La maniobra conjunta del titular del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, y del ministro argentino Luis Caputo marca un hecho sin precedentes. La gran incógnita es por qué Donald Trump decidió apuntalar el experimento Milei. Todavía no se conoce la letra chica del acuerdo ni las condicionalidades, pero la experiencia histórica demuestra que toda intervención estadounidense sobre monedas ajenas estuvo acompañada por exigencias de “reformas estructurales”.
La administración republicana de Trump parece dispuesta a sostener al gobierno argentino. ¿Qué pedirá a cambio? Lo definirá el acuerdo que se oficializará el próximo 14 de octubre. Pero no será gratuito. En los antecedentes de 1985, cuando Washington intervino sobre el yen y el marco alemán, o en la del año 2000 sobre el euro, las contrapartes debieron aceptar transformaciones profundas en sus economías.
¿Será por eso que la titular del FMI, Kristalina Georgieva, elogió a los mandatarios que, en otras épocas, ejecutaron recortes salariales del 50% y conservaron sus cargos? Tampoco es casual que Trump haya reclamado abiertamente frenar cualquier avance chino en la región y asegurarse el control de minerales estratégicos a través de su “Alianza para la Seguridad de los Minerales”.
La operación anunciada por Bessent implica un cambio drástico en la política cambiaria de Estados Unidos: es la primera vez desde 1971 que el Tesoro compra una moneda de un país emergente.
El Mecon cambia de bandera
Según Bloomberg, la intervención norteamericana —a través del Banco Santander— alcanzó los 100 millones de dólares, una cifra menor a las pérdidas que venía acumulando el Tesoro argentino en las últimas jornadas. Caputo ya había consumido el 90% de los dólares comprados al agroexportador y apenas contaba con 350 millones en el MULC. Fue entonces cuando apareció Bessent, posiblemente alentado por el inversor Robert Citrone, viejo conocido del ministro desde sus tiempos de trader. Ahora, ambos entonan la misma canción: “yo quiero a mi bandera… norteamericana”.
“El Tesoro de Estados Unidos tiene poder de fuego suficiente como para sostener el tipo de cambio sin grandes costos. Pero después del 26 de octubre, la película será otra. Es muy probable que exista un acuerdo implícito con Caputo para liberar el dólar tras las elecciones”, señaló el economista Martín Pollera, del Grupo Atenas.
La historia de las intervenciones del Tesoro estadounidense sobre monedas extranjeras demuestra lo excepcional de la jugada Bessent–Caputo. La decisión de Trump de sostener el experimento Milei parece una apuesta política y económica de alto riesgo, con condicionalidades que podrían incluir aspectos militares. No por nada esta semana Patricia Bullrich anunció la creación del Consejo Nacional Antiterrorista, alineado con la nueva ofensiva de seguridad interna impulsada por el republicano.
Los antecedentes
En 1985, el llamado Acuerdo del Plaza reunió a Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental, Francia y Reino Unido. El objetivo: coordinar compras y ventas de divisas, especialmente yenes y marcos, para provocar una depreciación del dólar y reducir el déficit comercial estadounidense.
Entre 1980 y 1985, la divisa norteamericana se había apreciado un 50% frente a las principales monedas, perjudicando a las industrias locales. La Reserva Federal de Paul Volcker había frenado la estanflación con subas de tasas, pero eso encareció el dólar. La operación del G5 buscó revertir esa tendencia para mejorar la competitividad exportadora.
En 1998, bajo Bill Clinton, se registró una intervención unilateral sobre el yen. La caída del 11% de la moneda nipona amenazaba con profundizar la crisis asiática. Estados Unidos inyectó 2000 millones de dólares en la divisa japonesa, tras un acuerdo con el premier Ryutaro Hashimoto y la aprobación de un paquete fiscal de estímulo de 116.000 millones.
“Estamos preparados para continuar cooperando en los mercados de cambios, en la medida necesaria”, declaró entonces el secretario del Tesoro Robert Rubin. La retórica de entonces guarda un asombroso parecido con la de hoy.
El consultor Keith Woodfin, de Foreign Exchange Analytics, resumía las motivaciones de Washington: “La principal razón tiene que ser China, Hong Kong y Asia. Estados Unidos estaba asustado. Clinton tenía una cumbre en China y no quería llegar en medio de una crisis regional. A cambio, se le exigieron a Japón reformas estructurales”.
Todos los rescates del Tesoro norteamericano implicaron compromisos profundos para la contraparte. Tal vez por eso Georgieva evocó con simpatía a los líderes europeos que aplicaron recortes brutales y aun así fueron reelegidos.
De la ayuda que anunció Bessent poco se sabe. Tampoco se conocen las condicionalidades que pesarán sobre la Argentina. Pero los antecedentes no dejan dudas: Estados Unidos nunca actúa sin pedir algo a cambio.
El propio Banco Central lo recordaba en un trabajo de 2013 titulado “Crisis y engaños del euro: el comercio explica la verdadera historia, no la deuda y el déficit”, donde se preguntaba:
“¿A fines de la década del 2000 las finanzas públicas de Italia, España, Grecia y Portugal estaban tan deterioradas que eran necesarias reformas inmediatas y ‘estructurales’? Para responder de forma inteligente hay que preguntar: ¿necesarias para qué propósito?”.
En el año 2000, las autoridades estadounidenses compraron 1.500 millones de euros, en una operación compartida entre el Fondo de Estabilización Cambiaria y la Reserva Federal, coordinada con el Banco Central Europeo y los bancos centrales de Japón, Canadá y Reino Unido.
“Por iniciativa del Banco Central Europeo, las autoridades monetarias de Estados Unidos y Japón se unieron en una intervención concertada en los mercados cambiarios, debido a su preocupación compartida por los movimientos del euro”, afirmaba entonces el secretario del Tesoro Lawrence Summers.
La última intervención significativa se produjo en 2011, tras el devastador terremoto y tsunami en Japón. En esa ocasión, el objetivo fue exactamente inverso: debilitar el yen, que se había fortalecido bruscamente.
La pregunta sigue abierta: ¿por qué Estados Unidos sale ahora a rescatar al peso argentino? ¿Hay promesas de dolarización detrás? ¿O bastó con la subordinación geopolítica ofrecida por Milei?
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com