La misteriosa instalación de una plataforma de lanzamiento espacial en la zona de la desembocadura del arroyo Malacara, impulsada por la empresa argentina Tlon Space, debería generar inquietud entre los habitantes de Lobería, Quequén y Necochea.
La ubicación del proyecto, en cercanías de estructuras clave como el Puerto Quequén, despierta dudas en torno al posible impacto ambiental y los riesgos asociados a operaciones espaciales en una región históricamente dedicada a la producción agrícola, el turismo y la actividad portuaria.
Aunque la empresa aún no ha difundido información detallada sobre los protocolos de seguridad ambiental, crecen las voces que exigen explicaciones claras sobre los alcances del proyecto, en particular en lo que respecta al manejo de combustibles, la seguridad en las fases de lanzamiento y la potencial afectación a ecosistemas locales.
El Antecedente de Uruguay
Este no es el primer escenario donde Tlon Space enfrenta cuestionamientos. En Uruguay, el proyecto de instalación de un «puerto espacial» en el balneario La Esmeralda, en el departamento de Rocha, motivó una fuerte resistencia vecinal. Desde 2022, habitantes y académicos de la Universidad de la República (UdelaR) vienen denunciando las “graves consecuencias socioambientales” del emprendimiento.
El predio elegido en Uruguay —unas 87 hectáreas en una zona protegida por la UNESCO como Reserva de Biosfera y rodeada de áreas naturales como Cerro Verde, la laguna Negra y la laguna de Castillos— generó rechazo por su cercanía a concheros arqueológicos de más de 3.000 años de antigüedad. Además del posible daño patrimonial, los pobladores alertaron sobre los riesgos de contaminación sonora y ambiental, la amenaza a la pesca artesanal y el turismo, y la presencia de materiales inflamables en un territorio propenso a incendios forestales.

A esto se suma un comunicado difundido el 12 de febrero de 2025 por vecinos y vecinas autoconvocados de La Esmeralda y Punta del Diablo, que expresaron su rechazo rotundo al proyecto. En el documento, denuncian una serie de impactos irreversibles: destrucción de biodiversidad en zonas protegidas, alteración de playas y dunas naturales, riesgo de incendio vinculado al almacenamiento de combustibles como el peróxido de hidrógeno —con antecedentes de incidentes en ese mismo predio—, y contaminación sonora derivada de hasta cuatro lanzamientos semanales.
También advierten sobre el cambio en el uso del suelo, que podría poner en jaque el desarrollo turístico local y degradar el valor ambiental de la zona. El comunicado señala irregularidades administrativas graves, como la clasificación del proyecto en categoría B —lo que excluye la posibilidad de realizar una audiencia pública y limita la participación ciudadana— y la falta de recategorización del suelo, que sigue siendo rural a pesar de tratarse de una actividad que exige una calificación urbana o suburbana.
«Ni siquiera existe una justificación económica de peso: solo cinco personas operarían la base», afirman en el texto. «Seguiremos manifestándonos incansablemente en contra de este proyecto», concluye el comunicado vecinal.
La experiencia uruguaya pone bajo la lupa a Tlon Space y su forma de operar. En Lobería y Necochea, las preguntas se acumulan mientras la empresa guarda silencio. Por eso, cada vez más voces exigen acceso a los estudios de impacto ambiental, participación ciudadana real y garantías de que el desarrollo espacial no se convierta en una amenaza al equilibrio ambiental ni a la vida cotidiana de las comunidades costeras.
Nahuel Barros/
La Nueva Comuna