Mientras el gobierno celebra que los sueldos “le ganan a la inflación”, los números reales cuentan otra historia: el salario promedio perdió un 5,5% de poder adquisitivo en apenas cuatro meses, ubicándose incluso por debajo de los niveles de noviembre de 2023, cuando asumió Javier Milei.
De acuerdo a un informe de C-P Consultores, dirigido por Pablo Moldovan y Federico Pastrana, los salarios efectivos del sistema SIPA sufrieron “una caída histórica”, revirtiendo buena parte del leve repunte registrado hacia fines del año pasado.
“Las bondades de la desinflación explotadas el año pasado se encuentran ausentes en la actualidad. El salario efectivo no se recupera sino que cae, dado que la recuperación económica parece haber llegado a su fin; los dólares escasean; la desinflación es más limitada, y el Gobierno impone una pauta salarial demasiado exigente”, evaluó la consultora.
Según sus analistas, la caída del ingreso real funciona hoy como el ancla principal para contener los precios, en un esquema donde la desaceleración inflacionaria ya no se sostiene por el tipo de cambio, que perdió fuerza como variable de control. En ese contexto, el anclaje salarial terminó generando un sesgo marcadamente recesivo.
El salario, motor estancado de la economía
Los datos del SIPA —que se basan en los aportes al sistema previsional y difieren del Coeficiente de Variación Salarial que elabora el INDEC— permiten observar con mayor precisión la evolución real de los ingresos formales.
Los registros del INDEC correspondientes a mayo mostraron que los salarios del sector registrado crecieron 2,4%, apenas por encima de una inflación del 1,5%, aunque venían de dos meses consecutivos de caída en términos reales. Desde noviembre, el poder de compra retrocedió un 6,3%, un derrumbe que aún no logra revertirse.
En el caso del sector informal, los ingresos subieron 5,6% en mayo, aunque ese dato fue influido por una nueva metodología aplicada por el INDEC, que afectó la medición de la inflación. Sin embargo, el organismo no actualizó los datos anteriores, por lo que se perdió consistencia para comparar la evolución histórica.
El Gobierno, la recesión y el poder de compra
El diagnóstico de C-P Consultores es contundente: “El programa económico actual pone a la desinflación por encima de cualquier otro objetivo”, y advierte que “la elección del tipo de política de estabilización no es trivial”, ya que “no hay un único camino para bajar la inflación”.
Aunque desde el oficialismo insisten en que los pilares del plan son el equilibrio fiscal y la disciplina monetaria, el informe señala que el verdadero “éxito” en la baja de la inflación se debe principalmente al ajuste sobre salarios y tipo de cambio. “Mientras el gobierno logró tener bajo control esas dos variables, se consolidó la desinflación”, sostiene.
Pero con el dólar volviendo a subir, ese anclaje perdió fuerza, y el único freno activo sigue siendo el ingreso real, lo que se traduce en menor consumo, retracción de la demanda interna y mayor parálisis económica.
Desaciertos financieros y más ajuste
La reciente eliminación de las LELIQs, sumada a errores de política monetaria, generó una fuerte inestabilidad en el mercado de pesos, lo que se reflejó en una suba del dólar solo contenida por las intervenciones del Banco Central en los futuros. Las tasas en pesos se dispararon, con picos del 100% a un día, y financiamientos que rozan el 90% de TNA, lo que impacta directamente sobre la actividad productiva.
Mientras tanto, el equipo económico liderado por Luis Caputo no logra estabilizar las tasas ni frenar el impacto sobre el tipo de cambio, lo que agrava las expectativas y condiciona la formación de precios.
“Con un ancla cambiaria debilitada y una salarial tan rígida, los límites a los ingresos reales se hacen evidentes y los efectos en el consumo y la demanda agregada convalidan mes a mes la tendencia al estancamiento”, apunta el informe.
Menos jubilaciones, más desigualdad
El informe también destaca el desplome del gasto previsional desde la llegada de Milei al poder, con un enfoque que combina ajuste fiscal extremo y un recorte drástico en la inversión social.
“La reafirmación de una política fiscal con un compromiso fuerte con el superávit fiscal, en un contexto de debilitamiento de la recaudación económica, refuerza la tendencia al estancamiento”, subraya C-P Consultores. Además, advierte que “el carácter restrictivo de la política social y de previsión social le suma un carácter desigualador”.
Finalmente, el informe concluye que el deterioro del empleo registrado y su reemplazo por formas de trabajo precario o cuentapropismo forzado no son detalles menores: “Implica una pérdida de ingresos. Este efecto no solo impacta sobre la calidad de vida de los hogares, sino también sobre la demanda agregada”.
La Nueva Comuna