hasta lo inexplicable, tendrá que hacerlo esta vez no para un gobierno sino para sí mismo.
 por Juan Perone  | 17/04/2013
Hablamos de «piruetas» porque cuando salió a la luz el caso de Zaffaroni, el juez que tenía cinco de sus quince propiedades en Buenos Aires alquiladas para privados, Ricardito Alfonsín había reclamado, con el vigor que lo caracteriza, la renuncia del magistrado.
Ricardito Alfonsín y Carlos Fernández son íntimos, pero sobre todo parte de un mismo esquema político dentro del radicalismo que se llama «MORENA».  Y fue entonces el amigo y conductor de Fernández quien dijo que el juez: "frente al papelón, aunque no hubiera delito, debería renunciar".
Así es.  Alfonsín asumía que por la responsabilidad pública del juez no podía quedar ni sospecha de relación entre esa investidura y el negocio del proxenetismo, el negocio del sexo rentado que da de comer a terceros, incluido al rubro inmobiliario.
"Este gran escándalo afecta la majestad de la Justicia ", dijo. "Tiene que ser investigado", dijo. "Es algo que me ha sorprendido, es una persona por la que siento respeto", dijo. 
«La prostitución es una actividad que está sancionada por la ley», dijo.  "Han cambiado muchos valores, hoy parece que todo vale», dijo.  "Frente al papelón, aunque no hubiera delito, Zaffaroni debería renunciar", dijo.
¿Qué le dirá hoy Ricardito a su amigo, conducido y correligionario a quien un fiscal salpica con un caso de proxenetismo y presunta trata?  ¿Qué le dirá más allá de que efectivamente el tandilense haya sabido, o no,  lo que ocurría en su propiedad?
Está claro que no es Fernández el propietario del prostíbulo como negocio.  Pero el hecho de no ser el «chulo» tampoco lo aleja de las responsabilidades ya que en Tandil es difícil desconocer que un bien propio es usado como cabarulo, sobre todo cuando la fisonomía no intenta ningún disimulo.  En el caso del Ekeko se trata de un tugurio de pocas luces por dentro y por fuera y con dos dormitorios arriba del local.  En el ambiente prostibulario, Ekeko era una de las opciones más económicas y peligrosas, para la salud y para la integridad.  Y funcionaba como tal desde hacía muchos años, los suficientes para darse cuenta, como propietario, que allí no funcionaba un pelotero.
También es extraño que en los operativos municipales ejecutados para hacer cumplir la ordenanza que prohíbe el negocio del proxenetismo no se haya incluido este notorio local que entrada la noche le daba un curioso toque azulado y naranja a la iluminación de la esquina de Lisandro de la Torre y Pratt.  En los operativos de inspección, el Ekeko no era visitado.
Tal vez sea cierto lo que dijo el senador radical, a quien lo llamaron varios para obtener una declaración periodística de su parte.  Dijo que no valía la pena contestarle a «cuatro boludos».  Tal vez sea verdad la descripción que hace el legislador de quienes tocamos el tema o sea una cuestión del tamaño de sus manos, pequeñas por cierto.  Lo notable es que ante un caso similar, su líder político no se tomó tan a la ligera el asunto.  De hecho, pidió la renuncia al cargo.
La Justicia investiga porque al margen del prohibido proxenetismo hay sospechas de «trata», de forzamiento de voluntades para permanecer en el negocio.  El senador habría adelantado que con las actas municipales va a pedir la rescisión del contrato.
Al parecer, requeriría de esta formalidad para admitir el inapropiado uso de su bien inmueble.  Uso por muchos conocido, utilizado y abonado.  Una secuencia económica que terminaba en el pago de esa locación y los beneficios correspondientes.
Juan Perone

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