Las circularidades de la historia y el poder
Atilio Alberto Meza es socio de Fernando Niembro en la empresa La Usina Producciones, por la que facturaron más de 20 millones de pesos al gobierno macrista y al Banco Ciudad, únicos clientes de una firma que no contaba con empleados.
En los últimos días salieron a la luz sus profusos negocios: cuando el periodista deportivo ocupó la Secretaría de Comunicación y la vocería de Carlos Menem, Meza se incorporaba al no auditable universo de los espías, la Secretaria de Inteligencia del Estado, pocas semanas después del 18 de julio de 1994, en el que un atentado terrorista cegó la vida de 85 personas y redujo a la AMIA,
Por esas circularidades de la historia y el poder, en estos días Jorge Anzorreguy, hermano de Hugo, es el abogado de Niembro. Es además el defensor de Hugo Jinkis en Argentina del FifaGate. También patrocinó a Ernestina Herrera de Noble en la causa que investigó la presunta apropiación ilegal durante la dictadura cívico-militar de los hijos de la titular del Grupo Clarín. Y fue asesor del Banco Ciudad en 2010.
«La cadena de la felicidad»
Meza cumplió los servicios del espía en pleno menemismo. Aquellos años en los que en las redacciones se instaló «la cadena de la felicidad», un eufemismo con el que se apuntaba, se describía, el modus operandi de periodistas escribas que engordaban sus ingresos con sobres rellenos de billetes.
Ahora la Procelac investiga a la administración PRO, a Niembro y a su amigo, el ex espía menemista Meza, por supuestas (millonarias) contrataciones irregulares, que incluirían «incumplimiento de los deberes de funcionario público» y «lavado de activos provenientes de actividades delictivas». Un rosario de delitos que se desprendería del centenar y medio de contratos» entre tándem Niembro-Meza y el macrismo. La versión PRO de la «cadena de la felicidad».
