Landajo, un histórico del peronismo
Hoy el peronismo está de luto: falleció a los 83 años el dirigente Ramón Landajo. Testigo de capítulos clave de la historia argentina, Landajo supo ser secretario y amigo del general Juan Domingo Perón, sobretodo en los años del primer peronismo e incluso durante el exilio del ex presidente.
Durante sus últimos años de vida el dirigente manifestó duras críticas a la mayoría de los sectores del kirchnerimo porque afirmaba que "se habían olvidado" de Perón. Fue un asiduo visitante de la ciudad de Necochea por años merced a su cercanía con el gremialista Gerónimo Venegas.
El dirigente Gerónimo Venegas así lo evoca desde la red social Facebook:
En el día de la fecha, con mucho dolor despido a mi a querido compañero, amigo y maestro Ramón Landajo, fiel defensor de la Doctrina Nacional Justicialista con el que compartí muchos momentos de militancia y aprendizaje.
Es un día de hondo pesar para quienes contamos con tu fuerza, tu consejo y ese espíritu que nos inspiraba y nos inspirará por siempre a todos los militantes peronistas. Estuviste al lado del General Perón en los momentos mas dolorosos de su exilio y estarás con nosotros en cada paso que demos como militantes en la recuperación de esa Argentina que supiste ver.
Te voy a extrañar.
Gerónimo Venegas
A continuación reproducimos un artículo del sitio web www.gritoperonista.com.ar :
Siempre te recordaremos Cro. Ramón Lándajo
Escrito el07 septiembre 2012
Hoy el peronismo esta de luto por el paso a la inmortalidad del compañero Ramón Landajo quien, nació el 16 de septiembre de 1928. A los 14 años conoció a Gral. Juan Domingo Peron, y desde ese momento lo acompaño en su lucha, trabajando como secretario privado de el, lo acompaño en el exilio en Venezuela, Panamá, España, República Dominicana, etc.
Perón, el amable coronelEn esa época Ramón era un adolescente que «sabía escribir a máquina, era capaz de tipear 150 palabras por minuto ya que mi padre me había obligado a aprender algo para ganarme la vida». En su casa se reunían «los militares que estaban proyectando el cambio de gobierno con la revolución de 1943». Un día le llevaron un manuscrito para que él se los copiara a máquina y «a partir de ese momento Dios me marcó un destino» aseguró. «Protestaba porque me quitaban momentos con mis amigos y a mí no interesaba lo que ellos hacían» pero a partir de entonces «ya estaba unido, sobre todo a ese joven coronel que era, de todos, el que mejor me trataba. En ese grupo estaba los coroneles Ramírez que no tenía ningún parentesco con el que fue presidente, González, los hermanos Avalos; mi primo San Marco, Pistarini, Velazco, entre otros». En vísperas del 4 de junio de 1943, los servicios de Landajo eran requeridos con mayor asiduidad y «generosamente» dijo con ironía, «me daban un peso con cincuenta por semana que me permitía ir al cine y comer una pizza. Eran explotadores, por eso lucho por los derechos de los trabajadores», aseguró. Entonces su trato con Perón fue haciéndose cada vez más fluido, era el «más cordial, el más humano». Además unos primos de quien luego fue tres veces presidente de la Nación, trabajaban en el consultorio junto al padre de Landajo «que era el odontólogo del presidente Ramírez», lo que también lo relacionaba con Perón. Casi con nostalgia comentó que «de entrada lo admiré, porque me hablaba de historia, de deportes, de proyectos de Nación, cosa que los otros no hacían. Aparte era menos rígido que mi padre, entonces yo tenía en él un amigo. Mucho tiempo después, cuando pasamos al destierro, él me dijo ´mire, usted podría ser mi hijo, yo me casé en 1928 y podría tener un hijo de su edad´. Entre nosotros había algo muy especial». En el 43 cuando triunfó la revolución y fue derrocado el gobierno de Ramón Castillo, Landajo «iba a visitarlo más a Perón en el Departamento de Trabajo porque mi padre había puesto un emprendimiento textil y yo llevaba la lista de los empleados para registrarlos allí. Había un contacto muy especial».
Perón, el amable coronelEn esa época Ramón era un adolescente que «sabía escribir a máquina, era capaz de tipear 150 palabras por minuto ya que mi padre me había obligado a aprender algo para ganarme la vida». En su casa se reunían «los militares que estaban proyectando el cambio de gobierno con la revolución de 1943». Un día le llevaron un manuscrito para que él se los copiara a máquina y «a partir de ese momento Dios me marcó un destino» aseguró. «Protestaba porque me quitaban momentos con mis amigos y a mí no interesaba lo que ellos hacían» pero a partir de entonces «ya estaba unido, sobre todo a ese joven coronel que era, de todos, el que mejor me trataba. En ese grupo estaba los coroneles Ramírez que no tenía ningún parentesco con el que fue presidente, González, los hermanos Avalos; mi primo San Marco, Pistarini, Velazco, entre otros». En vísperas del 4 de junio de 1943, los servicios de Landajo eran requeridos con mayor asiduidad y «generosamente» dijo con ironía, «me daban un peso con cincuenta por semana que me permitía ir al cine y comer una pizza. Eran explotadores, por eso lucho por los derechos de los trabajadores», aseguró. Entonces su trato con Perón fue haciéndose cada vez más fluido, era el «más cordial, el más humano». Además unos primos de quien luego fue tres veces presidente de la Nación, trabajaban en el consultorio junto al padre de Landajo «que era el odontólogo del presidente Ramírez», lo que también lo relacionaba con Perón. Casi con nostalgia comentó que «de entrada lo admiré, porque me hablaba de historia, de deportes, de proyectos de Nación, cosa que los otros no hacían. Aparte era menos rígido que mi padre, entonces yo tenía en él un amigo. Mucho tiempo después, cuando pasamos al destierro, él me dijo ´mire, usted podría ser mi hijo, yo me casé en 1928 y podría tener un hijo de su edad´. Entre nosotros había algo muy especial». En el 43 cuando triunfó la revolución y fue derrocado el gobierno de Ramón Castillo, Landajo «iba a visitarlo más a Perón en el Departamento de Trabajo porque mi padre había puesto un emprendimiento textil y yo llevaba la lista de los empleados para registrarlos allí. Había un contacto muy especial».