Con la soga al cuello
Tras una semana convulsionada, el dólar rozó el límite superior de la banda de flotación. Seis semanas antes de las elecciones, se multiplican las incógnitas: ¿devaluación, cepo, respaldo del FMI?
Las bandas de flotación cambiaria ya son parte del pasado. Como en Sexto Sentido, el único que todavía no lo admite es el protagonista, en este caso el gobierno de Javier Milei. El golpe electoral en Buenos Aires y la reacción inmediata del mercado —que llevó el dólar mayorista a 1453 pesos, apenas 1,3% por debajo del techo de la banda, fijado en 1472— dejaron al oficialismo en shock.
«Todos saben que después del 26 de octubre habrá un tipo de cambio más alto y que la banda actual quedará desactivada. Lo piden el FMI, el establishment y el mercado, pero sobre todo es evidente porque no hay dólares para resistir», sostiene Jorge Carrera, ex vicepresidente del Banco Central.
«El esquema de bandas tiene fecha de vencimiento. Cuando se pierde credibilidad en el instrumento no hay tasa de interés, encajes, ni intervenciones en dólar futuro que alcancen», refuerza Pedro Gaite, economista jefe de FIDE.
La gran duda es si el Presidente y el ministro de Economía, Luis Caputo, usarán las pocas balas que quedan para mantener la ficción de un tipo de cambio insostenible y llegar así a las elecciones, o si ensayarán un nuevo giro, presentado como la anticipación de la fase 4 del programa, para intentar preservar no solo el resultado electoral, sino la gobernabilidad de los próximos años.
Por ahora, la respuesta fue minimizar la crisis. El relato del equipo económico frente a banqueros y empresarios tras la derrota del domingo apuntó a que la turbulencia cambiaria responde al “ruido político” y que, una vez superada la instancia electoral, el ordenamiento fiscal permitirá recomponer la confianza y atraer inversiones.
«La banda actual cambiará aunque Milei gane las elecciones», retruca Carrera, señalando que el verdadero problema es la inconsistencia de un plan que no genera dólares suficientes para afrontar la deuda.
Estrategia agotada
El intento de bajar la inflación a cualquier costo con un ajuste feroz del gasto público, combinado con privilegios extraordinarios al capital vía RIGI, desregulación y reformas estructurales para captar inversiones, no funcionó.
Hoy el Gobierno enfrenta el menor respaldo político desde su asunción, aislado en el Congreso y con la mayoría de los gobernadores en contra. La idea de que el ajuste era una “cura amarga” que traería alivio perdió legitimidad. Lo que predomina es el malestar social frente a una economía otra vez en recesión.
El supuesto rebote que buscaba el oficialismo con un dólar “anclado” y la baja de la inflación se evaporó, en parte porque nunca logró consolidar un esquema cambiario consistente.
Primero se ensayó con el crawling peg, una devaluación pautada del 2% mensual. Luego Milei bajó la velocidad al 1% mensual. Finalmente, en abril, tras un préstamo del FMI por 20.000 millones de dólares, se pasó al sistema de bandas. Pero ninguna de esas herramientas logró revitalizar la economía.
La industria, la construcción, el comercio y el turismo interno se hunden. Un programa que castiga a esos sectores clave carece de futuro.
Camino a la cornisa
«El programa económico ya estaba desconfigurado antes del acuerdo con el FMI: tipo de cambio real apreciado, reservas muy negativas, caída del nivel de actividad, ingresos reales en retroceso para personas y empresas. Al firmar el acuerdo con el FMI existía la oportunidad de encauzar la situación: comprar de 4.000 a 5.000 millones de dólares de la cosecha dentro de la banda, como estaba previsto, con un dólar en torno a los 1.250–1.300 pesos», explica Carrera.
«Pero eligieron no hacerlo —critica— y apostar, de manera delirante, a bajar la paridad a 1.000 pesos, optando por ‘cruzar el desierto’ hasta octubre sin agua en la cantimplora, sin sumar reservas. Por eso debieron usar la tasa, intervenir en spot y futuros, manipular encajes y hasta desmanejar las LEFI. Resultado: un golpe mortal al nivel de actividad y a la percepción microeconómica del plan por parte de los votantes».
El supuesto activo político de «no tener a nadie enfrente» se derrumbó con el resultado del domingo.
¿Devaluar y volver al cepo?
«El Gobierno tiene compromisos de deuda a partir de 2026 que no podrá afrontar sin volver a los mercados para conseguir financiamiento. Para eso tiene que juntar reservas y bajar el riesgo país. Sin embargo, lo que vemos es un drenaje de divisas insostenible por la formación de activos externos. Se están yendo 5.000 millones de dólares por mes por esa vía, cuando debería estar juntando 2.000 millones todos los meses», advierte Gaite.
Crece la hipótesis de una devaluación de al menos 20% tras las elecciones y el regreso del cepo cambiario. Sería un «reseteo» del plan, una especie de empezar de nuevo.
La alternativa más osada sería hacerlo ahora, aprovechando que la recesión amortigua la traslación a precios, y acompañarlo con un giro político que incluya negociación con gobernadores y oposición, además de medidas compensatorias como un bono para jubilados, aumento del salario mínimo y reapertura de paritarias.
«Parece un poco tarde para eso y obligaría a Milei a mostrarse como un león domado. No sé si le dará para tanto», plantea Carrera.
La otra opción es resistir con la banda hasta pasar las elecciones, con el permiso del FMI para gastar reservas, y profundizar la confrontación con oposición, jubilados y universidades. Una apuesta al todo o nada del modelo libertario, con la soga al cuello.
Con información de Página 12
Publicado en lanuevacomuna.com