El plan “bajo cero” del Gobierno frente al malestar social creciente
Cinco compañías de peso se acercaron al ministro Luis Caputo para advertirle que la caída en las ventas comienza a ser insostenible. La respuesta fue tajante: “Al Presidente no le interesa”. “Toto” le anticipó a Milei que el dólar seguirá presionado hasta las elecciones, y el mandatario ordenó endurecer aún más el ajuste para llegar “competitivos” a octubre. En el corazón del Gobierno, alguien que mira encuestas serias advierte que el clima social se vuelve cada vez más adverso.
Desde que JP Morgan —el banco en el que se formó Caputo— alertó sobre el deterioro del plan económico, cada semana representa una nueva complicación para el Ejecutivo. El alza del dólar volvió a encender alarmas: con una suba del 14% en julio, la Casa Rosada perdió el control sobre su ancla antiinflacionaria. El Presidente exigió a Economía que impida que esa suba se traslade a los precios y pidió a los supermercados que rechacen listas con aumentos fuertes ya enviadas por fabricantes de alimentos.
A mitad de semana, Milei se reunió con Caputo y fue directo: “Si hay que rematar dólares y congelar la economía y los salarios, lo hacés, pero a las elecciones llegamos con un 1 por ciento de inflación”. Días antes, su sobrino Santiago había intentado advertirle sobre el deterioro social que genera el ajuste: “El humor social va a ser negativo, Javier”. Pero el Presidente no cede. Impone. Y el resto acata. Ese estilo vertical, sin matices, es uno de los pilares de su modelo de poder.
Cinco grandes firmas —dos alimenticias y las automotrices Toyota y Ford— fueron a ver a Caputo. “Las ventas no existen, los impuestos nos asfixian y ya hay despidos”, le dijeron. El ministro, incómodo, respondió: “Al Presidente esos temas no le interesan”.
Una conversación similar tuvo con un dirigente de la Unión Industrial Argentina del interior. Esta semana, el presidente de la entidad, Martín Rappallini, rompió el silencio y difundió cifras oficiales: la industria pierde 1.500 empleos por mes. Luego de un largo período de prudencia, la UIA comienza a marcar las consecuencias del ajuste que Milei aplicó desde el inicio contra el entramado productivo nacional.
Entre la preocupación real y el fundamentalismo libertario
Caputo toma nota de la caída de la actividad, aunque hacia afuera actúe como si nada ocurriera. Algunos empresarios que lo visitan aseguran ver en él destellos de sensatez, opacados por el temor que su equipo le tiene a Milei. Ese miedo genera una lógica de obediencia cuasi religiosa.
Quien encarna con mayor claridad esa transformación es el secretario de Finanzas, Pablo Quirno. Ex funcionario macrista, proveniente del mundo financiero, es señalado como posible reemplazo de Caputo luego de octubre. Milei lo percibe más cercano al “Coloso” Sturzenegger, su referente máximo. En ese rol, Quirno se esfuerza por ganar puntos.
Esta semana protagonizó tres episodios clave: primero, fue quien culpó a los bancos Macro, Galicia y Provincia por la corrida cambiaria. Segundo, detuvo un préstamo de la CAF destinado a la provincia de Santa Fe con el argumento de que “Santa Fe no apoya a Milei”. Y tercero, organizó una performance risueña en el canal Neura para afirmar que el dólar flota libremente, logrando que incluso José Luis Daza, el viceministro chileno, participara en el acting.
Tras el show, la realidad
El día más tenso de la corrida, el jueves, funcionarios de Hacienda permanecieron en Neura hasta altas horas de la noche. Más tarde, en un lugar no identificado, se reunieron para discutir opciones serias.
Uno de los colaboradores de Caputo murmuró: “Tengo sueño, estoy quemado”, cuidando que el Presidente no lo escuchara. En ese encuentro, se debatió si levantar el régimen de bandas cambiarias. Milei se negó. Quirno advirtió que el FMI difícilmente lo avalaría. Caputo, exhausto, apenas alcanzó a decir: “Mañana lo charlamos bien. Hoy salió a bancarnos Kristalina (Georgieva), esperemos”.
También se habló de restringir aún más el dólar para turismo, otra vía de fuga de divisas. Sin embargo, el mandato presidencial fue claro: “Traiganme ideas, pero la baja de la inflación la mantenemos como sea”.
Con las elecciones a la vista, Caputo calcula que la única manera de sostener el plan es vender dólares hasta octubre. Pero el agro ya no acompaña. En junio, se liquidaban USD 230 millones diarios. En julio, el ritmo cayó a 160 millones. Y desde el 25, apenas 35 millones por día. Esa fecha marca el inicio de la corrida.
La economía, en modo congelador
Milei exige más congelamiento, incluso de importaciones. Las mismas que había liberado para contener precios. Pero con el dólar a este nivel, las trabas se tornan más difíciles. Y no hay mucho más para ajustar: el semáforo de la Bolsa de Comercio de Rosario, que mide construcción, industria, agro, ventas minoristas y empleo, se tiñó de rojo en un 99% durante junio.
La encuesta de Atlas Intel —que acertó el triunfo de Milei— revela que 7 de cada 10 argentinos están decepcionados con la situación económica. En un año y medio, 15 grandes empresas se fueron del país por la caída de ventas y el aumento de costos. Esta semana cerraron Celulosa Argentina, Dass (fabricante de Adidas) y Mauro Sergio.
El invierno ya se siente. No sólo por el clima, sino por el frío económico que anticipa una “Navidad blanca” en el hemisferio sur. Una postal inusual, pero posible.
Con información de Página 12
Publicado en lanuevacomuna.com