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OPINION: «ACORDAR ACCIONES Y OBRAS PARA LA INTEGRIDAD DEL PARQUE» por SEBASTIAN SARASIBAR

Aunar posturas, no radicalizarlas

Promediando el siglo pasado, se creó el Parque Miguel Lillo conformando una barrera de 600 hectáreas, que frenaba el avance de los médanos e interrumpía los fuertes vientos del sur, pero a su vez marcaría el diseño y desarrollo del frente costero de Necochea al actuar como un impedimento que reduciría el desarrollo urbano en forma paralela al mar.

El presente nos encuentra con las opiniones estan divididas. Estan quienes quisieran lotear toda la masa forestal del parque Miguel Lillo pensando en un crecimiento y desarrollo urbano, otros que creen en una postura intermedia, de intervencion parcializada, controlada y regulada, y quienes como el LISEA (Laboratorio de Investigacion de Sistemas Ecológicos y Ambientales) proponen generar una misma unidad de análisis parque-playa que en una mirada integradora, promuevan abordar las acciones que minimicen los impáctos negativos que alteren el medio natural.

Se ha dicho:

-El Parque Miguel Lillo es un conjunto ambiental y de gestión “… construido por el hombre, reservado al usufructo público, con características derivadas de su localización costera, grandes dimensiones, fragilidad ambiental y riesgos asociados” Plan de manejo del Parque Miguel Lillo. UNLP LISEA. Informe final. 2003.

-Las dunas vivas que caracterizaban el litoral costero condicionaron la localización de la Ciudad de Necochea a 30, o más, cuadras del mar, ya que “…la movilidad de los médanos de arena … arrastrados de uno a otro lado por los vientos…daría lugar a una irremediable molestia para la vida de los futuros habitantes del pueblo….”
Don Francisco Baño. “Horas perdidas”. Libro del Centenario de Necochea. 1981. Ecos Diarios.

-El Parque Miguel Lillo, “…reserva forestal y parque público…” dentro de la categoría de protector y permanente (fijación y forestación de dunas), vino a cubrir un papel muy importante en la generación de las condiciones de habitabilidad. En principio, produciendo espacios destinados a la recreación, ya que dotaría“… al balneario de Necochea de un extenso marco arbolado…que le conferirá extraordinaria jerarquía turística …” y a posteriori, la recuperación del territorio para el asentamiento poblacional y el desarrollo urbano.

Decreto 2648/56

-“…En el sector costero vecino al Parque Lillo se constato a través de observaciones de campo que las rampas de dunas, que normalmente se emplazan entre la playa y la duna costera, se han desactivado; y en los casos en que llegan a la barrera de médanos quedan entrampadas por la vegetación y por lo tanto inducen erosión de las playas”.
Dr. Federico I. Isla , Centro de Geologia de Costas y del Cuaternario (UNMDP). 1993.

*Extraido del Plan de Manejo del Parque Miguel Lillo – 2007

Actualmente podemos observar como el desmanejo de la mayoria (no todos) de los ultimos gobiernos comunales, falta de presupuestos, el mal uso de la gente en general realizando distintos atropellos a los espacios publicos, como acceder con vehiculos en lugares prohibidos, realizar pintadas en el anfiteatro, museo u otras construcciones, destruir los baños publicos, ensuciar los distintos sectores, cortal arboles, etc, condujeron a la situación actual de deterioro de la masa forestal y de pérdida de la calidad de sus servicios.

No existen dudas respecto a la necesidad de acordar acciones y obras que aseguren su integridad y su uso colectivo, regulando las intervenciones y fijando las condiciones de uso por encima de las distintas administraciones y de la especulación del suelo urbano.

De todas maneras la realidad nos indica como el parque es un claro ejemplo de “La teoria de las ventanas rotas“ Dicha teoria fue desarrollada en la Universidad de Stanford, por el Prof. Phillip Zimbardo, quien realizó un experimento de psicología social, y expreso lo siguiente:

“Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y color. Uno lo dejó en el Bronx, una zona pobre y conflictiva de Nueva York, y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos, abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes, y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada lugar.

El auto del Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas, ya sea robándose lo utilizable o destruyendo el resto. El de Palo Alto se mantuvo intacto.

Pero el experimento no finalizó allí. A la semana, cuando el auto del Bronx estaba deshecho y el de Palo Alto impecable, los investigadores rompieron el vidrio de este último. Como resultado, se desató el mismo proceso que en el Bronx: robo, violencia y vandalismo. ¿Por qué un vidrio roto en el auto del barrio supuestamente «seguro» desata un proceso delictivo?

Es evidentemente algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Acá viene lo interesante: un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, desinterés, Despreocupación, que va rompiendo códigos de convivencia. Es como una sensación de ausencia de ley, de normas, de reglas, algo así como que «vale todo». Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores, desarrollaron la teoría de las ventanas rotas, la misma que desde un punto de vista criminológico, concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe el vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás.

Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importar a nadie, entonces allí se generará el delito.

Si se cometen pequeñas faltas (estacionar en lugar prohibido, exceso de velocidad o no respetar luz roja), y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente, serán los delincuentes quienes ocuparán esos espacios.”

Existen dos realidades, una vinculada a lo medio ambiental y con una mirada urbanistica que sostiene la vinculacion parque-playa con argumentos como su ubicacion ideal, necesario y de reduccion del impacto ambiental, y la otra que seria de  un gran porcentaje de la poblacion, que “demanda” un desarrollo urbanistico paralelo al mar, argumentando que nuestro frente costero (de solo 10 cuadras) es demasiado acotado y que un crecimiento hacia el sur captaria nuevos y necesarios proyectos de inversion, que impactaria directa e indirectamente con ingresos a las arcas publicas y mayor circulante en la ciudad, captacion de turistas perteneciente a un segmento ABC1, que Seguramente la primer postura sea la ideal, aunque tal vez de avanzada para una comunidad que ha tenido gobiernos que no sostienen o establecen politicas de Estado como debiera ser esta, o no posee el acompañamiento del gobierno provincial o nacional para obras necesarias. La segunda mirada y vision, esta muy vinculada al estado actual del parque, su entorno y el deseo de crecimiento frente al mar, no a espaldas.

Es por esto que debemos preguntarnos si cabe la posibilidad de aunar posturas y no radicalizarlas, Debemos intentar llegar a acuerdos, trabajos mancomunados, y de largo plazo. Lo que esta claro tambien, es que la realidad actual no le sirve a nadie, y lo que es peor, pocos sectores discuten seriamente que hacer con el Parque Miguel Lillo, mas aun dentro de la mayoria de los partidos politicos, hoy dia muy abocados al armado de listas, pero excepto unos pocos, carentes de ideas y proyectos serios que beneficien a la poblacion.

No se trata de privatizar o “no tocar”, el parque Miguel Lillo posee sectores muy disimiles, algunos bien forestados, otros que necesitan un urgente plan de raleo, otros totalmente deforestados (mas precisamente desde la calle 201 a la 221), otros concesionados, algunos de ellos utilizados por quienes desarrollan actividades deportivas, otras culturales, de esparcimiento y otras nunca utilizadas excepto para dañarlas.

En sintesis, el doble discurso de “no tocar” pero paralelamente destruirlo de diferentes formas, sin planificacion seria ni asignando recursos por parte del gobierno communal, ha llevado a que uestro Parque Miguel Lillo presente un estado cada vez mas critico

Sebastian Sarasibar 
Mart y Corr Publico (Mat 312) 
Director Red/MAS 
Miembro de la Camara Arg de Inmob Rurales 
 
 

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