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LA ERA MILEI

Gendarmería culpó al fotoperiodista Pablo Grillo por la herida que le causó pérdida de masa encefálica

A pesar de las pruebas fílmicas que muestran al gendarme disparando de forma horizontal, un informe interno de la fuerza exime de responsabilidad al cabo Héctor Guerrero y responsabiliza a la víctima por “ubicarse en la línea de tiro”.

En menos de 24 horas, la Gendarmería Nacional elaboró un sumario exprés que intenta deslindar de responsabilidades al cabo Héctor Guerrero, quien el 12 de marzo disparó una pistola lanzagases que impactó en la cabeza del fotoperiodista Pablo Grillo durante una protesta de jubilados. A contramano de las imágenes registradas por drones y cámaras de televisión, el informe oficial asegura que se trató de un “hecho fortuito” producto de “mala visibilidad” y señala que la víctima se encontraba “agachada, en la línea de tiro entre los gendarmes y los manifestantes”.

El proyectil le produjo a Grillo una pérdida irreversible de masa encefálica. Sin embargo, el informe administrativo concluyó que ni Guerrero ni sus superiores son “pasibles de reproche disciplinario alguno”. La investigación interna, basada en declaraciones de integrantes de la propia fuerza, fue confeccionada por el Comandante Mayor Adrián Barresi y firmada apenas una semana después de los hechos. En la causa penal, a cargo de la jueza María Servini y el fiscal Eduardo Taiano, Guerrero todavía no fue llamado a indagatoria. La querella, representada por el CELS y la LADH, exige que se lo cite por tentativa de homicidio agravado, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Una de las piezas clave para desmentir la versión oficial es el análisis del colectivo Mapa de la Policía, que reconstruyó la secuencia con material audiovisual aportado por medios y manifestantes. En esas imágenes se ve a Guerrero disparar a la altura del cuerpo, de forma horizontal —lo que está expresamente prohibido en los manuales de uso del arma— y en dirección a una multitud que se encontraba a más de 50 metros de distancia. Grillo no estaba agrediendo a nadie. De hecho, el proyectil fue dirigido directamente hacia su posición.

La investigación interna, en cambio, afirma que “el impacto en la cabeza del fotógrafo se produce como un hecho fortuito” porque se encontraba agachado y que “la saturación de humo” generada por la quema de basura y el uso de máscaras antigás habría impedido al gendarme ver su presencia. Además, sugiere que el cartucho tuvo “dos rebotes previos” antes de impactar en su frente. A pesar de lo anterior, las imágenes muestran a Guerrero recibiendo una palmada de felicitación tras disparar. “Estamos excelente, más que bien”, se escucha decir a quien grabó la escena.

El reglamento entregado por la propia Gendarmería señala: “Jamás se debe dirigir el arma hacia una persona, ya que en caso de impacto podría producir lesiones graves e incluso la muerte”. También advierte que incluso los cartuchos de corto alcance pueden generar quemaduras por el calor y la velocidad del proyectil.

“Esta investigación interna es un ‘como si’. Es el único ámbito en el que Guerrero fue escuchado, sin control externo ni consecuencias reales, donde pudo instalar una narrativa que no tiene correlato con la prueba”, advirtió Agustina Lloret, del CELS. “Incluso contradice los manuales de la propia Gendarmería”, agregó.

La jueza Servini ordenó el secuestro del arma y los cartuchos utilizados, y dispuso un peritaje balístico que aún no tiene fecha. Solo después de esos resultados se avanzaría con eventuales llamados a declaración indagatoria.

Mientras tanto, el gendarme que disparó sigue en funciones. Y el Estado, bajo la gestión de Patricia Bullrich, blinda a sus efectivos con sumarios relámpago que legitiman el uso letal de la fuerza contra manifestantes, aunque las pruebas demuestren lo contrario.

con información de Página 12

Publicado en lanuevacomuna.com

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