“Fue un transgresor de su clase y un transgresor dentro de la Iglesia”
Se conocieron en el seminario de Villa Devoto y coincidieron en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Las ideas de Mugica, el riesgo, la relación con Perón, las disidencias con los Montoneros.
Por Victoria Ginzberg
La primera vez que Domingo Bresci vio a Carlos Mugica fue en un partido de fútbol en el seminario de Villa Devoto. Le llamó la atención no por la habilidad sino por la garra: empujaba, pateaba. “Así fue toda su vida, un apasionado, entregado a full”, dice Bresci, quien confluiría con Mugica en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM). Juntos compartieron, entre muchas otras cosas, una “parada” frente a la Casa Rosada contra la erradicación de las villas, a las que pretendían transformar en barrios obreros, y protestas en la cárcel de Devoto y en el interior por las condiciones de detención de los presos políticos. Bresci, ahora al frente de la parroquia San Juan Bautista el Precursor y asesor de la Secretaría de Culto, fue delegado regional del MSTM. Mugica no tuvo cargos en el Movimiento, pero se destacaba por su personalidad y carisma. Bresci habla con Página/12 en una pequeña sala de la Cancillería, muy cerca del coqueto barrio en el que vivió Mugica y también de la Villa 31, donde el cura fundó la parroquia Cristo Obrero y llevó adelante su trabajo pastoral y social. “Fue un transgresor de su clase y un transgresor dentro de la Iglesia”, lo define.
–¿Cuándo y cómo conoció a Mugica?
–En el seminario de Villa Devoto. El se ordena sacerdote en 1959, yo en 1962. Lo conozco mirando cómo jugaba al fútbol los jueves a la tarde, que era el día libre de los seminaristas. Sobresalía porque era un tipo que se metía, pateaba, empujaba, ponía toda su potencia. Y así fue toda su vida, era un apasionado por la vida, entregado a full. Por la forma de ser de Carlos lo llamaban La Bestia. Pero no era bestia en el fútbol, era bestia para trabajar, para rezar. Era un obsesionado con todo lo que hacía.
–¿En el seminario también destacaba?
–Por lo que sé, a diferencia de su primario y secundario, que parece que no fueron muy brillantes –es interesante que no fue a un colegio religioso sino a uno de gestión estatal y la secundaria la hizo en el Nacional de Buenos Aires–, en el seminario era una persona muy inquieta, preocupada. Era la época de preparación del Concilio Vaticano II, que se hizo en 1962.
–¿Cuándo se acercaron?
–En el seminario empecé a trabajar, junto con un grupo de profesores del seminario, con universitarios de la UBA. Había un grupo que se llamaba Juventud Universitaria Católica que tenía la idea de acercarse, en el espíritu del concilio, muy abierto, ecuménico, a la realidad del pensamiento, de la intelectualidad. Todo estaba en ebullición. Había un clima revolucionario en todos los ámbitos, la guerra de Vietnam había influido mucho, antes la Revolución Cubana, Argelia. Los grupos cristianos participaban. Ahí nos conocimos. Después tuvimos otras aproximaciones con cuestiones sociales. En el ’57 hubo una gran inundación que afectó mucho al gran Buenos Aires y fuimos a las zonas inundadas, ayudamos. El incursiona ayudando al sacerdote de la parroquia Santa Rosa de Lima, en Belgrano y Pasco, en una actividad de visita a conventillos de Balvanera. Eso era una novedad para él, que venía de acá a la vuelta, de la calle Arroyo. El papá había sido ministro de Relaciones Exteriores de Arturo Frondizi y la mamá, dueña de muchas hectáreas en la provincia. De Arroyo al conventillo fue un salto enorme. La otra etapa fue irse a Resistencia a hacer una experiencia de vida rural y conocer esa problemática. Después organizó campamentos de trabajo en el Chaco santafesino. Yo, simultáneamente, iba por ese lado, a los campamentos, en las vacaciones íbamos a las fábricas, ayudábamos a familias en la autoconstrucción y ahí se fue dando esa afinidad, en la línea de preocupación por lo social. Luego de conocer la situación nos planteábamos por qué tanta injusticia y ahí empezó lo que aquí se llamó el diálogo con el marxismo, que venía de Europa también.

