Con el directorio ya disuelto, el organismo queda bajo control de una sola figura designada por el Ejecutivo
En el Boletín Oficial se publicó el decreto 571/2025, firmado por Javier Milei y Luis Caputo, que suprime la Dirección Nacional del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), hasta ahora a cargo de Ariel Pereda. Desde este momento, esas funciones pasarán a ser ejercidas únicamente por el presidente del organismo, Nicolás Bronzovich. Esto implica la eliminación de un puesto científico-técnico al que se accedía por concurso, reemplazado por un nombramiento político.
Ariel Pereda, médico veterinario especializado en Salud Pública y Medicina Preventiva, es investigador del Conicet y cuenta con numerosos premios en virología veterinaria y en investigación agropecuaria. Su vínculo con el INTA comenzó en 1999 como becario, y en agosto de 2023 accedió a la dirección nacional mediante concurso. En los últimos meses, había manifestado críticas a la política de “motosierra” aplicada sobre el sistema científico.
Aunque se suprime su cargo, el resto de las direcciones nacionales se mantienen, pero pasan a depender directamente del presidente Bronzovich, ingeniero agrónomo designado en octubre de 2024 en reemplazo de Juan Cruz Molina Hafford. Antes, había sido director de Agricultura en la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, además de socio de Aapresid y con trayectoria en el sector privado.
La medida profundiza la transformación del INTA, institución con más de 70 años de trayectoria y reconocida internacionalmente por sus aportes científicos. El 7 de julio, a través del decreto 462/2025, ya se había eliminado su Consejo Directivo, que contaba con representación equilibrada entre el sector público, el privado y el académico.
Con la nueva estructura, el presidente del INTA —con rango de secretario de Estado— concentra la conducción del organismo y contará con un consejo técnico asesor ad honorem que podrá o no convocar. “Se quejan de la politización de la ciencia y lo que hacen es concentrar la dirección del INTA en un solo cargo político”, señaló un investigador que prefirió el anonimato. “Esto rompe con el carácter democrático que tenía el Consejo Directivo, que era un órgano colegiado, e instala una dirección autocrática, porque deja todas las decisiones en manos de una sola persona”.
Según el decreto, el consejo asesor deberá “elaborar los objetivos y planes generales de trabajo del organismo para su posterior aprobación por el Presidente; establecer los lineamientos de investigación identificando áreas prioritarias con base en criterios científicos y productivos; y evaluar el impacto técnico y productivo de los programas y proyectos ejecutados por el organismo con el fin de emitir recomendaciones orientadas a mejorar su desempeño y efectividad”.
El INTA mantenía hasta ahora un esquema mixto: su directorio, integrado por 10 miembros, incluía a las cuatro entidades de la Mesa de Enlace (FAA, Coninagro, CRA y Sociedad Rural Argentina), a AACREA, y a representantes de las facultades de Veterinaria y de Agronomía. El presidente, vicepresidente y un vocal eran designados por el gobierno, lo que dejaba al Estado en minoría y garantizaba continuidad en las políticas de investigación de largo plazo.
Entre las atribuciones del presidente figuran la administración del patrimonio, la firma de convenios con entidades nacionales e internacionales, y la gestión del Fondo de Promoción de la Tecnología Agropecuaria. Además, el plan oficial prevé el despido de 1500 trabajadores —sobre un total de unos 6200— y la venta en subasta de miles de hectáreas de campos de ensayo. El salario inicial, luego de 12 a 15 años de formación, muchas veces en el exterior, ronda actualmente el millón de pesos.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com