
Que abran los archivos
Jorge Rafael Videla pasó a mejor vida sin que el Estado argentino haya abierto aún los archivos de la dictadura militar. Ninguno de los juicios por genocidio que se desarrollan en la actualidad puede suplir esa omisión para el esclarecimiento de esa etapa nefasta de la historia de Argentina.
¿A qué obedece esa resistencia obstinada?
El juicio histórico a la dictadura militar debe ser antes que nada un juicio histórico a la democracia. Desde 1930 el zarpazo militar es la contrapartida de la capitulación de la democracia. Cuando ésta fracasa como soporte de la organización capitalista existente y como escudo protector de la clase dominante, los políticos carreristas dejan el paso a los militares de carrera.
¿A qué temía la democracia que buscó, otra vez más, el amparo de las bayonetas? La represión al asalto al cuartel de Monte Chingolo había marcado el retroceso definitivo de las organizaciones guerrilleras, copiosamente infiltradas por los servicios de las Fuerzas Armadas. Desde el Cordobazo de 1969, el poder político de este país, bajo cualquiera de sus configuraciones, designó como su rival político principal a la emergencia de una generación combativa y lúcida de la clase obrera. Al desafío de enfrentar esta emergencia obedeció el levantamiento de la proscripción militar a Perón. Perón fracasó en ese cometido: la militarización del país y el golpe comenzaron bajo el gobierno constitucional, no solamente con la creación de la Triple A y el decreto de aniquilación de la subversión. Esa militarización comenzó con el golpe policial (Navarrazo), precisamente en Córdoba, en febrero del ’74, y con la intervención de la provincia por parte del Congreso. Luego, con la militarización de la cuenca del Paraná como motivo de la huelga de los metalúrgicos de Villa Constitución. Finalmente, la inmensa huelga general contra el Rodrigazo, que se desarrolló por más de un mes, determinó la designación de Videla como jefe del Ejército. Todo en democracia. La burguesía entendió que era necesario licenciar por un tiempo a los políticos de oficio y entregar la protección de su dominación clasista a los uniformados que venían con un programa genocida. El blanco preferido fue la generación obrera y luchadora de los 60.
De esto hablan los archivos que no se quieren abrir.
*Dirigente del Partido Obrero.