LA ERA MILEI

El Gobierno apura el desguace de Nucleoeléctrica para calmar la necesidad de dólares

El oficialismo acelera la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA), la empresa estatal que gestiona las centrales de Embalse, Atucha I y II, en línea con las exigencias del Fondo Monetario Internacional. La venta del 44 % de las acciones busca generar divisas en un contexto de reservas agotadas, pero especialistas advierten que implica una pérdida de soberanía tecnológica y un retroceso estratégico: “Nos están llevando al subdesarrollo”, alerta el físico Diego Hurtado, exvicepresidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Hasta diciembre de 2023, la Argentina era uno de los pocos países del hemisferio sur con desarrollo nuclear autónomo, gracias a proyectos como el reactor Carem y el RA-10. Pero con la Ley Bases y el decreto 1751/2025 publicado en el Boletín Oficial, el Gobierno abrió el proceso de privatización parcial de NA-SA. Según la resolución, el 51 % de las acciones quedará en manos del Estado, el 44 % se ofrecerá al sector privado y el 5 % será destinado a los trabajadores.

Nucleoeléctrica provee el 7 % de la energía eléctrica del país y, además, es superavitaria: solo en el primer trimestre de 2025 registró un excedente de 17 mil millones de pesos. La Secretaría de Energía será la encargada de fijar el precio de venta tras realizar un inventario de activos.

Para Hurtado, la decisión revela una estrategia de desmantelamiento del aparato científico: “El sector nuclear es una de las pocas escuelas tecnológicas que generó Argentina. Su privatización puede parecer inofensiva a corto plazo, pero los efectos estructurales son devastadores”.

La oposición intentó frenar el avance con un proyecto de Ley de Emergencia y Financiamiento del sector científico, que declara bienes públicos estratégicos a las empresas de energía, telecomunicaciones, defensa y tecnología. La norma obtuvo media sanción en Diputados, pero aún no fue tratada en el Senado.

Privatizar para complacer al FMI

Los analistas coinciden en que la medida responde a una doble lógica: ideológica y financiera. Por un lado, la creencia libertaria de que “lo privado siempre es mejor”; por otro, la presión del FMI y del Tesoro estadounidense para acelerar la liquidación de activos públicos.

“El gobierno norteamericano busca que América Latina desmantele sus sectores estratégicos”, explica el ingeniero Nicolás Malinovsky, autor de Crítica de la energía política. “Nucleoeléctrica no solo genera energía, también fabrica conocimiento. Si la privatizan, Argentina perderá capacidad para construir sus propias centrales y quedará atada a la importación de tecnología extranjera”.

Malinovsky recuerda los antecedentes del menemismo: “Las privatizaciones de los 90 fueron un saqueo. En YPF se destruyeron laboratorios, se robaron desarrollos y cayó la producción. Lo mismo puede ocurrir ahora con el sector nuclear”.

La venta parcial también busca recaudar dólares de emergencia. El Gobierno espera obtener unos mil millones, una cifra mínima si se considera que en una sola semana de septiembre se usaron 1.100 millones para contener la escalada del dólar. En términos económicos, el efecto será efímero; en términos estratégicos, irreversible.

A contramano del mundo

Mientras los países centrales relanzan sus programas nucleares como respuesta a la crisis energética y climática, Argentina se desprende de los suyos. Estados Unidos mantiene 94 reactores operativos, China ya igualó a Francia con 57 y construye otros 29. En cambio, el gobierno argentino paralizó el desarrollo del Carem y se alineó al programa estadounidense First, que promueve la adopción de reactores de diseño norteamericano.

“En mayo de 2020, Trump firmó órdenes ejecutivas para relanzar la industria nuclear. Hoy Milei hace lo contrario: abandona una tecnología que el mundo potencia”, señala Hurtado.

Malinovsky agrega una lectura geopolítica: “En plena disputa entre Estados Unidos y China, el gobierno argentino opta por subordinarse. En lugar de industrializarse y fortalecer la energía nuclear —clave en la transición energética—, se limita a exportar uranio como materia prima”.

La paradoja es evidente: mientras el mundo avanza hacia una matriz de alta complejidad tecnológica, la Argentina liquida su propio desarrollo científico. Lo que fue símbolo de soberanía y conocimiento, hoy se convierte en moneda de cambio para una política económica cortoplacista.

Con información de Página 12

Publicado en lanuevacomuna.com

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