La compañía israelí Navitas Petroleum, que posee el 65% de las acciones, y su socia británica Rockhopper Exploration lideran el proyecto León Marino (Sea Lion), una iniciativa para la extracción de petróleo en la cuenca Norte de las Islas Malvinas. De acuerdo con un informe reciente publicado en la Revista Petroquímica, la primera fase alcanzaría una producción máxima de 150.000 barriles diarios, con reservas calculadas en 269 millones de barriles. La magnitud de esta explotación reforzaría el dominio británico sobre el Atlántico Sur, mientras que las principales ganancias beneficiarían a accionistas de Israel y Estados Unidos, según reveló The Telegraph.
Puntos clave del acuerdo:
Inversión multimillonaria: La primera etapa requiere un financiamiento de $1.800 millones.
Control extranjero: Argentina queda excluida de la operación y de los beneficios económicos.
Impacto en la soberanía: Se profundiza la presencia británica en la región.
Greenwashing y riesgos ambientales: Un doble discurso
Aunque Navitas Petroleum busca proyectarse como una empresa con enfoque «sustentable», grupos ambientalistas y publicaciones como Gas Outlook advierten sobre una estrategia de greenwashing para maquillar los efectos adversos del proyecto. Entre los riesgos señalados están:
Daño a la biodiversidad: El ecosistema marino del Atlántico Sur es altamente vulnerable.
Riesgo de derrames: La explotación offshore conlleva la posibilidad de desastres ecológicos.
Falta de regulación ambiental: La iniciativa no se somete a legislación argentina.
📌 «Este es un ejemplo claro de cómo el negocio petrolero busca disfrazar su impacto real con un discurso ecológico vacío», señala la periodista Patricia Garip, especializada en energía.
El avance del proyecto León Marino se da en un contexto donde:
El Reino Unido consolida su presencia en Malvinas con inversiones en infraestructura.
Los recursos naturales se explotan sin control argentino.
El silencio del gobierno argentino contrasta con posturas más firmes en el pasado.
Un cambio de postura: De la defensa diplomática a la pasividad oficial
A diferencia de gobiernos anteriores —que en 2015 llevaron el reclamo a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC)—, la administración actual ha optado por no confrontar abiertamente la explotación petrolera británica.
🔴 Consecuencias de la inacción:
Se debilita el reclamo de soberanía sobre las islas.
Se afianza el control británico sobre los recursos de la región.
Se legitima de facto la explotación de hidrocarburos en territorio disputado.
Malvinas en la encrucijada: Soberanía o extractivismo extranjero
El proyecto León Marino no es solo una cuestión económica: representa un acto de colonialismo moderno, donde un recurso estratégico es explotado por potencias extranjeras sin participación ni beneficio alguno para Argentina.
Argentina necesita una estrategia firme y consistente
Ante este escenario, el país debe:
Reactivar la presión diplomática ante organismos internacionales.
Aplicar sanciones a las empresas involucradas en la explotación ilegal.
Concientizar sobre el impacto geopolítico de la inacción.
¿Cuál es el límite?
Mientras el petróleo siga fluyendo, la presencia argentina en Malvinas se diluye. La pasividad no es neutralidad, sino complicidad con una ocupación que se extiende por 191 años.
La Nueva Comuna