LA ERA MILEI

Estabilidad cambiaria sostenida por emisión de deuda

La calma cambiaria se apoya en emisiones de deuda privada, tasas extraordinariamente altas y operaciones fuera del mercado. El Banco Central acumula reservas sin intervenir en el MULC, pero el esquema depende de flujos transitorios y endeudamiento creciente.

El Banco Central sumó diez jornadas consecutivas con saldo comprador desde el inicio del nuevo programa de acumulación de reservas, lanzado a comienzos de enero. Este viernes adquirió 125 millones de dólares y en lo que va de 2026 incorporó 687 millones. Las reservas brutas alcanzaron así los 44.607 millones de dólares.

En simultáneo, el tipo de cambio mostró una baja. El dólar minorista retrocedió 15 pesos y cerró en 1.455 pesos en el Banco Nación, mientras que el mayorista cayó 0,7% hasta los 1.430 pesos, el valor más bajo desde noviembre. Sin embargo, esta combinación de compras oficiales y descenso del dólar no responde a un fortalecimiento estructural del frente externo, sino a un esquema de contención basado en endeudamiento y estímulos financieros de corto plazo.

El principal sostén del sistema es el ingreso extraordinario de dólares financieros producto de emisiones de deuda privada en el exterior. En apenas tres semanas, grandes empresas colocaron obligaciones negociables por más de 700 millones de dólares. A esto se sumaron anuncios de recompra de deuda bancaria y nuevas colocaciones de bonos por parte de empresas públicas. Ese flujo permitió recomponer reservas y aliviar momentáneamente la plaza cambiaria, pero a costa de aumentar el stock de pasivos externos.

Lejos de comprar dólares en el mercado abierto, el Banco Central los adquiere directamente de las empresas que se endeudan. Son operaciones “en bloque” que evitan retirar oferta del Mercado Único y Libre de Cambios. El mecanismo permite sumar reservas sin impactar en el precio, pero también desvincula la acumulación de dólares de una mayor generación genuina de divisas, reemplazándola por deuda.

Otro pilar del esquema es el nivel de tasas. El Tesoro logró renovar casi la totalidad de las Letras que vencían ofreciendo rendimientos que, en los tramos cortos, alcanzaron el 50% anual. Estos retornos, muy por encima de la inflación proyectada, contienen la demanda de dólares al incentivar colocaciones en pesos. El costo es evidente: una carga financiera creciente y un perfil de vencimientos cada vez más exigente.

A esto se suma el manejo de expectativas mediante intervenciones en el mercado de futuros y señales oficiales que buscan convencer de que no habrá un salto cambiario inmediato. La estabilidad se construye así más sobre percepción y control financiero que sobre fundamentos económicos duraderos.

Finalmente, el Gobierno ofrece a los bancos instrumentos dólar linked de corto plazo que les garantizan un tipo de cambio implícito inferior al de mercado. Con esa cobertura, las entidades reducen su demanda de divisas. El precio baja, pero el riesgo cambiario queda concentrado en el sector público.

El resultado es un equilibrio delicado, sostenido por deuda, tasas elevadas y flujos transitorios. La baja del dólar y la recomposición de reservas existen, pero no expresan una mejora estructural del balance externo. La estabilidad depende de que el financiamiento continúe, de que el mercado acepte seguir renovando pasivos y de que no se alteren las expectativas. Más que un cambio de modelo, el esquema reedita una lógica conocida: calma cambiaria financiada, con costos diferidos y vulnerabilidad latente.

Con información de La Política Online

Publicado en lanuevacomuna.com

Deja un comentario


Soporte Wordpress por Efemosse y Alipso