
Un juez con miedo no puede ser juez
Hace pocos días el Departamento Judicial de Necochea cumplió 25 años de su creación. En ese momento seguramente muchos necochenses se habrán preguntado lo mismo que quien escribe: ¿cuánto le debe aún la Justicia a los necochenses?
Y a qué viene este interrogante. Se basa en que el Poder Judicial, salvo honrosas excepciones, es lento y, generalmente, resulta insuficiente y por lo tanto se torna en Injusto. Si no da respuestas a los demandantes en tiempo y forma, empaña en mucho su razón de ser.
Esta introducción tiene que ver con una situación realmente insólita que se ha registrado en Necochea y que marca un precedente de ahora en más de derivaciones absolutamente injustas.
El Tribunal del Trabajo, que integran los doctores Alejandro Antonio Horquín, Victor Hugo Caimani y Daniel Alberto Bergero se excusó en dos demandas legales presentadas por ex empleados de Ecos Diarios.
En el fundamento de su excusación los jueces arguyen una cuestión de decoro. Es decir que el decoro (¿) pasa a ser más importante que hacer justicia, razón de ser y existir de un magistrado.
La realidad de esa excusación es que en dicho tribunal cumple funciones administrativas (mesa de entradas) una hija del propietario de Ecos Diarios. Por lo tanto los magistrados del tribunal consideran que no pueden intervenir argumentando el decoro, y olvidando su necesaria función de dictar justicia.
Si esa es la razón de la excusación los miembros del Tribunal del Trabajo, se me ocurre, deberían apartar momentáneamente de esa dependencia a la familiar en cuestión, pero no dejar de intervenir en una demanda de su estricta incumbencia.
La primera excusación tuvo lugar en abril del año anterior cuando llegó a las manos del Tribunal del Trabajo el expediente por el despido de la empleada Silvia Valdés, que cumplía tareas de promotora y venta de publicidad en el diario de la ciudad con una antigüedad de diez años.
Poco después volvieron a excusarse al llegar la demanda por el despido del periodista Miguel Correa quien desempeñó funciones en Ecos Diarios por 28 años.
Ambos casos, desde entonces, hace ya más de siete meses quedaron en la nebulosa y los expedientes de ambos no avanzaron pese a los planteos de los letrados patrocinantes de los trabajadores. Recién a principios de este año, pasada la feria de enero, se nombraron jueces para atender estos expedientes que no son del fuero laboral. Pero este proceso tampoco está definido, el tiempo pasa y los demandantes reclaman justicia y se amparan en la Constitución que les asegura una justicia libre e independiente.
Esto no solo significa más tiempo perdido para los demandantes, sino más trabajo para magistrados que ya están atiborrados por sus propias funciones naturales en el Poder Judicial.
Lo que sí se puede verificar hoy es que aparte de los dos casos mencionados, los 52 o 55 empleados de Ecos Diarios ya no cuentan con un Tribunal del Trabajo de Necochea que atienda cualquier tipo de demanda o acción contra su empresa empleadora, pues los jueces no harán otra cosa que excusarse argumentando nuevas razones de decoro, olvidando su razón de ser y existir.
Un juez con miedo no puede ser juez. Un juez que es permeable a las presiones no puede ser juez. Un juez que privilegia el decoro a la justicia tampoco puede ser juez.
Mientras tanto estos dos empleados todavía continúan esperando que sus expedientes lleguen a manos de jueces que privilegien la justicia al decoro.
La gravedad del precedente sentado, además, deja fuera del sistema judicial a más de 50 trabajadores de una empresa periodística que hace y deshace del maltrato su espada favorita. Cámaras con micrófonos observan su comportamiento durante los horarios de trabajo y actos de destrato a sus empleadores, por ejemplo.
No importa esta presión y estado de sospecha cotidiano, porque si algún trabajador los demanda en el futuro el diario de la ciudad tendrá la justicia laboral como aliada, bajo la excusación por decoro.
La función del juez no es hacer ciencia del derecho en base a especulaciones abstractas sino hacer jurisprudencia, usar de la prudencia en la realización efectiva del derecho: no puede renunciar conscientemente al deber moral de administrar justicia. Como sostiene el afamado jurista Fernandez Moore, no sirven los jueces de agua (incoloros, inodoros e insípidos).