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OPINION: «VIENTOS DE CAMBIO EN GRECIA» por CARLOS HELLER



«Prestemos atención a los efectos del ajuste en Grecia»

Salvavidas de plomo
Luego de varios años, el malestar del pueblo griego se hizo sentir con fuerza el pasado domingo 25 de enero en las urnas, reflejando las dolorosas e impopulares medidas de austeridad económica que implementaron los gobiernos anteriores como contrapartida de la asistencia financiera otorgada por la «Troika», pseudónimo con el que se denomina a la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Desde principios del año 2010 y como consecuencia de la crisis financiera de 2007-2008, Grecia acordó paquetes de «ayuda» por más de 240.000 millones de euros, cuyos beneficios no fueron «derramados» en la sociedad sino que se quedaron en el sistema financiero para saldar deudas y rescatar a entidades del sector.
La deuda griega llega a los 257.000 millones de euros, lo que equivale a aproximadamente el 175% del producto interno bruto, la mayor de Europa medida en términos de PIB. Pero lo más preocupante se encuentra en las estadísticas sociales del país heleno, el que luego de seis años de recesión, cinco bajo la «tutela» de la Troika, sufrió una caída del 25% en el nivel de actividad, triplicó su desempleo llegando al 26% y donde un tercio de la población perdió todo tipo de seguridad social y vive por debajo de la línea de pobreza.
Estos índices no son mencionados por quienes supuestamente actuaron en los últimos años «con los mejores propósitos de ayudar a Grecia». En tanto, el economista jefe del FMI Olivier Blanchard, fue muy categórico y pareciera haber resumido la visión ortodoxa del ambiente político europeo al señalar: «El desempleo aún sigue demasiado elevado y en España, como en otros países, eso está llevando al alza de partidos que ni siquiera quieren ser parte del euro, que adoptan posiciones populistas. Es algo sobre lo que nos tenemos que preocupar».

Argentina, un ejemplo para el nuevo gobierno de Syriza 
En este contexto Alexis Tsipras, primer ministro recientemente electo y líder del partido Syriza (Coalición de Izquierda Radical), se encontrará ante dos frentes. Por un lado, la constante presión por parte de los acreedores para continuar aplicando las «medidas de ajuste» que llevaron a la sociedad griega a un estado de crisis humanitaria y, por el otro, las no menos intensas demandas de los representantes de su propio partido, que intentarán «regatear», según publica el Financial Times, todo lo que se pueda ante una eventual reestructuración de la deuda.
«La vuelta de página» que promete dar Tsipras requerirá la difícil tarea de enfrentarse a aquellos centros de poder financiero y a los gobiernos complacientes que se beneficiaron de los «rescates» a Grecia en los últimos años. De acuerdo a las declaraciones del flamante ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, el nuevo gobierno presentará un «plan a la Eurozona para minimizar la debacle griega», el cual entre otras cosas incluirá «reformas genuinas y la creación de un plan racional de reestructuración de deuda» cuya línea central será «condicionar el repago (de la misma) al crecimiento».
En varias oportunidades, los miembros de Syriza se refirieron positivamente a la reestructuración de la deuda argentina. De la misma forma, también es importante que prestemos atención a los efectos del ajuste en Grecia, ya conocidos por los argentinos, pero que vuelven, convenientemente camuflados, en las varias recetas de muchos candidatos de la oposición al actual proyecto. Es habitual escucharlos lamentarse por la falta de acceso de nuestro país a los mercados de deuda, y prometer que trabajarán para que ello cambie radicalmente y podamos recibir ingentes préstamos externos en moneda dura. Precisamente, esos recursos de deuda son los que están condicionando (además de los ajustes impuestos por la Troika) la recuperación de la economía griega.

Fuente: eldestapeweb
 

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