ACTUALIDAD, MEDIOS & REDES, OPINION

OPINION: «SOBRE TETAS NO HAY NADA ESCRITO» por JOHANNA RADUSKY


«Poder expresar nuestra corporalidad de forma libre es para nosotras una forma de mostrarle a la sociedad argentina que es víctima de su doble moral» 

Este sábado se realizó la 5° Marcha del Orgullo y Lucha LGTTTBIPQ en Necochea. Fue la 5° vez consecutiva que gays, lesbianas, trans, travestis, queers, pansexuales, intersex y amigxs de la disidencia caminamos con alegre rebeldía por las calles de nuestra ciudad. Fue la 5° vez consecutiva que levantamos masivamente nuestras voces, manifestándonos contra todo tipo de violencia y discriminación machista, misógina y patriarcal en nuestra sociedad. Lamentablemente, también por 5° oportunidad las voces de la heteronorma, la moral y las buenas costumbres pusieron su grito en el cielo, banalizando nuestros cuerpos y nuestros reclamos.

Mi nombre es Johanna Radusky. Tengo 27 años. Soy necochense porque vivo en Necochea, camino todos los días por sus calles, estudio en un instituto terciario de esta ciudad y trabajo en esto que algunos dan a llamar como el oficio de la comunicación social. Soy, por supuesto, muchas otras cosas, entre ellas, miembro de la comunidad LGTTTBIPQ. Lesbiana declarada, y encima con algunos kilos de más, que explota su disidencia sexual y corporal a diario.

Como periodista, abrazo la labor de dar siempre la voz a otros y a otras, de dejar que se expresen y manifiesten sus posturas. Dar la voz, a eso me dedico. Pero hoy decidí tomarla e introducirme a mí misma de lleno en el debate, como estudiante, como trabajadora, como hija, como hermana, como lesbiana que ama, como algo más que una teta, pero a la vez como mujer que lleva un par de ellas en su pecho y las ostenta orgullosa, rebelde y alegremente.

Mucha ropa, poca teta, mente corta
La Marcha del Orgullo es un hecho político que nos permite manifestar lo que sentimos y lo que pensamos, alzar nuestras voces y expresarnos en libertad, visibilizar nuestra disidencia, reclamar lo que creemos justo, luchar contra la opresión y, además, encontrarnos, que es la forma más bella de construir lo colectivo.

Pero además, la Marcha del Orgullo es un hecho político porque nos permite entender dónde estamos paradxs socialmente todxs aquellxs que no comulgamos con un modelo heternormativo, machista y patriarcal de sociedad. La Marcha del Orgullo nos permite visualizar cuánto nos falta, cuántos ríos de tinta quedan por escribir, cuántas movilizaciones quedan por organizar, cuántos debates restan por abrir, cuánto trabajo, cuánto estudio, cuánto diálogo, cuánta militancia….sobre todo cuando, al día siguiente, las voces de la moral y las buenas costumbres se dejan escuchar.

Varios medios de comunicación lanzaron crónicas confusas, deliberadamente (o no) breves y absolutamente centradas en el tema de los “cinco o seis” pares de TETAS que se dejaron ver durante el evento. ¿Fueron muchas o pocas tetas? ¿Corresponde mostrar las tetas? ¿Qué tienen que ver las tetas con la Iglesia? Por supuesto, no creo que haya nada casual en esto que llamamos “periodismo”. Cada palabra y cada omisión están minuciosamente pensadas. Pero analizar este fenómeno me llevaría más de lo que pretendo. Vayamos mejor a uno de los ejes de la cuestión.

Hace dos semanas tres mujeres fueron violentadas por la policía al mostrar su torso en una playa pública de Necochea. Hasta ahí la crónica. El hecho provocó extensos argumentos a favor y en contra. Hasta ahí el “escandalete” mediático. La respuesta organizada consistió en la convocatoria a un “tetazo” para el día Martes 7 de Febrero en varias ciudades a lo largo y ancho del país.

