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LO QUE LAS FOTOS NO MUESTRAN: EL IMPACTO SOCIAL, ECONOMICO Y AMBIENTAL DE LAS INUNDACIONES

Lo que las fotos no muestran: el impacto social, económico y ambiental de las inundaciones

Ante una situación de emergencia lo lógico es actuar con urgencia. Sin embargo los necochenses seguimos esperando soluciones.

Hay ocasiones en las que se hace necesario mirar un poco más allá, ubicarse por fuera de la primicia y de la espontánea, dejar de lado nuestra obsesión por el impacto fugaz de la noticia diaria y las imágenes impresionantes que recorren las portadas de los diarios y las primeras planas de los portales periodísticos y encontrar, en definitiva, el proceso que se esconde detrás del hecho.

En el caso de nuestro distrito el proceso comenzó, por lo menos, hace dos meses, con aquellas lluvias de agosto que nos entregaron un fin de invierno y un comienzo de primavera devastadores y que aún no parecen querer desaparecer. Y si lo hacen, dejarán detrás un cuadro sumamente difícil de resolver.

Porque el problema principal de una inundación no es el fenómeno en sí sino las consecuencias que implica. Por eso, más que un retrato del agua estancada, deberíamos prestar especial atención a lo que esa agua trae o se lleva consigo cuando comienza a moverse.

Así lo hizo por ejemplo en la calle 114, lugar (bajo) por donde amenaza con encontrar su paso la masa de agua que estancada sobre la ruta 228. Una amenaza segura de penetrar el casco urbano de Necochea. El gobierno municipal había puesto en marcha su voluntad de construir un bypass para evitar que esto suceda, pero se dejó demorar por el capricho de los dueños del campo por donde debería pasar el canal aliviador. El Secretario de Obras Públicas, Carlos Samprón, anunció entonces planes de emergencia, el A, el B y el C. Realizar el zanjón o bypass para desviar el paso del agua hacia el Río Quequén, levantar un terraplén en la calle 114 y desviarla hacia el mar vía Parque Miguel Lillo y finalmente (la carta de la desesperación) levantar barricadas o contenciones precarias en cercanías de las entradas de la ciudad. Pero hasta ahora la corriente parece moverse más rápido que el Departamento Ejecutivo…

Es que a los funcionarios necochenses nos resulta cómodo declararnos en estado de emergencia pero muchas veces parecemos no terminar de entender el verdadero significado del término. A la emergencia habitacional declarada hace más de un año se sumaron recientemente las declaraciones de emergencia agropecuaria e hídrica en nuestro distrito.

¿Y esto qué significa? Significa, ni más ni menos, que ya existen consecuencias reales acarreadas por el fenómeno de la inundación. Consecuencias que se extenderán en el tiempo, haya o no haya más agua entre nosotros.

Los vecinos y vecinas que viven en las áreas afectadas ya comenzaron a experimentar la carga financiera que implica la sustitución de los artículos perdidos y la reparación de sus hogares. Mientras tanto, el daño en las áreas productivas provoca la pérdida o el retraso de los cultivos y el anegamiento de los caminos y rutas imposibilita en muchos casos el traslado y por ende la comercialización de la producción local. Si la producción se para, se para también el trabajo. Y si no hay trabajo, no hay vecinos con dinero para reparar sus casas.

A este simple ciclo del impacto económico se suma la inmensa carga financiera que el Municipio debe afrontar en materia de reparación de edificios públicos, rutas y otras estructuras dañadas por las aguas de la inundación.

En otro orden se encuentra el impacto ambiental y social. Los cortes de las rutas ya imposibilitaron muchos traslados hospitalarios que se realizan con frecuencia entre nuestra ciudad y otras localidades de la región, así también el acceso a nuestro distrito de profesionales que vienen a realizar consultas o tratamientos en nuestros establecimientos de salud.

El agua que amenaza el ejido urbano arrastra además residuos, fertilizantes y contaminantes provenientes de campos y basurales ubicados en las afueras de la ciudad, y hasta puede llegar a acarrear la aparición de especies tales como roedores, panorama que indica un alto riesgo para la salud de los ciudadanos.

Las consecuencias ya son más que palpables pero la solución prometida lejos está aún de concretarse. A los dos meses de retraso que ya lleva la construcción del canal aliviador habrá que sumarle el tiempo que demorará la realización del mentado bypass ¿O alguien pensó que se hace de la noche a la mañana?. Esperemos que, mientras tanto, la naturaleza no siga siendo, como siempre, más sabia y más eficaz que nuestros representantes.


Johanna Radusky / LANUEVACOMUNA.COM

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