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LA ERA MILEI

El suicidio de un policía en el Hospital Churruca expuso la grave crisis que atraviesa la Federal bajo el ajuste libertario

La conducción de Patricia Bullrich acumula récords de bajas en la fuerza. En la propia tropa ya nadie cree en su autoproclamado rol de “defensora de policías”.

La Policía Federal Argentina atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Los problemas estructurales y la política de recortes del gobierno de Javier Milei, sumados a una feroz interna política, están generando un clima de descomposición que alcanzó un punto de inflexión tras el suicidio del suboficial Alejandro Tejerina, ocurrido en los baños del Hospital Churruca, emblema del sistema sanitario de la fuerza.

Uno de los principales factores de tensión es la cuestión salarial. En tan solo siete meses, los agentes federales pasaron de tener un ingreso similar al de la Policía de la Ciudad a ganar un 50% menos, una diferencia que resulta insostenible para los uniformados y que ha generado una ola de renuncias sin precedentes. Sólo en 2025, se registraron más de 400 pedidos de baja en el área de seguridad, cifra que supera los 600 si se suman empleados de otras áreas como salud y administración. En contraste, en años anteriores, esa cifra no llegaba a 50 por semestre.

El deterioro de la Obra Social de la Policía Federal (OSPF) es otro de los focos de conflicto. Prestaciones que fueron suspendidas, miles de farmacias que dejaron de atender y una red de atención que colapsa especialmente en el interior del país, donde los efectivos deben recurrir a prepagas privadas que resultan inasequibles. “Hay oficiales a los que les descuentan 100.000 pesos y no tienen servicios. A los comisarios, les sacan unos 300.000, y no reciben ninguna atención”, se denuncia en foros como Azules por Siempre.

La situación es crítica en el propio Hospital Churruca, que funciona con servicios clausurados y áreas enteras en condiciones deplorables. El caso de Tejerina, un suboficial con destacada trayectoria en custodias presidenciales, fue determinante: se suicidó el 5 de julio, tras denunciar en una carta dirigida al director del hospital el maltrato y la desatención sufrida. No vestía uniforme al momento del hecho. “Cuando el ministro de Seguridad era Aníbal Fernández, se consiguieron fondos especiales… El derrumbe actual sólo se explica por la gestión de Javier Milei y Patricia Bullrich”, sostienen voces internas de la fuerza.

Además de la crisis operativa y presupuestaria, la dimensión política de la interna dentro de la Federal no pasa inadvertida. Una porción importante de los efectivos en actividad y retiro expresa simpatía por la vicepresidenta Victoria Villarruel, y no ahorra críticas hacia la ministra de Seguridad. “La panqueque” o incluso “la exMontonera” son algunos de los términos que se replican en redes internas, donde la figura de Bullrich está fuertemente desgastada.

Las quejas no se limitan a lo simbólico: también hay acusaciones de corrupción ligadas a licitaciones millonarias que, según fuentes policiales, se realizan con “valores inusuales” y sin controles claros. En paralelo, los operativos extenuantes, las condiciones laborales paupérrimas y la imposición de objetivos de dudoso sentido estratégico alimentan un malestar profundo entre los agentes.

Mientras tanto, el relato oficial intenta disimular el deterioro, pero la realidad es contundente: la Policía Federal atraviesa una tormenta perfecta, con salarios destruidos, cobertura médica en crisis, y una conducción política que, lejos de brindar contención, parece más concentrada en disputas internas que en resolver los problemas urgentes de su propia fuerza.

Con información de Página 12

Publicado en lanuevacomuna.com

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