Hasta ahí el dato. “Tetazo” y “Marcha del Orgullo” son dos convocatorias diferentes, aunque, por supuesto, relacionadas entre sí. Enfocarse mediáticamente en las tetas que se mostraban o no se mostraban durante la manifestación supone minimizar o, lo que es peor, BORRAR absolutamente toda la serie de reclamos que dieron lugar a la actividad. Para no ocupar más lugar, invito a leerlos entrando a este link: http://www.lanuevacomuna.com/2017/01/convocan-la-5-marcha-del-orgullo.html

¿Mostrar las tetas “desvirtúa” los reclamos?
Ahora bien, que el “tetazo” y la Marcha del Orgullo sean convocatorias diferentes no significa que sean opuestas. Poder expresar nuestra corporalidad de forma libre (libre de prejuicios) es para nosotras una forma de mostrarle a la sociedad argentina que es víctima de su doble moral.

«Algunas tetas escandalizan a las buenas familias, otras son trofeos en la pantalla», manifestaba la compañera Mariel Martínez en una nota que recomiendo leer: http://www.lanuevacomuna.com/2017/02/opinion-hasta-las-tetas-por-mariel.html#ixzz4XovtDG99

De esta manera, mostrar las tetas no “desvirtúa” los reclamos, los acompaña. Mostrar las tetas, mostrar el cuerpo, gritarle a la sociedad que acá seguimos, existiendo, en este lado cada vez más ancho del bote, las corporalidades mutiladas, violentadas, torturadas, reprimidas, cuestionadas, comercializadas, criminalizadas, acosadas, hostigadas, juzgadas, discriminadas…

Acá seguimos, aunque no nos escriban. Aunque pocos nos relaten. Aunque otros nos desvirtúen, acusándonos de desvirtuar. No se puede tapar el sol con una mano, aunque sea la del mejor periodistólogo del distrito.

Toda teta es política
Con el debido perdón de los opinólogos de las redes sociales, mostrar las tetas en una manifestación política no tiene nada que ver con la “transgresión malentendida”. En primer lugar, por las razones expuestas anteriormente, porque nuestras tetas, nos guste o no, cargan sobre sí mismas un sentido histórico: una historia de luchas extensas, inacabadas, de otras mujeres que vivieron antes que nosotras y que pelearon, muchas veces hasta la muerte misma, por liberarse de la opresión que todo un sistema político, social, eclesiástico, educativo, sanitario, policial, imprimía sobre sus cuerpos.

Toda teta es política. Nosotras sabemos muy bien lo que hacemos cuando lo hacemos y no somos ningunas “desubicadas”. Que lo sepan todos los ciudadanos: detrás de la noticia que llega a nuestras pantallas, que escuchamos a través de la radio, hay personas que se organizan, se juntan, debaten colectivamente, toman decisiones, disienten, generan acuerdos y dan lugar, de vez en cuando, a movilizaciones masivas, donde todas esas discusiones se ponen en práctica.

En la política, como en el periodismo, nada es casual. No se trata de la transgresión por la transgresión misma. Nosotras sabemos muy bien lo que transgredimos cuando ponemos nuestros cuerpos en acto o acordamos con el hecho de que otrxs lo hagan. Transgredimos, sí, todo lo que entendemos como causa de la discriminación que sufrimos diariamente: transgredimos la doble moral, el control que las instituciones quieren ejercer sobre nuestros cuerpos, violentándolos, la cultura de la represión, el pensamiento machista que consume pornografía y deja a sus hijos mirar el programa de Marcelo Tinelli mientras se escandaliza por un par de tetas en la vía pública. Transgredimos, y lo hacemos para abrazarnos a la tolerancia y a la libertad.

Los opinólogos de las redes sociales nos mandan “a trabajar”. Este argumento cae por su propio peso. Los miembros del colectivo LGTTTBIPQ trabajamos. Somos profesionales, trabajadores y estudiantes que salimos de vez en cuando a la calle a reclamar por nuestros derechos, entre ellos, que nos eduquen en la diferencia, que no nos acosen en nuestros lugares de trabajo. Reclamamos el mismo acceso a la salud, la educación y el empleo que tiene cualquier ciudadano y, los que podemos, ejercemos esa posibilidad desde una mirada crítica, inconformista, profundamente convencidxs de que podemos crecer como sociedad.

Si llegaste hasta acá, no queda más que abrazarte a la distancia, y esperar que estas palabras hayan servido para allanar el camino del diálogo y del debate, libre, disidente, corporalmente soberano, entre diferencias que no pretenden anularse unas a otras.

Que “cinco o seis” tetas no nos tapen el bosque.

Deja un comentario


Soporte Wordpress por Efemosse y Alipso