El récord negativo del experimento liberal-libertario
El gobierno de Javier Milei alcanzó una marca histórica: dos recesiones en apenas dos años. Es el signo más claro del fracaso del experimento liberal-libertario. Para lograr semejante retroceso hay que hacer las cosas muy mal. La gestión de Luis Caputo al frente del Ministerio de Economía es devastadora: desde el retorno democrático, ningún ministro había permanecido en su cargo con un saldo tan negativo en materia de actividad económica y, al mismo tiempo, con dos rescates financieros monumentales.
Uno de ellos provino del Fondo Monetario Internacional, que ya desembolsó 14.000 millones de los 20.000 comprometidos. El otro, todavía en negociación, es un auxilio directo de Estados Unidos. Según confirmó el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se evalúan alternativas que incluyen un swap de monedas por 20.000 millones de dólares, la compra de bonos argentinos, garantías de deuda y una posible línea de crédito stand-by. En otras palabras, un nuevo salvataje —como el del FMI— que solo busca ganar tiempo sin corregir los desequilibrios que hunden a la economía mileísta.
El último informe del centro de estudios FIDE, dirigido por Mercedes Marcó del Pont, muestra que la actividad económica sigue sin signos de mejora frente a los últimos meses del gobierno de Alberto Fernández, afectados por una sequía histórica. Esa baja base de comparación explica que los datos oficiales hasta julio indiquen un crecimiento acumulado del 2,9%, que se convierte en una caída del 0,9% si se excluye al agro.
Como sucede en los ajustes duros con apertura importadora, el mercado interno y la industria son los principales perjudicados. La contracción del consumo se combina con una avalancha de productos importados que reemplazan producción nacional y destruyen empleo. FIDE advierte que la recesión opera hoy como la principal “ancla antiinflacionaria” del plan oficial.
Desde marzo, el nivel de actividad profundiza su caída. En julio se ubicaba un 1,5% por debajo de febrero, con una marcada disparidad entre sectores. La suba de tasas agravó el derrumbe del consumo y estranguló financieramente a empresas y comercios. En este contexto, el informe concluye que la estructura productiva atraviesa un nuevo proceso de reprimarización iniciado a fines de 2023, con su secuela de pérdida de empleo registrado, aumento de la informalidad y caída real de los ingresos. En julio, el 44% de las compras en supermercados se realizó con tarjeta de crédito: el endeudamiento familiar se volvió mecanismo de subsistencia.
La performance de Caputo es dramática: dos recesiones y dos rescates financieros externos en menos de dos años.
Endeudamiento y supervivencia
Un estudio del Banco Provincia refuerza este diagnóstico. Según su Gerencia de Estudios Económicos, los ingresos reales —salarios, jubilaciones y ganancias— y el empleo cayeron más que el consumo, lo que abre una pregunta inevitable: ¿cómo sostienen las familias la demanda en medio de semejante pérdida?
La respuesta está en el crédito personal. Entre diciembre de 2023 y junio de 2025, las personas con deudas mayores a 200.000 pesos pasaron de 10 a 12,6 millones. Hoy, uno de cada tres adultos debe al menos esa cifra. La suba de tasas y el estancamiento de los ingresos agravaron la situación. El Banco Central informó que el crédito bancario a personas casi se triplicó entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 (+190%). El monto promedio de deuda pasó de 2,3 millones a 3,7 millones de pesos constantes, es decir, de dos a casi tres salarios medianos.
El endeudamiento y la prolongación de la vida laboral se convirtieron en estrategias de supervivencia. Entre 2023 y 2025, el pluriempleo creció en 140.000 personas. Al mismo tiempo, se destruyeron 233.000 empleos formales entre menores de 45 años (-4,6%), mientras aumentó el trabajo entre mayores, obligados a seguir activos ante jubilaciones que perdieron un 25% de poder real incluso con bonos incluidos.
La morosidad de los hogares llegó al 5,6% en julio —más del doble que a fines de 2024— y alcanzó su nivel más alto desde 2009. Los economistas del Banco Provincia prevén que la recesión se agravará hacia fin de año, con ajuste cambiario, nueva inflación y endurecimiento fiscal. De concretarse, el PBI dejaría una inercia negativa para 2026, tornando imposible el crecimiento del 5,4% que promete el gobierno.
La factura social del ajuste
El Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano, dirigido por Víctor Beker, sintetiza el costo humano del programa económico: “El impacto social del ajuste pasó factura”. Cita un relevamiento de Bumeran donde el 86% de los encuestados no llega a fin de mes y el alquiler consume el 43% del salario promedio.
El informe advierte sobre el aumento del desempleo, el subempleo y las importaciones que sustituyen producción nacional. Los datos del segundo trimestre confirman estancamiento, precarización y un salto en la informalidad laboral, que ya alcanza el 43,2%. Beker define el cuadro actual como un “ajuste con recesión”: se consolida la pérdida del poder de compra, el retroceso industrial y el empobrecimiento de las clases medias y populares, mientras las promesas de recuperación se aplazan.
El fracaso anunciado y el desenlace electoral
El balance es inequívoco: la economía de Milei registra dos recesiones en dos años y un derrumbe del poder adquisitivo sin precedentes. El supuesto plan de estabilización se convirtió en un mecanismo de destrucción de ingresos, producción y empleo.
El nuevo pedido de ayuda a la administración estadounidense —sumado al salvataje del FMI— revela la dependencia estructural de un modelo que consume divisas, no fomenta inversión y sobrevive solo por la expectativa de rescates externos.
A menos de tres semanas de las elecciones del 26 de octubre, el desenlace electoral determinará si Milei logra sostener su programa de ajuste y endeudamiento o si el colapso económico abre un nuevo escenario político.
La eventual asistencia de Washington, promovida por Donald Trump, está supeditada a una devaluación, es decir, a otro shock inflacionario y a una profundización de la recesión. Como en los programas clásicos del Fondo, el auxilio llega condicionado a más empobrecimiento.
Mientras el gobierno busca aire político, la sociedad paga el costo de un experimento que prometió libertad y prosperidad, pero produjo dependencia financiera, desindustrialización y pobreza. La doble recesión no es una fatalidad: es la consecuencia directa del proyecto económico de Javier Milei.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com