MEMORIA & DDHH

Ocultaron una estatua de Evita bajo tierra para resguardarla del golpe del ’55 y la recuperaron tres décadas después: la memoria viva de Lincoln

Durante el golpe militar de 1955, en medio de la persecución al peronismo, un grupo de vecinos del partido de Lincoln decidió actuar con determinación: escondieron una estatua de Eva Perón para evitar su destrucción. Enterrada en un campo rural y olvidada por más de treinta años, la figura fue hallada casi intacta en 1987 y hoy ocupa un lugar central en la plaza que lleva su nombre, como símbolo de resistencia y memoria.

La hostilidad hacia el peronismo no comenzó con el derrocamiento de Perón: ya existía cuando aún era funcionario bajo la presidencia de Edelmiro Farrel y promovía políticas a favor de los sectores postergados. En el pueblo de Coronel Martínez de Hoz —más conocido por los lugareños como Cojudo Muerto—, la comunidad peronista decidió anticiparse a la ofensiva reaccionaria. Antes de septiembre del ‘55, retiraron discretamente el busto de Eva Perón de la plaza principal. Militantes locales lo trasladaron a una estancia cercana, donde fue cuidadosamente enterrado para protegerlo del odio de los “contras”.

“La gente agarró el busto de Evita, que estaba colocado en la plaza principal del pueblo, lo sacó, lo trasladó y lo llevó hasta la estancia Santa María, ubicada a 7 kilómetros de la ciudad cabecera de Coronel Martínez de Hoz, conocido como Cojudo Muerto (en referencia a un caballo que murió). No fue un terreno de la familia Cartechini que suele ser el relato más repetido”, detalla Jorge Fernández, tres veces intendente de Lincoln.

Según cuenta, el busto fue colocado en un tanque de fibrocemento, junto a diarios, revistas y libros de la época, todo cuidadosamente embalado. El tanque fue enterrado en el suelo de la cocina de un puesto rural, a unos mil metros del camino principal. Tanto el puestero como uno de los militantes que participaron del ocultamiento recordaban con precisión el sitio exacto. Pero el paso del tiempo, el desgaste del terreno y la demolición de estructuras generaron incertidumbre.

Una espera de 32 años
Durante más de tres décadas, el busto permaneció oculto. A lo largo de ese tiempo, se sucedieron la proscripción del peronismo, la ley marcial, los fusilamientos de 1956, la represión obrera y tres dictaduras, entre ellas la más sangrienta, la de 1976. Incluso en democracia, los símbolos del movimiento siguieron siendo objeto de profanación, como en el caso del robo de las manos de Perón.

Recién en 1987, con mayor estabilidad institucional, los vecinos decidieron que había llegado el momento de recuperar la estatua. Algunos de los protagonistas originales ya no estaban, otros eran ancianos. Sin embargo, más de un centenar de personas se reunieron para participar del rescate. Golpeando el suelo con caños para detectar zonas compactas, finalmente localizaron la cisterna.

“Con el tiempo, se demolió la casa, el puesto también y los tractores, como se araba con arado, le rompieron la tapa y se había filtrado agua. Así las cosas, lo encontraron con un poquito de agua en las revistas, libros y diarios”, recuerda Fernández.

Los documentos estaban húmedos, pero la escultura resistió el paso del tiempo. Al emerger blanca y casi intacta, la emoción fue unánime. “Los hombres rudos, de campo, esos hombres que a mí a los 15 años me parecían tan secos, tan distantes, todos lloraban, se sonaban los mocos, se abrazaban, mirándola a ella, blanca y perfecta. Imaginate, era una misión cumplida”, relató Bettina a la periodista Sandra Russo en 2021.

De la tierra al pedestal
Luego del hallazgo, la escultura fue trasladada al Club Agrario. “Allí permaneció durante mucho tiempo. Ese espacio lo manejaba la familia Pino, pero luego se vendieron a los Saraco, una familia recontra gorila. Y bueno, después llegó a mis manos en uno de mis mandatos como intendente”, dice con ironía Fernández.

Durante su segunda gestión, entre 2007 y 2011, el busto restaurado fue finalmente reinstalado en la plaza Eva Perón. El artista Pipi Barisoni diseñó una base de hojalata para evitar la oxidación, y se colocó una iluminación azul, en referencia al color histórico del movimiento.

Consultado sobre por qué la plaza mantiene el nombre de Eva Perón, Fernández responde: “Los radicales y los intransigentes, que eran bastante gorilas, porque los intransigentes de este pueblo eran de la Libertadora, de lo que representaría ahora la Libertad Avanza, no hacían eventos ahí porque decían que la plaza se llamaba Eva Perón. El odio antiperonista no es de ahora, claramente”.

Como parte de la conmemoración, Fernández convocó a quienes habían participado en la historia: “Durante mi gestión de gobierno convocamos a todos los que quedaban del peronismo de aquel momento: a aquellos que estuvieron cuando lo encontraron y lo descubrieron, los que estaban vivos. Uno de ellos era Lucas García, otro era el enano Molina, que eran los jóvenes muchachos de aquellas épocas…”. También mencionó a Joaquín Iglesias, los hermanos Alba, y al fallecido Refucilo Franco. “Lamento no recordar bien el nombre del puestero, cuya tarea fue importantísima”, dijo.

Evita en tierra de oligarcas
Coronel Martínez de Hoz está ubicado a 63 kilómetros de la ciudad cabecera de Lincoln. Y aunque su nombre remite a una de las familias más influyentes de la oligarquía argentina, uno de los primeros rostros que recibe al visitante es el de Eva Perón. Esa paradoja es más que simbólica: encarna una historia de amor, odio, clandestinidad y fidelidad política que aún resuena.

Porque en esa plaza hay algo más que una estatua: hay una épica que se niega al olvido. Una resistencia que hoy, como tantas veces en la historia, vuelve a repetirse —aunque sea como farsa.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

Deja un comentario


Soporte Wordpress por Efemosse y Alipso