Tiene 55 años, nació en Buenos Aires y mantiene un vínculo cercano con el papa Francisco. Fue alcanzado por un ataque de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a la parroquia Sagrada Familia, el único templo católico de la Franja.
Durante los últimos meses, el papa Francisco sostuvo una rutina que raras veces interrumpía: cada noche, desde el Vaticano, se comunicaba con el padre Gabriel Romanelli, un sacerdote argentino al frente de la parroquia de la Sagrada Familia, en Gaza. Ese templo, el único católico en toda la Franja, se transformó desde el comienzo de la ofensiva israelí en un refugio para cientos de palestinos desplazados, sin importar su religión.
Este jueves, Romanelli —porteño de nacimiento, criado entre Villa Crespo y Villa Luro— fue una de las personas heridas tras un nuevo bombardeo israelí. Las FDI atribuyeron el ataque a un “error de tiro”. La ofensiva provocó la muerte de al menos dos personas y dejó otras seis con lesiones de distinta gravedad.
El sacerdote forma parte del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), congregación misionera con origen en Mendoza. Reside en Gaza desde hace años y desde el estallido del conflicto bélico, en octubre de 2023, mantenía un diálogo cotidiano con Francisco, quien solía interesarse por la situación de los refugiados: preguntaba cómo se alimentaban, cómo estaban de salud y si habían podido dormir.
Romanelli inició su camino sacerdotal en San Rafael, y en 1995 comenzó su vida misionera en Medio Oriente. Su primer destino fue Egipto, donde se abocó al estudio del árabe y el islam. Más tarde, formó parte de la diócesis del Patriarcado Latino de Jerusalén, en Jordania, y luego pasó por Roma, donde se licenció en Filosofía. En 2005 fue enviado a Cisjordania, y desde allí viajaba mensualmente a Gaza, hasta que en 2009 se le encomendó de forma definitiva la atención pastoral de la Sagrada Familia.
“En el 2019 me nombraron párroco aquí y vivo aquí en la Franja de Gaza, en la Iglesia de la Sagrada Familia que pertenece a la diócesis que lleva el nombre de la Sagrada Familia”, contó en una entrevista para el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
En esa misma conversación, describió su misión con estas palabras: “Vivir en Medio Oriente es una hermosa aventura”. Aunque aclaró que también “es difícil por momentos”. Aun así, afirmó sentir que su tarea es “una gracia enorme de Dios, una gracia inmerecida”.
Romanelli hizo referencia también al punto de inflexión del 7 de octubre de 2023, cuando la organización Hamás perpetró una serie de ataques contra civiles israelíes que incluyeron asesinatos, torturas y secuestros. Ese día dejó más de 1.200 muertos y 251 personas secuestradas, desatando una respuesta militar sin precedentes por parte del gobierno israelí.
Desde entonces, el nivel de destrucción en Gaza es abrumador. Según cifras del Ministerio de Salud gazatí, hasta principios de julio el número de muertos superaba los 59.000. La situación humanitaria es crítica: la ONU advirtió esta semana que la desnutrición infantil se duplicó desde que Israel restringió el ingreso de alimentos en marzo. En las últimas semanas, 875 personas habrían fallecido mientras buscaban comida.
Romanelli explicó que antes del 7 de octubre “toda la comunidad cristiana de Gaza, incluidos los ortodoxos, algunos protestantes y la comunidad católica éramos 1017 personas en medio de 2 millones 300 mil personas de confesión musulmana”.
El ataque a la parroquia
El bombardeo a la Sagrada Familia dejó un saldo inicial de cuatro muertos y siete heridos. “Ataque a la parroquia latina de la Sagrada Familia en Gaza. Dos muertos y seis heridos, dos de ellos graves”, informó en un primer momento el Patriarca Latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, en diálogo con la agencia SIR, dependiente de la Conferencia Episcopal Italiana. Las cifras fueron luego actualizadas.
En respuesta al ataque, el papa Francisco —a través de su secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin— transmitió un mensaje de profunda consternación: “Su Santidad reitera su llamamiento a un cese inmediato de la violencia, y expresa su profunda esperanza de diálogo, reconciliación y paz permanente en la región”.
Romanelli, afortunadamente, sufrió heridas leves y fue atendido en un hospital. Su testimonio y su trabajo pastoral en medio del conflicto siguen conmoviendo a creyentes y no creyentes por igual.
Con información de Página 12
La Nueva Comuna