Entiendo el dolor de la familia Celihueta y sigo solidarizándome con ella
Por Oscar Gollnitz
La desaparición de Adriana Ángela Celihueta fue un misterio al principio, pero con el correr del tiempo se pudo comprobar que lo que en realidad sucedió fue una serie de sospechosas maniobras que permitieron llevar la causa a la caja de un archivo judicial.
Quedaron en el camino más dudas que certezas, muchos interrogantes sin respuestas, y, lo más importante, Adriana sin aparecer.
La justicia si es lenta no es justicia, no obstante aún se está a tiempo de remediar una parte de esta historia. Simplemente debe tomar cartas en el asunto en los puntos oscuros, e interrogar a quienes no los hizo. De esta manera, al menos se terminarán con las dudas que, hoy por hoy, no hacen más que convertir esos interrogantes en sospechosa actuación.
Adriana Ángela Celihueta desapareció en Necochea, provincia de Buenos Aires, República Argentina, el 15 de Enero de 1987. La denuncia de sus familiares fue minimizada hasta que arribó a esa ciudad la prensa nacional que dio otra dimensión al caso. Entonces comenzaron los apuros en materia de investigación, aunque más para poner piedras en el camino que para esclarecer el hecho.
Del libro “Adriana, una causa que nunca muere”
